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Ciudad de México (30 de abril de 2015).- Vendedores en México comercializan escarabajos vivos cubiertos con piedras de imitación, con una cadena dorada y un pin que sirve como “correa” para que el insecto no huya del lugar donde se desea colocar.

Esta no es “moda” nueva, ya que tiene por lo menos 20 años realizándose. Sin embargo, algunos de estos insectos no logran pasar las fronteras hacia sus clientes en Estados Unidos por falta de regulaciones o permisos; así que han sido confiscados y se encuentran en la colección Coleoptera del Museo Nacional de Historia Natural en Washington, Estados Unidos.

Raúl Aguilar es diseñador nacido en la Ciudad de México y radicado en San Francisco; explicó al Instituto Smithsoniano de Estados Unidos que el origen de la tradición del “makech” -como se le conoce a este tipo de accesorio- es desconocido. Algunos dicen que los insectos personalizados datan de la época de los mayas y que forman parte de largas leyendas, pero no ha sido documentado. Aguilar explica que se trate probablemente de una manera de atraer a los compradores, pus la venta de estos insectos se viene dando desde los 70.

El makech es un insecto neotropical que existe desde el norte de Colombia, Venezuela y el sur de México, donde habita en regiones áridas. La razón más viable por la cual son usados como joyería se debe a sus características naturales como el color dorado con negro, por lo cual parecen tesoros mayas. Su facilidad de supervivencia es muy práctica, ya que pueden pasar un largo tiempo sin hidratarse, e incluso fingen estar muertos al ser perturbados por otros seres vivos, lo que hace su captura muy fácil.

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Encontrarlos, es la parte difícil, ya que sus poblaciones son poco conocidas. Tienen un ciclo de vida lento y viven muchos años antes de encontrar el momento correcto para reproducirse. “Los Machequeros” son los encargados de encontrarlos y coleccionarlos en su hábitat natural.

Los insectos vivos son enviados a los artesanos locales y los decoran para venderlos a los turistas en $65 o $150 pesos. El problema es que no hay autoridades que regulen esta práctica y se desconoce qué impacto pueda tener esa extracción en su especie.

En 2010, Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA) se pronunció en contra de esta actividad al argumentar que no por tratarse de un insecto o de un ser muy pequeño, no puedan sentir sufrimiento.

 

Fuente: Sinembargo.

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