Gestión hídrica, vulnerabilidad, adaptación y resiliencia ante el cambio climático en San Luis Potosí

Dr. Edgar Hilario Piña Hernández

Vulnerabilidad hídrica en la zona metropolitana de San Luis Potosí

Como se ha documentado a lo largo de esta serie de artículos en torno al agua, el estrés hídrico en la Zona Metropolitana de San Luis Potosí (ZMSLP), así como en las zonas centro y altiplano es permanente debido a nuestras circunstancias geográficas.

Ubicada en la altiplanicie central mexicana y a una altura de 1,800 metros sobre el nivel del mar, nos encontramos bordeados por las sierras Madre Oriental y Occidental las cuales actúan como barreras naturales que impiden la llegada de humedad en forma de lluvia, de modo tal que, el clima semiárido es una condición estructural que no podemos modificar.

Nuestra situación geográfica también nos vuelve particularmente vulnerables a la sequía, entendida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como un fenómeno que se produce cuando las lluvias han sido considerablemente inferiores a los niveles normales registrados históricamente, causando un agudo desequilibrio hídrico que perjudica a los sistemas de producción de recursos de la tierra.

Según datos históricos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) cerca del 80 % del territorio nacional ha experimentado fenómenos de sequía cada vez más intensos y frecuentes en las últimas dos décadas y durante periodos de tiempo cada vez más extensos como se puede apreciar en la siguiente gráfica.

Imagen 2. Porcentaje de afectación por sequía en México.

Fuente: https://smn.conagua.gob.mx/es/climatologia/monitor-de-sequia/monitor-de-sequia-en-mexico

El impacto de los eventos de sequía en el estado de San Luis Potosí es muy extendido, tal como se puede apreciar en la imagen del ‘Monitor de sequía de México’ (Conagua) y Servicio Meteorológico Nacional (SMN) en donde podemos observar que durante la última sequía registrada en el año 2024 el 100% del estado presentó algún grado de sequía con más del 60% bajo un grado de sequía excepcional o extrema.

Imagen 3. Monitor de sequía en México, junio 2024.

Fuente: https://smn.conagua.gob.mx/es/climatologia/monitor-de-sequia/monitor-de-sequia-en-mexico

Frente a este escenario algunas personas nos cuestionamos ¿Qué se puede hacer al respecto? Especialmente cuando, como hemos visto, la escasa precipitación pluvial es una condición estructural en buena parte de nuestro estado, situación que cuenta con una alta probabilidad de empeorar en los próximos años debido a los efectos del cambio climático.

Política pública y gestión hídrica

Ante escenarios inciertos, la política pública se vuelve fundamental, entendida esta no como una receta de pastel con soluciones fáciles, sino como una ruta crítica que señala un camino general a seguir por organismos públicos, privados, centros de investigación y ciudadanos en general en temas que son transversales a toda la sociedad como lo es el tema del agua, inundaciones, cambio climático, sequías y su gestión.

En ese sentido uno de los grandes vacíos en nuestro estado consiste en una política de adaptación al cambio climático y su debida articulación con un programa de gestión hídrica sustentable con enfoque de cuenca capaz de evaluar riesgos y oportunidades para cada una de las cuatro regiones del estado y con horizontes de tiempo definidos en corto, mediano y largo plazo que permitan a su vez articular estrategias de acción.

Adaptación al cambio climático y resiliencia

Las estrategias de adaptación implican el hacer ajustes en sistemas naturales y humanos para reducir la vulnerabilidad a los efectos del cambio climático, especialmente en aquellos considerados como críticos según las condiciones locales.

Su alcance es amplio y cubre todos los efectos potenciales del cambio climático desde olas de calor, sequías, inundaciones, aumento del nivel del mar, pérdida de biodiversidad, inseguridad hídrica y alimentaria entre otras.

Implica un proceso continuo y de largo plazo con mecanismos de ajuste proactivo a impactos actuales y futuros en un ciclo dinámico de preparación-respuesta-revisión de manera tal que permita prever efectos perjudiciales y adoptar medidas para prevenir y minimizar daños, así como aprovechar oportunidades que no aparecen a simple vista.

Por su parte, la resiliencia gana en efectividad si se encuentra debidamente articulada con los diagnósticos y escenarios de cambio climático ya que implica preparar capacidades y protocolos para evitar o gestionar las consecuencias de eventos puntuales críticos o extremos.

En el caso de inundaciones y sequías que se padecen en la ZMSLP existe un vacío importante de protocolos para atender a las colonias y calles particularmente vulnerables y que históricamente padecen estos eventos (inundaciones principalmente) bajo un marco institucional impulsado desde la ciudadanía que permita una rápida respuesta de autoridades y servicios de emergencia, alcantarillado y agua potable por poner un ejemplo.

Es importante señalar que, si bien el conocimiento técnico-científico es fundamental para generar escenarios futuros y sus potenciales consecuencias, es la población quien padece y ha padecido históricamente los efectos climáticos extremos, y por lo tanto, es quien está mejor capacitada para reconocer el territorio a nivel de calle. Por lo tanto, la articulación ciudadanía-academia-gobierno es fundamental.

Es por ello que la resiliencia y sus alcances respecto a estrategias es local ya que se centra en riesgos concretos en territorios específicos (calles, colonias, infraestructuras, las 4 regiones del estado, etc.).

Imagen 4. Adaptación al cambio climático en San Luis Potosí.

Imagen modificada con Gemini

En ese sentido el enfoque se centra en respuesta a eventos agudos repetidos y las estrategias de preparación, respuesta y recuperación. ¿cómo se vería una alerta temprana ante lluvias intensas en zonas inundables de la ZMSLP? ¿Qué impacto tienen las alertas tempranas de sequía en regiones ganaderas y agrícolas del estado?

Estos elementos en conjunto nos permiten una rápida recuperación de los factores de estrés ambiental mientras que se mantienen y desarrollan las capacidades de adaptación en un proceso permanente de revisión y mejora.

Conclusión

Los eventos de sequía e inundaciones que padecemos en el estado tienen una alta probabilidad de ser cada vez más intensos y frecuentes debido al cambio climático.

La resiliencia ante dichos eventos puede ser diseñada e institucionalizada si somos capaces de articular adecuadamente política pública, conocimiento científico y el invaluable conocimiento territorial y de lugar que poseemos las personas aun sin un grado de estudio en todo nuestro estado.

El proceso puede comenzar desde abajo, a nivel colonia a través de organizaciones vecinales interesadas en atender problemas recurrentes como pueden ser las inundaciones y sequías partiendo de un diagnóstico local entre vecinos que responda a las siguientes preguntas.

¿Cuándo llueve qué calles de mi colonia se inundan? ¿Cuáles casas son las más afectadas? ¿Cuándo fue la última vez que el agua de lluvia entró a las casas? ¿Cuáles son nuestras fuentes de agua? ¿Por dónde corre el agua cuando llueve, de dónde viene y hacia dónde se va? ¿Cuál es la autoridad encargada de gestionar la distribución de agua y drenaje en mi colonia, cuáles son sus teléfonos y medios de contacto? ¿Quiénes cuentan con cisterna y quiénes no en la colonia? ¿Estamos preparados para el tandeo? ¿Contamos con un plan de acción en caso de emergencia por inundación a nivel barrio/colonia? ¿Qué calles padecen desabasto de agua? ¿Cómo es la calidad del agua en casa?

Articular (organizar) las respuestas a dichas preguntas es la base para acciones estratégicas desde lo local, ya que permiten identificar vulnerabilidades y, por lo tanto, esbozar estrategias que disminuyan dichas vulnerabilidades a través de sistemas de respuesta temprana y planes de emergencia vecinal. También se conoce como ‘diagnóstico participativo y mapeo de riesgos’.

Con esta primera aproximación se pueden posteriormente diseñar acciones preventivas e incluso diseñar e implementar soluciones basadas en la naturaleza de las cuales ya se han abordado a lo largo de esta serie de artículos, como es el caso de la cosecha de lluvia entre otros: Techos cuenca: captar la lluvia para mitigar el estrés hídrico y las inundaciones en San Luis Potosí.

De manera general estamos hablando de estrategias de gestión, adaptación y resiliencia con un enfoque basado en la gobernanza inclusiva en donde los ciudadanos somos copartícipes en las fases de diagnóstico, propuesta e implementación.

No se trata de sobresimplificar ni engañar al lector con una falsa sensación de que el camino es sencillo. Como investigador y activista he presenciado la inacción y omisión de las autoridades ante demandas de solución a problemáticas reales de la población como lo es el tema de las inundaciones en la colonia Satélite en la ZMSLP aun cuando existe daño patrimonial comprobado (incluyendo la pérdida de vivienda).

Sin embargo, los tiempos políticos cambian constantemente mientras que nuestras necesidades como ciudadanos ante las problemáticas aquí descritas son cada vez más agudas por lo que la organización ciudadana es fundamental para la creación de agendas que respondan a nuestras realidades y ese es el sentido de este artículo de opinión: el despertar un poco de inquietud en el lector ya que tanto el político, como el investigador y el vecino somos ciudadanos y cohabitamos nuestros territorios.

Por lo tanto, como ciudadanos nos toca estar atentos y participar en las consultas de desarrollo urbano, cambio climático (cuando sucedan) y gestión hídrica en el estado (cuando suceda) y si observamos que estos planes se llevan a cabo de espaldas a la ciudadanía, exigir espacios para la participación como ciudadanos críticos e informados.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.