Astrolabio

Antonio González Vázquez

El alcalde Ricardo Gallardo admitió ayer, por primera vez, que su administración en dos años, ha fallado en materia de seguridad. Los capitalinos viven el temor a flor de piel ya que ocho de cada diez delitos de alto impacto se cometen en la zona metropolitana.

Pese a reconocer que en la principal asignatura de su gobierno le ha fallado a la gente, de manera contradictoria adelantó que su proyecto político continuará y que dicho proyecto “tiene para rato”.

Resulta del todo inexplicable que Gallardo acepte que en el rubro de seguridad ha fallado y que al mismo tiempo diga que su proyecto político sigue para adelante porque tiene el apoyo de su pueblo.

A nosotros, es decir a su ayuntamiento empeñado a pintar todos los muros de la ciudad de amarillo, “nos toca el delito común”. Con tan peregrina excusa intentó inútilmente deslindarse del grave problema de inseguridad. Los delitos del fuero común, incluyen el homicidio, el secuestro, la extorsión, el robo en sus distintas modalidades, las lesiones, los delitos sexuales.

Todo eso lo debería atender el ayuntamiento, pero no lo hace, no digamos a manera de reacción si ni siquiera lo hacen de modo preventivo.

Lo cierto es que la capital del estado es donde más ejecutados y secuestrados hay, pero de eso no dijo nada.

En su segundo informe de gobierno que en los hechos fue su virtual anuncio de reelección, el edil dijo que su proyecto continuará y porque a su entender, su proyecto político “ya probó su eficacia, solidez y aprobación ciudadana”.

Pese a que desde el inicio de su gestión ha enfrentado procesos legales en el orden electoral por el presunto uso de los recursos públicos en campañas de publicidad personalizada en él, el alcalde no tuvo empacho en decir que rumbo al proceso de 2018 respetará los lineamientos de las autoridades electorales “para que nuestro trabajo no se confunda con proselitismo”.

De eso precisamente se le ha acusado por el uso de su imagen y por el uso de la frase electorera de la Gallardía.

Aunque dijo que frente al trabajo “no cabe la duda ni la sospecha”, no mencionó su fracaso con la empresa Panavi, así como tampoco habló de la compra de medicamentos a Sandra Sánchez ni tampoco de las obras que se realizan con invitación restringida y no por licitación abierta.

Lo mejor del segundo informe de gobierno de Ricardo Gallardo no está en el informe, sino en las líneas que ayer le dedicó el periódico Reforma. En su editorial, Ricardo Gallardo fue descrito de manera lapidaria: “cacique, presumido, populista”. Ese influyente diario, comparó al edil capitalino con el corrupto de Humberto Moreira y con José Luis Abarca de triste memoria.

Así como a Fernando Toranzo se le recuerda como gobernador por el zapato que le lanzaron cuando leía su informe de gobierno, a Ricardo Gallardo se le recordará por lo que de él dijo Reforma, justo en el día del segundo informe municipal.

Por cierto, no asistió Miguel Ángel Mancera, el jefe de gobierno de la Ciudad de México. Tal vez leyó Templo Mayor y pensó, mejor no me quemo.

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