Por Leonel Serrato Sánchez

Nos impactan las tremendas noticias de lo ocurrido el 17 de agosto de 2017 en Barcelona, la más cosmopolita y diversa de las ciudades de España; ese día pasa a la historia con el mismo dolor que el 11 de marzo de 2004 cuando con una serie de atentados terroristas, células yihadistas asesinaron en Madrid a 192 personas e hirieron a más de 2000; ahora son 14 las víctimas mortales y un centenar los heridos.

Mire Usted, el terrorismo ha provocado 577 muertos en los últimos dos años, ello entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos OCDE, de la que México es parte; una violencia sin precedente en la historia de este tipo de violencia criminal –creció 650% en ese lapso de tiempo–, pero también los países de esa organización que han sido víctimas, incrementaron notablemente su eficiencia defensiva y preventiva; en prácticamente todos los casos los terroristas fueron letalmente reducidos, y los que sobrevivieron fueron llevados ante la Justicia.

El impacto psicológico de los ataques es devastador, igualmente las consecuencias económicas y de convivencia armónica en los lugares en que tales infamias han tenido lugar, pero en contrapartida han fortalecido a las instituciones que han enfrentado a esos flagelos, señaladamente los cuerpos de seguridad de las urbes afectadas a los que la población les tiene en la más alta estima, verbigracia los Mossos d´Esquadra de la comunidad catalana.

Estoy cierto que los mexicanos condenamos enérgicamente la violencia terrorista y nos condolemos sinceramente con las familias y amigos de las víctimas y de los heridos.

La violencia no tiene justificación alguna, al menos todas las sociedades democráticas del mundo hoy día opinamos así… cuando de terrorismo se trata, pero y cuando el terror lo siembra una ecuación desquiciada e imposible en un estado de derecho, ¿por qué miramos sin tanta repulsión a la violencia criminal y a la inoperancia policial, ministerial y judicial?

La cifra de 577 personas asesinadas en los países de la OCDE por la violencia yihadista mediante ataques terroristas es escalofriante, ¿Y la cifra de personas asesinadas en San Luis Potosí en el mismo periodo de tiempo –poco menos de dos años– que asciende a 1028 seres humanos?

No estoy poniendo en una balanza el valor de la vida de unas personas y otras, nada más estúpido, estoy llamando su atención sobre nuestra incapacidad como sociedad para repudiar y condenar la masacre y el terror que vive nuestro estado, y que mientras en todo el mundo el clamor en contra de la violencia moviliza a cientos de miles de personas, a cientos de gobiernos, y a todas las instituciones en forma unánime, en San Luis Potosí no merece ni siquiera un reporte sincero, verídico y comprobable de parte de nuestros gobernantes.

¿Qué nos ha pasado a las potosinas y a los potosinos para dejar pasar esa increíble expresión de barbarie como si no importara?

1028 personas han sido asesinadas en San Luis Potosí en el periodo que va del 26 de septiembre de 2015 al último día de julio de 2017, y la inmensa mayoría, sino es que todas esas muertes, han sido cubiertas con un manto de miserable silencio oficial e impunidad.

No nos sacude, y mucho menos nos mueve, el que en estos 22 meses de los gobiernos que encabezan Juan Manuel Carreras López, Ricardo Gallardo Juárez y José Ricardo Gallardo Cardona –regencia de por medio en la persona del ingeniero Gilberto Hernández Villafuerte– en San Luis Potosí más de un millar de seres humanos han perdido la vida a manos de criminales organizados; casi todas esas personas murieron en forma horrenda, y sus cuerpos fueron vejados de las maneras más viles e incalificables, y no sólo eso, sino que su memoria fue, y sigue siendo, pisoteada por las aborrecibles sugerencias oficiales de que todas las víctimas masacradas lo fueron por sus nexos con los propios grupos criminales.

¿Qué nivel de abulia tienen los responsables ejecutivos de nuestros gobiernos estatal y urbanos para hacerse tontos ante estas cifras del terror, más significativas incluso que las provocadas por Al Qaeda y el Estado Islámico en Europa?

¿En qué sociedad vivimos que semejante masacre no logra hacernos exigir el cese inmediato de la violencia criminal y terrorista de los grupos organizados de la delincuencia?

Los asesinos no cesarán por sí solos, más al contrario, incrementarán su odio y virulencia en la medida en que no reciban castigo ni se les presente oposición alguna a sus infames acciones.

¿Qué tiene que ocurrir para que los gobernantes, los responsables ejecutivos y operativos de la seguridad pública reaccionen?

Me queda claro que criticarle un funcionario o empleado a Juan Manuel Carreras López es literalmente blindarlo para ser removido, porque Carreras cree que se le critica con ánimo político o de grilla, y no porque sentimos miedo genuino ante la avalancha de asesinatos, robos, asaltos y violencia callejera; Carreras cree que sus críticos quieren su puesto, o que queremos que nos contrate, o que nos pague, o que nos de alguna prebenda, porque en su pequeña comprensión de las cosas no logra entender que no nos mueve ansia alguna de poder o una ambición vulgar por figurar, sino el terror de vivir en una capital y su conurbación en la que es más fácil perder la vida que en los peores enclaves terroristas del mundo, o en las grandes urbes señaladas como blancos.

Carreras no atina sino a conservar a su gerontocracia de exmilitares místicos, creyendo las mentiras o medias verdades que ellos y otros funcionarios le dicen para mantenerlo tranquilo, como si de un loquito se tratara; haciéndolo que viva en una burbuja de sonrisas y cortes de listones, mientras las calles, parajes, y rutas de nuestro San Luis siguen tiñéndose de sangre, y aumenta el terror entre la población.

Sé que no es fácil enfrentar a la hidra que es el crimen organizado, que tampoco es sencillo desmantelar la red de complicidades y corrupción que tienen los delincuentes en todos los espacios del gobierno estatal, y menos en los dos gobiernos municipales, los encabezados por Ricardo Gallardo Juárez y José Ricardo Gallardo Cardona – regencia de por medio en la persona del ingeniero Gilberto Hernández Villafuerte–, señaladamente las corporaciones policiacas y las de inteligencia financiera que lejos de cortarles las líneas de suministro, se las garantizan.

Si no les duelen los 1028 seres humanos asesinados, quizás les duela su ego, al revelarse que los tres, Carreras, Gallardo Juárez y Gallardo Cardona –regencia de por medio en la persona del ingeniero Gilberto Hernández Villafuerte– no gobiernan, ni tienen poder, ni inspiran respeto, porque sólo parecen servidumbre de criminales, más listos, más fuertes y menos cobardes que ellos.

Temario

El litigio panista por el uso de la palabra “gallardía” sigue su curso, ahora en los tribunales federales, por lo pronto ya fue admitida a trámite la alzada.

Quiere una legisladora panista prohibir las peleas de perros; una legisladora priista quiere morder a un exgobernador porque anunció el próximo naufragio del tricolor; y un orate, imitador de primates, gustoso de exhibirse en gayumbos, quiere ser candidato a lo que sea, con tal de seguir pegado a la ubre; los tres casos ejemplifican que de la ecuación corrupta nada, que los 27 son un problema unitario; póngales cuidado a los de la AV, vienen nuevamente, y aún tienen fuero la caterva de descarados.

Xilitla y su bosque de niebla, vaya bomba, no sólo por la tala de 2000 hectáreas, sino por todo lo que hay detrás. Ahora le toca su turno a la otra dueña del Partido Verde.

Leonel Serrato Sánchez

unpuebloquieto@gmail.com

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