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España, (31 de Marzo).- “Las opciones [de alcanzar un acuerdo nuclear con Irán] son altas. La probabilidad no es del 100%, pero nunca se puede estar seguro de nada al 100%. Las probabilidades son bastante factibles si ninguna de las partes eleva sus apuestas en el último minuto”, ha afirmado este martes el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en una rueda de prensa en Moscú, poco antes de viajar a Lausana  (Suiza) para reincorporarse a la última ronda de negociaciones con Teherán. Las partes han vuelto a reunirse para tratar de alcanzar un acuerdo preliminar antes de esta medianoche, cuando vence el plazo que se habían fijado. Después de 15 meses de conversaciones, la recta final hacia ese esperado acuerdo se está haciendo cuesta arriba. La discusión avanza pero “lentamente”, según ha afirmado Behruz Kamalvandi, portavoz de la Organización iraní de la energia atómica.

“Estamos trabajando duro; el plazo vence mañana [por hoy martes]”, declaró el lunes el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en Lausana. Junto con Kerry, los ministros de Exteriores de Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania intentan que Teherán acepte límites a su programa atómico que garanticen que no busca la bomba, a cambio de retirar las sanciones que lastran su economía.

La llegada de los jefes de la diplomacia de las seis grandes potencias el domingo creó expectación sobre la inminencia de resultados. Además de Kerry y del iraní Mohammad Javad Zarif, se encuentran en Lausana el británico Philip Hammond, el francés Laurent Fabius, el alemán Frank-Walter Steinmeier, el chino Wang Yi y el ruso Serguéi Lavrov. Desde entonces, las reuniones bilaterales y multilaterales a todos los niveles se han sucedido a un ritmo al que resulta difícil llevar la cuenta, pero también los rumores sobre dificultades de última hora. Steinmeier y Fabius han anunciado este martes que extienden una vez más su estancia en Lausana. Fuentes de la delegación alemana, citadas por EFE, han indicado que ambos no viajarán a Berlín al consejo de ministros franco-alemán sino que permanecerán en la ciudad helvética, ya que las negociaciones atómicas están en una fase “crítica y difícil”. Eso hace “necesario que ambos ministros sigan presentes en Lausana”, precisan esas fuentes.

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, han advertido que no quieren cualquier acuerdo con Irán, sino “un buen acuerdo” en el que se garantice que el país renuncia a desarrollar armas nucleares y permite que se supervise ese compromiso. En rueda de prensa en Berlín, Merkel ha reiterado que el objetivo no es “cerrar un acuerdo para que haya un acuerdo”.

A falta de información sustancial sobre lo que sucede en esas conversaciones a puerta cerrada, analistas y reporteros observan las idas y venidas de los negociadores en busca de pistas. Las respuestas empiezan a repetirse. “Ha habido algunos avances y algunos retrocesos en las últimas horas”, señaló Steinmeier citado por Reuters. Debido a lo mucho que está en juego, y la voluntad de las partes de acabar con un problema que ya se prolonga más de una década, ninguno de los participantes quiere dar malas noticias.

“No voy a anticipar un fracaso. Esas negociaciones van a continuar hasta el límite”, declaró, por su parte, el portavoz de la Casa Blanca, Éric Schultz, a los periodistas que viajaban con el presidente Barack Obama a Boston en el Air Force One.

Pero la falta de progresos concretos empieza a inquietar. Cuando en enero de 2014 se puso en marcha el Plan de Acción pactado dos meses antes en la vecina Ginebra, Irán y los Seis se dieron medio año, para alcanzar un acuerdo. Se intuía que tras décadas de desconfianza sería necesaria una prórroga. La nueva fecha del 24 de noviembre llegó sin conseguirlo. Acordaron entonces una extensión final de otro medio año, pero Kerry ya mencionó que si no se lograba un entendimiento para marzo habría pocas posibilidades de tener listos todos los aspectos técnicos para el 30 de junio.

De hecho, el pasado febrero, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, rechazó la idea de un acuerdo político ahora y otro técnico después, y se refirió a un acuerdo único. Incluso si se alcanza un compromiso antes de que concluya el plazo el martes a medianoche, no se tratará de un documento definitivo, y tal vez ni siquiera se haga público. Como ha precisado The New York Times citando a diplomáticos estadounidenses “el acuerdo final requeriría meses de negociaciones sobre aspectos técnicos que se creían acordados pero que ahora son claramente fuente de continúo desacuerdo”.

De las últimas filtraciones se desprende que los principales escollos son el ritmo de retirada de las sanciones y los límites a la investigación nuclear que Irán va a poder mantener. Pero mientras en este punto se puede buscar un trato aceptable por todos, el factor psicológico vinculado a las restricciones económicas y financieras hace más difícil el compromiso.

Los Seis han ofrecido un abanico de medidas que incluye el levantamiento del embargo europeo al petróleo iraní y de las restricciones bancarias a la vez que EE UU suspende sus medidas de castigo. Para las sanciones de la ONU, fruto de seis resoluciones condenatorias del Consejo de Seguridad, proponen sin embargo un proceso gradual vinculado a la comprobación de que Teherán cumple sus compromisos y no intenta dotarse de armas atómicas.

Irán, que siempre vio como una humillación el envío de su dosier al Consejo de Seguridad, rechaza esta última provisión. Además de que puede llevar años concluir la verificación, argumentan, las resoluciones califican su programa nuclear de “amenaza para la paz y la estabilidad internacionales”, algo que se contradice con el espíritu del pacto que se trata de alcanzar.

Su implicación en este proceso, prueba que Teherán ha aceptado la necesidad de hacer concesiones a cambio de su reintegración en la comunidad internacional. Sin embargo, sus dirigentes no pueden dar la impresión de que han capitulado ante EE UU. De ahí el equilibrismo que suponen las negociaciones entre limitar la producción del material atómico que se usa para fabricar armas durante al menos diez años y permitir que los iraníes mantengan sus principales instalaciones nucleares.

Fuente: El País