Astrolabio

Antonio González Vázquez

En la ciudad se roban tres vehículos diariamente. Al menos esa es la estadística oficial durante el último año. Debe ser muy cierto, y lo puede confirmar el poster pegado a la puerta de un establecimiento comercial en la avenida Manuel Nava, en plena Zona Universitaria.

Adherida al cristal con tanto pegamento como indignación, se alerta a los automovilistas para que se cuiden porque “Estamos en peligro”. No es que alerten sobre una invasión alienígena o de una plaga mortal o de un virus desconocido.

Lo que pasa es que “se están robando los autos”. El mensaje hace trizas el dicho del secretario general del Ayuntamiento capitalino, Sebastián Pérez, quien hace unos días afirmó, sin pruebas de por medio, que San Luis no se ha descompuesto.

“No importa ni modelo ni marca”, dice el mensaje dirigido a vecinos de la zona, estudiantes y maestros universitarios, puesto que todo hace suponer que los robacoches pueden escoger el vehículo que se les antoje.

El poster a la vista de quienes pasan por esa avenida tiene destinatarios especiales: las familias que por desgracia llevan a algún enfermo de cáncer a recibir su tratamiento de quimioterapia al Hospital Central.

“Es desgarrador ver como salen con sus hijos y ver que ya no tienen en que trasladarlos”. La imagen a que hace referencia el mensaje no tiene nombre y se ha repetido con tal consistencia que se ha recurrido a esta denuncia pública a través de un cromo pegado en una tienda de pasteles.

Desde hace tiempo, la Federación Universitaria Potosina había acordado con el gobierno estatal y el municipal, que patrullas y elementos de la Fuerza Metropolitana y Preventiva Municipal realizarían rondines permanentes de vigilancia a fin de disuadir la comisión de delitos.

Pese a eso, el mensaje que se ve en la imagen es más que elocuente de lo ineficaz del operativo: “Cuidado, Zona Universitaria”, subraya el mensaje de vecinos y comerciantes.

Y ponen el dedo en la llaga: “las autoridades no han hecho nada”; como ya han visto que ni el Municipio ni el Gobierno del Estado resuelven nada, añaden a su mensaje que “nosotros como sociedad nos tenemos que cuidar y por humanidad unirnos”.

Conclusión: la ciudadanía está sola e indefensa ante la delincuencia; si los ciudadanos buscan proteger su patrimonio e integridad física, es porque no hay autoridad que lo haga.

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