Por Victoriano Martínez

En su comparecencia ante el Congreso del Estado, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Jaime Pineda Arteaga, señaló la percepción de inseguridad de los habitantes del estado como una cuestión subjetiva que no empata con las estadísticas que, según dijo, muestran mejoría en cuestiones de seguridad.

No obstante, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública el número de víctimas de algún delito en el estado crece a un ritmo mayor que la percepción de inseguridad que detecta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su encuesta en esta materia.

Ya son algunos años en los que el porcentaje de potosinos que se sienten inseguros ronda el 80 por ciento, un poco abajo, hoy un poco más arriba, pero una cifra que se redondea con la expresión sintética que señala que ocho de cada diez potosinos viven con miedo.

En los primeros nueve meses de 2019, fueron 4 mil 996 personas las que denunciaron haber sido víctimas de algún delito. Durante el mismo periodo de este año, ya son 5 mil 612 las víctimas de algún delito. Un incremento del 12.33 por ciento.

Si en el último año las posibilidades de ser víctima de algún delito que por el solo hecho de vivir en este estado se incrementaron en un 12 por ciento, las estadísticas en realidad explican por qué la percepción –por muy subjetiva que sea– crece.

Las razones para el temor están no sólo en las estadísticas sobre víctimas de todos los delitos, sino en el incremento de delitos de mayor impacto, como los homicidios, que al ser difundidos por la prensa provocan mayor impacto.

De enero a septiembre de 2019 se registraron 691 homicidios, en tanto que en el mismo periodo de este año 813. Un aumento del 17.65 por ciento.

Un panorama estadístico oficial que explica la creciente percepción subjetiva de inseguridad que contradice al responsable de garantizar la seguridad en su intento de ofrecer un panorama alentador pero, sobre todo, con el que quiere aparentar efectividad en su deficiente trabajo.

En ese panorama de temor, las mujeres tienen motivos adicionales para sentirse inseguras. Durante 2019 se reportaron 474 mujeres desaparecidas, de las cuales 421 fueron localizadas con vida, 5 se localizaron sin vida y 48 no han sido localizadas, de acuerdo con la información proporcionada como respuesta una solicitud de información, la Fiscalía General del Estado (FGE).

No se ha vuelto a saber de una de cada 10 mujeres que desaparecen… y el riesgo de que las desaparezcan sigue latente. En 2019 se presentaban desapariciones a un ritmo de 40 casos por mes.

De acuerdo con las edades de las mujeres desaparecidas, aquellas que tienen entre 10 y 30 años de edad son quienes corren mayor riesgo: el 77.2 por ciento de las desapariciones de mujeres tenían ese rango de edad.

El aumento en el número de víctimas de delitos y en los homicidios, junto con un panorama tan grave como que una de cada diez mujeres desaparecidas no es localizada son sólo ejemplos de las razones que Pineda Arteaga se niega a ver para prácticamente descartar como preocupante que ocho de cada diez habitantes del estado viva con miedo.

Pineda Arteaga llegó con el desplante de que su mano se notaría en el tema de inseguridad. En casi tres años su presencia se ha notado, pero no para generar la confianza que su fanfarronada inicial prometía, sino para desenmascarar aquel alarde de lo que ha quedado claro que no es.