El vocero de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, Jesús Priego Rivera, en imagen de archivo.

Leticia Vaca

El vocero de la Arquidiócesis Potosina, Juan Jesús Priego Rivera, confirmó el segundo fallecimiento de sacerdotes por contagio de COVID-19, y refirió que “la Iglesia Potosina está de luto por esta perdida en un momento en el que no sobran sacerdotes”.

El primer caso, detalló, Priego Rivera se registró la semana pasada; un sacerdote de la tercera edad quien se encontraba en la Casa Sacerdotal San Pablo, “que es la casa para los sacerdotes ancianitos”.

El segundo fallecimiento se dio el lunes por la noche, sin embargo Priego Rivera aclaró que los finados no tuvieron contacto entre ellos. Asimismo, precisó que hay tres sacerdotes más aislados por contagio, “uno sin síntomas que ya el día de ayer cumplió los 14 días y va por la siguiente prueba para ver si ya sale negativa”.

Después del contagio del sacerdote que se encontraba en la casa San Pablo se tomó la decisión de desalojar dichas instalaciones, y quienes la habitaban “han sido llevados con familias para que los cuiden, precisamente para que no haya contagio, todo con asesoría de la Secretaría de Salud”.

El contagio, estimó, se pudo dar por el contacto del sacerdote con una enfermera que lo atendía , ya que “la señorita enfermera andaba en los camiones y todo… se les hizo la prueba y como ninguno más que él había estado en contacto se distribuyeron en diversos hogares para poder evitar el contagio masivo en la casa sacerdotal. Se tomaron muy a tiempo las medidas, ¿cómo entró el virus?, por la enfermera que los atendió, es la hipótesis más fuerte que tenemos porque era la única persona que entraba de fuera”.

Pese a los casos de contagio, el vocero del arzobispado potosino aseguró que las iglesias no serán cerradas y se continuará con la medidas sanitarias: “lo platicamos con el señor obispo y esto está platicando también con la Secretaría de Salud, estamos extremando todas las precauciones, los aforos no han aumentado”, remarcó.

Mencionó, además, que darían un mal ejemplo si “nos escondiéramos precisamente cuando más lo necesita la gente… hay mucha gente que está perdiendo la vida, a veces no podemos ir personalmente a atenderlos por el riesgo que implica, pero para ellos es un gran consuelo el saber que se está oficiando la misa por ellos, aunque sea a la distancia”.