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La mayoría de nosotros sabemos que nunca hay que acudir a la piratería para satisfacer una necesidad inmediata pues, además de arriesgarnos a que un aparato electrónico de origen desconocido explote o se encieda en llamas, podríamos acabar reviviendo el dicho ‘lo barato sale caro’.

No obstante, y a pesar de nuestros más grandes esfuerzos, acabamos siendo clientes de la piratería al comprar productos que están tan bien empaquetados y vestidos que parecen originales y nos hacen irnos con la finta. Afortunadamente, también existen piratas tan malos en lo que hacen que no engañarían ni a un niño.

Aquí los ejemplos más claros de que la piratería no es siempre tan sofisticada como creemos.

Excélsior

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