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Ciudad de México (04 de abril de 2016).- Se dice que “todo está en la mente” y que “la mente es todo”, pero cuando se trata de ansiedad, lo cierto es que las personas realmente perciben la vida –y el mundo– de distinta manera.

Y es que este padecimiento no solo afecta directamente a nivel psicológico, pues también repercute al individuo de manera física, anímica y mental.

De hecho, una investigación publicada en la revista científica Current Biology, corrobora que las personas con ansiedad experimentan el mundo de manera muy diferente al resto, por causas cerebrales.

Todo se debe a la plasticidad del cerebro y su capacidad para reorganizarse y adaptarse mientras se forman nuevas conexiones. Esos cambios en el cerebro determinan la manera en la que va a responder y reaccionar la persona ante los estímulos.

El estudio, realizado por el Weizmann Institute of Science de Israel, reveló que las personas con ansiedad tienen inclusive menos probabilidad de distinguir la diferencia entre un estímulo seguro (o neutro) y uno que pueda representar una amenaza.

“Los rasgos de la ansiedad pueden ser completamente normales e incluso beneficiosos desde el punto de vista evolutivo. Aunque una experiencia emocional puede provocar cambios en el cerebro que deriven en una ansiedad completa”, dijo Rony Paz, autor de este estudio.

La ansiedad también puede causar que las personas tomen malas decisiones, lo que afecta su calidad del sueño, según una investigación en la revista científica Journal of Neuroscience.

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Por todo el cuerpo.

La ansiedad se manifiesta a nivel mental y también afecta a diversas partes del cuerpo. De hecho, entre el 60 y el 70 por ciento de las personas que padecen algún trastorno de ansiedad tiende a que éste se vuelva crónico, esto lo relaciona con la depresión.

Expertos señalan que las personas que sufren de ansiedad tienen problemas en el hígado (debido a la producción excesiva de glucosa). Además, el sistema suprarrenal produce más cortisol.

El riesgo de padecer problemas cardiovasculares también aumenta, ya que se acelera el ritmo cardiaco y se eleva la presión sanguínea cuando una persona sufre un ataque de ansiedad, por ejemplo.

Cuando las personas con ansiedad tienen ataques o experimentan pánico, también aumenta su riesgo de desarrollar asma, lo que afecta directamente a los pulmones.

No solo eso, la ansiedad también repercute en áreas cerebrales relacionadas con la memoria a corto y largo plazo.

Fuente: Reporte Índigo. (Por María Alessandra Pámanes)

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