Astrolabio

Alejandro Rubín de Celis

Muy pronto, Juan Manuel Carreras López ya tendrá quien le cuide las espaldas a él y sus protegidos que eventualmente hubiesen incurrido en actos de corrupción en este sexenio, y seguramente será Felipe Aurelio Torres Zúñiga a quien se ha empecinado en imponer como fiscal anticorrupción.

A seis meses de que deje el cargo, haciendo gala de su ya conocido Timing, el gobernador del estado por fin mandó una nueva terna para elegir al titular de la Fiscalía Especializada en Delitos Relacionados con Hechos de Corrupción ─mejor conocida como Fiscalía Anticorrupción─, vacante desde el 31 de enero del año pasado, en la que otra vez incluye a su alfil Felipe Aurelio Torres Zúñiga.

¿Por qué insistirá el mandatario en incluir a este personaje si ya fue rechazado en la terna que votó el Congreso del Estado el pasado 26 de agosto?, ¿acaso no habrá otra abogada o abogado que cumpla los requisitos de ley para completar la nueva propuesta del titular del Ejecutivo?

Aunque cualquiera de los tres que forman la terna ─Claudia Hernández Ibarra, Felipe Aurelio Torres Zúñiga y Jorge Eduardo Ríos Betancourt─ obedecería los designios del gobernador para simular un combate a la corrupción ─como lo ha hecho hasta ahora el fiscal general, Federico Garza Herrera─, está claro que su preferido es Torres Zúñiga, quien fungía hasta hace poco como asesor del ex secretario general de gobierno, Alejandro Leal Tobías. Si no fuera así, tan fácil que hubiese incluido a otra u otro aspirante.

Atrás quedaron las exigencias de consultar a sectores de la sociedad y organizaciones de abogados, lo mismo que la tristemente célebre autonomía que supuestamente quería darle el Congreso del Estado a la Fiscalía Anticorrupción. Los diputados tuvieron más de un año para hacer las modificaciones constitucionales y legales para concretarlo pero se hicieron de la vista gorda para no hacer enojar al gobernador.

Una cosa es cierta: sin autonomía o con ella en las fiscalías, Carreras López es quien impone a sus titulares para que estén a su disposición, como lo ha demostrado con creces el titular de la Fiscalía General del Estado, Federico Garza Herrera. Entonces ¿para qué generar tanta expectación si en este caso al final acabará imponiendo a Felipe Aurelio Torres Zúñiga como su fiscal carnal ─que durará en el cargo siete años─, para acabar de dar al traste al fallido Sistema Estatal Anticorrupción que no ha servido prácticamente para nada a la sociedad en la lucha contra la impunidad?

El 19 de enero de 2018, el mandatario estatal impuso como fiscal anticorrupción a Jorge Alejandro Vera Noyola que era el enlace entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo del estado, pero, de acuerdo con fuentes acreditadas del gobierno estatal, cuando se dio cuenta de que Vera se la había tomado muy en serio y empezó a integrar carpetas de investigación comprometedoras, el mandatario y el fiscal general comenzaron a presionarlo hasta que acabó por renunciar el 31 de enero de 2020. A ningún gobernante le gusta que la gente que considera de su confianza se le salga de huacal y menos para aplicar la ley en asuntos delicados, faltaba más.

¿Por qué será que el ex juez y ex magistrado del Supremo Tribunal de Justicia del Estado será el nuevo fiscal anticorrupción? Porque si en la siguiente oportunidad no lo elige el Congreso por mayoría calificada y llegara a rechazar la terna por segunda ocasión, lo designará directamente el gobernador, de acuerdo a lo que dispone el párrafo quinto del artículo 122 BIS de la Constitución Política del Estado que señala que “… si esta segunda propuesta fuera rechazada, ocupará el cargo la persona que, dentro de la misma, designe el Gobernador del Estado”.

El supuesto combate frontal contra la corrupción, al que Juan Manuel Carreras se comprometió en el arranque de su mandato, ha resultado una total simulación ─como lo demuestran varias denuncias bien documentadas contra ex diputados, el ex alcalde Ricardo Gallardo Juárez y su hijo Ricardo Gallardo Cardona, que no avanzan o que mañosamente se mandaron a la Fiscalía General de la República─, y el próximo nombramiento del nuevo titular de la Fiscalía Anticorrupción no hará más que confirmarlo.

Adiós y gracias

Esta es la última entrega de la columna Transición. La difícil decisión que he tomado para dejar de escribirla obedece a motivos estrictamente personales. No tiene nada que ver con actos de censura; por el contrario, agradezco profundamente a mi amigo, Miguel Maya Romero, la oportunidad que me brindó para escribir siempre con plena libertad e independencia. A quienes han seguido esta columna cada semana a lo largo de estos tres años y nueve meses, la han leído en algunas ocasiones o acaso una sola vez, muchas gracias por el favor de su atención, espero haber contribuido en algo a ofrecer elementos de reflexión, análisis e información para el mejor entendimiento de la realidad potosina.

Alejandro Rubín de Celis M.

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