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Bogotá, Colombia (21 de abril).- La máquina de escribir que utilizó Gabriel García Márquez en la narración de “Cien años de Soledad” y la medalla de oro que recibió al ganar el Premio Nobel en 1982, son dos verdaderas reliquias que dejó junto con sus obras para la eternidad.

“Gabo vive entre nosotros” es el nombre de la campaña que adelanta el Ministerio de Cultura, dentro de la exposición “Un espejo del Mundo”, por parte de la Biblioteca Nacional. Ambos objetos se exhiben en la sala como verdaderas joyas de la vida y la obra del colombiano grande dentro de las letras universales.

Su máquina de escribir, marca Smith Corona, fue la quinta que Gabo tuvo en su labor de escritor, pero la primera comprada por él en 1964 en la ciudad de México. En ella, escribía durante largos días y noches en ese mundo imaginario de “Cien años de soledad”. Ahí nació Macondo.

Entre las adquisiciones del Museo y que el visitante podrá disfrutar, se encuentran las primeras ediciones de “Cien años de soledad”, “Crónica de una muerte anunciada”, “Viva Sandino”, “El amor en tiempos del cólera”, “Cuentos peregrinos”, “Del amor y otros demonios”, “Noticia de un secuestro”, “El general en su laberinto”, entre otros. Así mismo, hay fotos del escritor, sonriente y concentrado frente a su máquina de escribir, en las salas de redacción de los diarios colombianos, donde ejerció el periodismo como reportero, cronista, ensayista, y donde nutrió su obra literaria, lo que le da un toque más cercano a la exposición.

El escritor y periodista Daniel Samper, uno de los amigos entrañables de García Márquez, se desprendió de las obras firmadas por el escritor y las donó para el acervo bibliográfico de la Biblioteca Nacional. Ahí está la rúbrica del Nobel para la eternidad. Así mismo, las reseñas de la prensa colombiana en 1982, cuando el mundo se entero de que García Márquez era el nuevo Premio Nobel de Literatura con “Cien años de soledad”, forman parte de la exposición de la historia y vida del autor.

La Biblioteca Nacional adecuó un espacio de lectura y reflexión para que niños y adultos toquen las obras del escritor, las ojén, lean solo o en parejas apartes de ese mundo de ficción que creo García Márquez, que recreen y alimenten su espíritu con los diálogos de sus personajes macondianos que son tan universales como El Quijote y Sancho Panza.

 

Fuente: Sinembargo.

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