Astrolabio

Octavio César Mendoza

Los debates son la oportunidad perfecta para que los personajes que buscan el voto popular parezcan merecerlo. A pesar del escaso interés que puedan representar, estos foros permiten a los ciudadanos valorar las propuestas de cada candidato, y observar características de personalidad necesarias para gobernar: conocimiento de la realidad en la que viven los electores, ideas originales para resolver los problemas de la comunidad, y actitud de liderazgo. Un debate puede sacar a flote o terminar de hundir una candidatura, por lo que el cuidado que se tiene en la preparación de un encuentro de esta naturaleza, suele ser una responsabilidad que comienza por los asesores, pero que, al final, la asumen los candidatos.

Los objetivos políticos de un debate son dos: no perder votos, y convencer a los indecisos de sumarse a una propuesta. Por ello se suele sugerir a quienes debaten que lo hagan con cuidado para no salir demasiado castigados del ring, y que en todo caso traten de aparentar seguridad y confianza en sí mismos, para evitar exhibir sus limitaciones intelectuales y debilidades morales. Esta parsimonia los vuelve aburridos; excepto cuando la estrategia es emocional, más que racional. Aludir a los sentimientos del pueblo es la verdadera forma de conectar con los indecisos, así que además de ser simpático, se tiene que ser empático, y demostrar que se conoce el ánimo popular, o mínimo que no se está alejado del mismo.

En los debates por desarrollarse en San Luis Potosí como una de las etapas decisivas y finales del proceso electoral actual, se espera que los candidatos basen su fórmula en una copia casi exacta de lo que terminó siendo la Cuarta Transformación: reparto de beneficios económicos entre los diversos sectores populares. Cuando se observan las propuestas de los punteros de la contienda, tanto para la Gubernatura como para la Alcaldía de la Capital, se asume que el efecto “populista” de los programas sociales implementados desde el poder son la única demanda ciudadana. Algunos candidatos han llegado al ridículo de colocar en espectaculares cuánto ofrecen a cambio del voto, o de repartir tarjetas de futuro débito.

En ese aspecto, algunos candidatos que se llena la boca con la palabra “dignidad” están haciendo totalmente lo contrario, y mintiendo descaradamente, pues el reparto de dádivas debe ser para los verdaderamente desfavorecidos; pero lo principal es que estos reciban oportunidades educativas y laborales, servicios adecuados para sus comunidades, y seguridad y salud, lo cual les permita desarrollarse en un entorno favorable, y no andar mendigando una limosna. A estos candidatos populistas y populacheros, hay que hacer notar que los recursos no aparecen mágicamente como sucede en el caso de sus bolsillos y cuentas bancarias, y salen de los impuestos, de las empresas y de la riqueza de todos.

“Salarios rosas” y “Tarjetas cumplidoras” son una redundancia del insulto que constituye la pobreza en sí misma. Si ese es el reflejo de su propuesta, pero también de su forma habitual de ver a los ciudadanos interesados solamente (como ellos) en el dinero, estamos jodidos. Tan jodidos como cuando se habla de planes de modernización que las naciones más desarrolladas del planeta han logrado con algo más que saliva y los puños en alto. Por donde empezaron, fue por hacer sentir orgullosos a sus pueblos de habitar su territorio y compartir sus valores, su historia, sus sufrimientos pasados, y no por infantilizarlos, tutelarlos y hacerlos sentir incapaces de valerse por sí mismos.

La nuestra es una sociedad con discapacidad emocional, temerosa de rechazar a los políticos que la han secuestrado y le han colocado una venda en los ojos para después darle a entender que sólo ellos pueden ver la luz. La esperanza camina junto a la muerte entre muchos ciudadanos, porque las promesas no tienen fecha de caducidad y resulta más fácil repartir riqueza que crearla, para al final robarla. Un ciudadano común termina por sentir alivio al recibir una cuota mensual de los impuestos, pero también se siente esclavizado a las limitaciones que esa cuota representa. Nada causa más felicidad a una persona que ser útil a sus semejantes, y que esa utilidad tenga una retribución en suficiencia y dignidad.

Ah, pero no: a las mujeres hay que hacerlas sentir infravaloradas para después proponerles ser rescatadas por estos príncipes azules, verdes, rojos, amarillos y de todos los colores. A los indígenas hay que decirles que deben ser reivindicados, para seguirlos manteniendo en su estatus de pueblo originario y por ende de raíz endémica de nuestra democracia, pues son los de más abajo de todos los de abajo. Y a los jóvenes, hay que darles una beca para que estudien, pero sin darles la oportunidad de que alcancen el nivel profesional, para después guiarlos hacia un empleo mal pagado en una empresa de algún político o de algún financiador de ese político. La realidad brutal nos golpea por todas partes.

La demolición de las instituciones “innecesarias y costosas” para cubrir los costos del populismo, pone a las naciones en proceso de descomposición económica y moral. Vean a Venezuela, donde ahora sólo queda la administración de la miseria con un pueblo agachado y sometido a las fuerzas armadas. Las propuestas populistas reflejan falta de imaginación, de visión de futuro y de ambición social, por lo que priorizar la generación de empleos, construir un sistema educativo que impulse el conocimiento y el emprendimiento, articular a los sectores productivos para generar un entorno más feliz y saludable, y hablar de cómo crecer, debe ser la propuesta que se espera tenga un verdadero estadista.

En ese sentido, preveo que las acusaciones de trapacería entre los candidatos del PRIAN y de la “gallardía”, su oferta de merolicos de feria y el desencanto de los ciudadanos en los partidos políticos que representan, son la oportunidad para que el único aspirante Independiente, Arturo Segoviano, se haga presente, y para que la única mujer con posibilidades de llegar a la Gubernatura, Mónica Rangel, no desperdicie la oportunidad de demostrar que la Cuarta Transformación no es meramente populismo y sí tiene la capacidad de hacer crecer a la sociedad en su conjunto. De los demás candidatos, definitivamente no creo que se les vea algo más que la sonrisa.

Ese es el punto de quiebre de un cambio radical en la elección a la gubernatura, pues Segoviano es un contrapeso natural de Pedroza, y Rangel de Gallardo. Los votos que pierda el PRIAN se inclinarán hacia el candidato Independiente, a pesar de la casi obligatoria falta de visibilidad impuesta por la Ley electoral, porque ahí puede mostrar que está mejor preparado que el ya veterano heredero de las glorias del PAN; en tanto que Rangel puede quitar la máscara del “peje” a Gallardo, y confirmar que ella y su proyecto son los verdaderos representantes de la Cuarta Transformación. Gallardo seguirá exhibiendo encuestas, y tendrá a un pésimo comediante llamado “El Tekmol” de su lado, por si alguien dice “UIF”.

En cuanto a la elección de Presidente Municipal de la Capital potosina, el debate se dará entre Xavier Nava y Leonel Serrato, pues Enrique Galindo casi dará un parte policial acerca de la seguridad del núcleo político-social de la Entidad, lo que conviene a su monocromática figura. Nava tiene a su favor los “otros datos” del desfalco gallardista a las arcas municipales, la disminución de la deuda heredada por su administración, y el recordatorio de sus logros como Alcalde. Serrato tendrá que lidiar con la obligación contractual de proteger a su ahora amado líder, y seguramente protagonizará una de sus clásicas teatralizaciones al estilo Fidel Briano. De los demás no veremos más que la sonrisa, o quizá una mueca de hastío.

Si los combos “prianista” (Pedroza-Galindo) y “gallardista” (Pollo-Serrato) pierden estos debates, le entrarán con más furia a ganar la elección en la mesa, en los tribunales, o donde se pueda que hayan acomodado sus piezas magistraturales para mantener el poder. Para eso hicieron una Ley y una estructura “legal” que tiene en el borde de la boleta electoral a sus principales oponentes, que son Mónica Rangel y Xavier Nava. Lo que no se han preguntado es si eso permitirá que Arturo Segoviano se convierta en el factor de la balanza en cuanto a la Gubernatura, o si la Presidencia Municipal ganada de “foult” por Galindo sea tan chiquita como la que encabezó Octavio Pedroza en su momento y hasta ahí llegue la amistad.

Quienes ganen los debates tanto a la Gubernatura como a la Alcaldía, no tendrán para nada asegurado el triunfo en la elección; pero quienes los pierdan serán derrotados en las urnas por el intercambio de posiciones en las preferencias electorales de los indecisos, que aún son cerca del veinte por ciento de los ciudadanos que piensan votar porque confían en su inteligencia y en su juicio. Eso sucede en democracias evolucionadas; pero el nuestro es, todavía, un Estado donde los propios políticos se han encargado de que la capacidad y el conocimiento sean lo de menos. Lo más sencillo es prometer y prometer, regalar lo que no se tiene, robar a puños y entonces sí, meter lo prometido y que se jodan los jodidos -otra vez.

Anuncio parroquial: los que no entendieron o hicieron que no entendieron, vayan a misa varias veces.

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