Martín Faz Mora

El régimen de partidos que permitió la alternancia y la transición política en México se agotó. Tal parece ser una de las lecturas de las elecciones federales de julio del 2018.

Tal colapso está vinculado a su fracaso para establecer un estado de derecho debido a su extravío por haber privilegiado intereses de grupo tanto partidistas como de las élites del país. La colusión entre élites políticas, económicas y sociales convirtieron la arena política en un entramado de corruptelas, de acceso a la riqueza y privilegios abandonando a su suerte a las mayorías mediante el desmantelamiento del Estado que se convirtió en botín de las élites. La clase política medró el presupuesto público en beneficio propio, de sus allegados y aliados.

El desmantelamiento de las instituciones del Estado acompañado de un severo problema de corrupción generó vacíos en múltiples rubros como seguridad, salud, educación, obra pública, servicios básicos e infraestructura, entre otros, que afectaron directamente la calidad de vida de las mayorías. Parte de esos vacíos fueron ocupados por la criminalidad de forma violenta y corrupta en abierta colusión con las instituciones y, en buena medida, con las élites económicas y sociales. Otros vacíos fueron atendidos precariamente por las organizaciones de la sociedad civil. Pero, finalmente, el mercado dicta que cada cual debe rascarse con sus uñas.

Violencia, precariedad, corrupción, impunidad, insensibilidad gubernamental y de las elites fueron acumulando agravios y, en tal medida, desencantando a las mayorías respecto del régimen democrático y de partidos. Las diferentes mediciones del Latinobarómetro dan cuenta de ello, en la región entera.

El régimen de partidos terminó por no colmar las expectativas de la sociedad, particularmente luego de la alternancia del año 2000 que se avizoraba como promisoria, pero que terminó decepcionando a la sociedad en su conjunto.

Si bien es cierto que sin el régimen de partidos, construido lentamente desde los ochentas del siglo XX habría sido imposible salir del sistema autoritario priísta, sin embargo el sistema partidista terminó por corromperse a su vez en poco tiempo. El reparto de los cargos mediante el sistema de “cuates y cuotas”, el apoderamiento de los puestos y los presupuestos y, en general, la captura de las instituciones del Estado por intereses particulares mediante la intermediación de los partidos políticos terminó por dinamitar la confianza ciudadana en el sistema de partidos, como lo demuestra el bajísimo nivel de aprobación institucional que tienen en todas las encuestas de opinión de los recientes años.

Los resultados del reciente proceso electoral parecen indicar que el proceso de institucionalización del sistema de partidos ha quedado trunco, y que los principales responsables son ellos mismos. Finalmente, tal régimen resultó profundamente ineficaz para satisfacer las expectativas y demandas sociales.

Los otrora partidos hegemónicos han quedado severamente disminuidos, y a otros solo el pragmatismo de los pactos y las alianzas les mantienen apenas con vida y, en algunos casos, ni eso. La oposición electoral se encuentra severamente mermada. Que el nuevo grupo hegemónico se auto identifique como “movimiento” antes que cómo partido, es otra de las manifestaciones de la crisis del sistema de partidos.

¿Crear nuevos partidos? No será fácil, ni de ser el caso, dará resultados en el corto plazo ni en el terreno electoral o de la institucionalización de un nuevo sistema de partidos.

Los partidos políticos suelen ser los canales organizados de la política para el acceso al poder, su debilitamiento tendrá consecuencias tanto en la relación entre ciudadanos y poder político y podría extenderse incluso a la gobernabilidad democrática misma.

El enorme capital político del que es depositario López Obrador ofrece riesgos y oportunidades al régimen político. Sus adversarios exacerban los primeros y los muchos simpatizantes acentúan las segundas. Es muy pronto para el balance. Lo que no puede evadirse es que el sistema de partidos que posibilitó la transición parece haberse agotado y ello es responsabilidad de los mismos, por la forma en que se condujeron.

Twitter: @MartinFazMora
http://martinfazmora.wixsite.com/misitio

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