Astrolabio

Antonio González Vázquez

En su visita del pasado viernes a San Luis Potosí, Andrés Manuel López Obrador lució sonriente y, como ha dicho, feliz, feliz, feliz. El gobernador también está feliz, aunque no se sabe bien a bien a razón de qué.

El Güero ya va de salida y el Peje apenas va empezando; Carreras va por su cuarto informe de gobierno y el tabasqueño apenas rindió el primero.

El presidente lleva nueve meses al frente de la Cuarta Transformación y al gobernador le restan 25 meses en el poder sin que se vea ni a lo lejos la prosperidad prometida.

Presidente y gobernador sonríen con ganas. López Obrador ya le ganó cariño a San Luis Potosí y el gobernador, de eso ha de sacar ganancia.

El mandatario potosino no puede presumir una gran popularidad, mientras que el presidente ronda el 70 por ciento de aceptación.

La oposición no encuentra modo de detener al crecimiento de López Obrador, mientras que Carreras ve el temprano destape de figuras de oposición que buscan la candidatura por la gubernatura en 2021.

De hecho, el gobernador potosino no parece moralmente derrotado y parece haber olvidado por completo que su partido fue aplastantemente derrotado en julio de 2018.

Como jefe del PRI en el estado, perdió las elecciones y es de los moral y políticamente derrotados.

La imagen es elocuente.

El gobernador trepado en la ola de la popularidad presidencial; aquí sí aplauden, debió pensar.

Carreras posa su mano derecha sobre el hombro izquierdo del presidente y con su derecha, López Obrador le da su apapacho, el mandatario sonríe a plenitud mientras la gente aplaude.

Tocar al presidente para ver si se nos pega algo, aunque sólo sea su talante feliz, feliz, feliz.

Abrazar al presidente para atraer un aplauso que de otro modo, en lo individual, sería forzado y no espontáneo.

Y, en efecto, el gobernador fue el más feliz, feliz, feliz en la gira presidencial. ¿Será que sí es un honor estar con Obrador?.

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