Abelardo Medellín Pérez
La reciente salida de Aranzazú Puente Bustindui del Partido Acción Nacional (PAN), y por tanto su desanexión del grupo parlamentario panista en el Congreso del Estado, cae como un balde de agua fría en las de por sí ya corroídas filas del partido, y confirma aquel viejo dicho del escritor mexicano Luis Spota: “en política, la lealtad dura sólo mientras conviene”.
A nadie sorprende que el panismo se deshilache a medio camino rumbo a las elecciones del 2027; el partido, notorio como segunda fuerza política del estado únicamente gracias a la resistencia que ha mostrado en municipios grandes como San Luis Potosí y Matehuala, y por las pocas diputaciones de mayoría relativa que ha podido mantener, no ha logrado defender su cariz de oposición contra el gobierno del Partido Verde Ecologista de México en tierras potosinas.
Para desentenderse de su necesaria postura opositora, el PAN ha transitado tímidamente los cambios políticos del estado bajo una constante excusa de “conciliación” y “oposición de propuestas”. Poco o nada ha servido la conciliación y las propuestas del PAN parecieran no hacer mella en los intereses de los grupos parlamentarios de Morena y el PVEM que, en la mayoría de las ocasiones, se imponen dentro del legislativo.
Ver este panorama, reconocer la contracción de los espacios ocupados por el panismo y entender que Acción Nacional está por convertirse en un instituto político anecdótico (similar al PRI) en la entidad, bastan como razones para justificar que sus perfiles, sobre todo aquellos que pretendan seguir viviendo del erario público, quieran dejar el barco antes del naufragio definitivo.
Sin embargo, ninguna de esas razones fue mencionada por la, ahora diputada sin partido, Aranzazú Puente cuando renunció al PAN este jueves 22 de enero.
De acuerdo con la diputada, su decisión de dejar el partido se debe en gran parte a que sistemáticamente fue hecha a un lado y además de eso fue minimizada, desacreditada y excluida por “pensar distinto”.
Curiosamente, la diputada que fue excluida por pensar distinto, hizo exactamente lo mismo que su ex compañera de partido Sonia Mendoza Díaz.
En febrero de 2021, Sonia Mendoza también era diputada local y acusó, al igual que ahora lo hace Aranzazú, que Acción Nacional se había convertido en un rígido instituto dominado por un grupúsculo que había cerrado sus puertas y “agraviado” a sus militantes.
¿Cuál, además de la renuncia y la excusa, es la coincidencia entre ambos casos? Que el caso de Sonia, como ahora el de la diputada del distrito VIII local, ocurrió en vísperas electorales y con suficiente tiempo para que le hicieran un ofrecimiento desde el Partido Verde.
Aunque Aranzazú lo niegue ahora (¿por decencia política o precaución?) es altamente probable que, antes de que termine el año, veamos como se adhiere a un nuevo instituto partidista en búsqueda de aquel espacio que en el PAN no le pudieron o no le quisieron ofrecer.
Esta es pues la altura de una diputada de mayora relativa más preocupada por el 2027, que por la representación ciudadana que deja virtualmente huérfana en su distrito.
Razones para alejarse y condenar al PAN sobran, por eso mismo tener que recurrir a la pantomima del “debo defender mis principios” resulta, no solo ridículo, sino un insulto para cualquier ciudadano que, con sus impuestos, paga las intermitencias de la responsabilidad política.
El transfuguismo de Puente Bustindui no es un problema por sí mismo, solo es una consecuencia del lento desvalijamiento de un partido cada vez menos competitivo, pese a ello no podemos ignorar la irresponsabilidad en la que incurre la legisladora cuando olvida que sus decisiones “profesionales”, impactan la vida pública del espacio sobre el cual asumió una responsabilidad.
La diputada ganó la elección por el distrito VIII local como candidata emanada del PAN, luego de que su partido recibiera 37 mil 684 votos; Aranzazú Puente obtuvo poco más del 39 por ciento de los votos registrados en dicha elección, más de uno de cada tres votos fueron para el PAN y el proyecto que suscribía la entonces candidata.
Hoy, más de un tercio de los votantes del segundo distrito más grande (por número de secciones) del municipio de la capital, tienen una representante en el legislativo que no se identifica con el partido que la puso en la boleta, sino que responde únicamente a una congruencia simulada y un cada vez más evidente interés por alargar su supervivencia política.
Cuando Sonia Mendoza dejó el PAN tuvo que adherirse inmediatamente al PVEM y luego esperar tres años antes de recibir una primera oportunidad de regresar a un cargo público… ¿Cuánto le tomará a Aranzazú hacer públicos esos nuevos intereses y el nuevo proyecto al que le rinde lealtad?
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






