El triunfo de las minucias

Adriana Ochoa

San Luis Potosí dejó de ser una democracia de partidos para convertirse en un archipiélago de baronías políticas en liquidación. Ese es uno de los soportes del PVEM local, franquiciado al gobernador, para su cálculo de triunfo en 2027, sin Morena y su postura contra la postulación de familiares de gobernantes a cargos de elección.

Ya es claro que el proyecto del gobernador Ricardo Gallardo Cardona no es político, es dinástico. El cálculo para 2027 es de una nitidez que asusta: el Partido Verde (PVEM) caminará solo. No necesita a Morena, ese socio incómodo que aún guarda formas institucionales. El objetivo es la primera dama y senadora Ruth González Silva.

No es solo una candidata, es la continuidad de un modelo de “patronazgo” que asfixia la vida pública. Su ascenso se construye sobre las cenizas de una oposición que ha decidido que es mejor ser cortesano en el castillo verde que líder en la intemperie.

Derrotados, jibarizados, los partidos tradicionales se convirtieron en meros gestores de intereses de sus dirigencias y representaciones legislativas, mientras el gallardismo prepara su consolidación definitiva para el año 2027.

Tras los resultados de 2021, donde Ricardo Gallardo Cardona obtuvo el 37.6% de los votos, y el avance legislativo de 2024, el grupo en el poder ha decidido que Morena es un socio prescindible. Para ellos, el futuro no es guinda, sino de un verde intenso y familiar. La senadora dará continuidad a un proyecto que confunde el presupuesto público con la generosidad personal, bajo el amparo de una estructura clientelar que parece imbatible.

Para lograr que el PVEM camine seguro sin Morena en 2027, se requiere la implosión controlada de la oposición, una capitulación silenciosa. Los mandos locales del PRI y el PAN, lejos de construir una alternativa, parecen estar negociando los términos de su propia rendición a cambio de migajas de influencia y privilegios personales.

Lo que queda del PRI y el PAN en San Luis Potosí son baronías huecas, dirigidas por personajes que han sustituido la representación política por el inventario. A nivel nacional el PAN intenta relanzar su marca, en proceso terminal con el tricolor. Según un estudio de Buendía & Márquez, la identidad de estos partidos se ha mimetizado con el paisaje. Serían las últimas alternativas para votantes jóvenes.

La líder del PRI, Sara Rocha, le dio rostro de esta capitulación. Su imagen festejando el regalo navideño de una camioneta de manos del gobernador. Quiso “corregir”, desmentirse a sí misma, y solo consiguió más burlas. Su partido ya no compite por el poder; compite por la cercanía con el presupuesto estatal.

Por el lado azul, figuras como la diputada panista Aranza Puente reflejan el desdibujamiento de una marca que antes representaba la resistencia urbana. Peor todavía Mireya Vancini, impulsada por su dirigencia estatal a una diputación solo para protegerla de su propio desempeño como alcaldesa de Ciudad del Maíz. No es raro ese uso del Congreso. Una petición de cuates, en un encuentro casual entre el senador panista Ricardo Anaya y su tocayo el gobernador potosino, diluyó las acciones del Instituto de Fiscalización contra el diputado Marcelino Rivera, por irregularidades en el gobierno que encabezó de 2012 a 2015, como presidente municipal de San Martín Chalchicuautla. Marcelino respira por ahora “de favor”; su inhabilitación no desaparece, pero no le reactivan el hacerla válida. Con semejantes antecedentes, imposible suponer que este tipo de personajes hagan labores de contrapeso al gobierno. Les tienen pisada la sombra. Son fantasmas agazapados en el Legislativo. El PAN potosino se mimetiza con las formas y vicios que antes juraba combatir con fervor.

Este fenómeno de encogimiento institucional de los partidos tradicionales no es casual. En San Luis Potosí, esta ruptura se manifiesta como una cooptación de las dirigencias que prefieren ser satélites del Verde que líderes de una oposición real. Y así van a 2027, como parte del cálculo quirúrgico del gobernador Gallardo para sacudirse a Morena.

En esta trama de intereses particulares, el alcalde Enrique Galindo Ceballos parece el último habitante de una isla sitiada, a pesar de su victoria de reelección con el 47.6% en 2024, con mayor votación que en la primera. No es ingenuo, ha volcado su actividad a cultivar el apoyo de los ciudadanos en territorio. No hay un color que sature la ciudad, hay todos los que se quieran sumar.

El cálculo verde ya midió a MC también, con más intención y mejor aceptación en encuestas que el PRI. El pragmatismo también alcanza al sorprendente partido naranja, bajo la pastosa dirección de Marco Gama, enfocado en asegurar espacios de representación proporcional, que le den la pluri federal en 2027. Construir una alternativa ciudadana en Movimiento Ciudadano cuesta trabajo y no le conviene, por más que emecistas serios tengan otra opinión.

Las casas encuestadoras validan esta ruta. Los números no solo alimentan el ego oficial, sino que sirven como herramienta de intimidación para quienes consideran que aún es posible una competencia equitativa en 2027. Por eso se gasta tanto en ellas.

Al ir solos, los verdes de Gallardo evitan compartir las posiciones con Morena y aseguran que la estructura de mando permanezca en casa. La reciente aprobación de la llamada “Ley Gobernadora es el último clavo en el ataúd de la pluralidad espontánea. Bajo el noble disfraz de la paridad de género, se construyó un traje a la medida para Ruth González. La oposición incluso votó a favor, sellando involuntariamente el destino de sus propios candidatos varones.

El PVEM gobernante ha entendido que en San Luis Potosí la política es una transacción. Si controlas el flujo de recursos y las baronías locales están satisfechas con sus prebendas, no hay alternancia posible.

Este escenario explica por qué no levanta la marca PRI-PAN. Estas fuerzas han decidido que es mejor ser el vagón trasero de un tren verde que intentar conducir una locomotora propia que ya no tiene carbón ni rumbo claro para el futuro.

Finalmente, el análisis de los resultados de 2021 y 2024 deja una lección amarga: el voto diferenciado es la última trinchera. Sin embargo, si los líderes de la oposición continúan su mutación hacia el colaboracionismo con el verde, el potosino se quedará sin opciones reales.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Adriana Ochoa es periodista desde 1988. Actualmente es directora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y docente titular de Organización Política y Ciudadanía.