Muy seguido me levanto con ganas de quemarlo todo: Cristina Rivera Garza

Blakely Morales

Lúcida, imperturbable y generosa, con una inteligencia que no requiere argucias, la escritora Cristina Rivera Garza (Matamoros, Tamaulipas, 1964) habla para sus lectores y lectoras, expertas y potenciales, acerca de San Luis Potosí el ombligo o brújula del mundo; reafirma la necesidad de subvertir el silencio impuesto por el patriarcado y la hegemonía; su conflicto con la ficción en el canon masculino, el cuestionamiento a la idea neoliberal del individuo y sostiene, por otro lado, que hay una justicia restaurativa en la estética del activismo y la rabia de las marchas feministas; avizora un futuro próspero para la literatura autorreferencial y plantea que aquella idea de la literatura desvinculada del presente material, es cosa del pasado.

Astrolabio: Es un privilegio para mí platicar contigo. Bienvenida, ¿cómo estás? ¿Estás feliz?

Cristina Rivera Garza: Gracias, gracias por la bienvenida. Sí, claro, muy contenta de estar aquí una vez más en San Luis y sobre todo con ocasión del Doctorado Honoris Causa que me otorga la Universidad, de verdad emocionada.

A: Parece que San Luis Potosí te está jalando, te está atrayendo constantemente como un imán.

CRV: Pues parece que tienes razón. Si nos vamos a mis orígenes más lejanos, pues surgen aquí en el área minera de San Luis Potosí y en ese oasis, que así describen a Venado, mis abuelos paternos nacieron aquí y de aquí salieron, como migrantes, ahora diríamos migrantes, refugiados ambientales de inicios del siglo XX y bueno, he regresado por una serie de cosas, que me acabas de recordar, por supuesto: el 21 de noviembre de 1987 recibí el premio San Luis Potosí de cuento y bueno, el capítulo sobre la cuestión minera en Nadie me verá llorar también. Entonces, parece que hay ahí una especie de darle vueltas a San Luis Potosí. Qué bien.

A: ¿Eras consciente de esto?

CRV: Bueno, he sido consciente de la relación, digamos, histórica, ¿no? Familiar de la genealogía. Pero cada vez me sorprende, para serte sincera, de esta insistencia de la vida, de traerme una y otra vez hasta San Luis Potosí. Pero qué bien. Me sorprende bien, quiero decir, no me sorprende mal.

A: Hay como una coincidencia y como una rima en la historia y San Luis Potosí aparece ahí. Yo planteo que San Luis Potosí es, sin ánimo de ser localista, el ombligo del mundo.

CRV: Bueno, así lo considerábamos nosotros en nuestros viajes del norte al sur y del sur al norte. Por años vivimos mi familia y yo en lugares, en Chapingo, en Toluca y nuestros trayectos eran hacia el norte, sabíamos siempre que si ya estábamos por llegar a San Luis Potosí era la mitad del camino, siempre era una especie como de brújula y claro, cuando hacíamos esos viajes con mi padre, que siempre estuvo muy interesado en las cuestiones de la genealogía de la familia, para él era un centro muy vivo, ¿no?

Le interesaba todo lo que tuviera que ver con el estado. Alguna vez hicimos un viaje exclusivamente para buscar nuestras raíces en San Luis Potosí. Por eso llegamos a Venado, aunque en aquella ocasión no llegamos a Mingolea, como después sí lo hice. Pero bueno, creo que no solo lo piensas tú, es un estado por el que tenemos aquellos que vamos hacia el norte o tenemos relación con el norte y sur, tenemos que atravesarlo, y es altamente significativo.

A: Me gustaría encontrar alguna figura literaria, algún ejemplo en la historia o en la literatura universal que pudiera también ejemplificar el caso de San Luis Potosí, pero salgamos un poco de San Luis Potosí porque me interesa también escuchar tu punto de vista acerca de otras cuestiones políticas, literarias, sociales.

Tú vienes de la Sociología y de la Historia y has alimentado con esas dos disciplinas tu obra literaria y hay una rigurosidad importante, pero yo quisiera saber si alguna vez pensaste o qué tomaste del periodismo para complementar todo eso que ya traías y que incrustaste en tu obra con la crónica, con el ensayo autobiográfico y con toda esta narrativa muy detallista y muy puntual.

CRV: Fíjate que la primera vez que vine a San Luis Potosí por ese reconocimiento del premio de cuento, yo sobre todo trabajaba en el campo de lo que se conoce como la ficción, ¿no? Con el paso de los años llegué a tener una relación muy complicada con la ficción.

Me parecía que era un campo que aparentemente ofrecía una gran libertad para la imaginación, pero se pasaban preguntas que con el tiempo también llegaron a ser muy importantes para mí, preguntas que en mí surgieron sobre todo por mi práctica como historiador, que tiene mucho que ver con las fuentes, que tiene mucho que ver sobre todo con el hecho de que estamos contando historias de otros, cuando estamos escribiendo, estamos no solo por lo regular, sino siempre escribiendo historias de otros y hay una relación ética que como historiadora siempre fue relevante para mí.

Ahora eso es una cuestión muy relevante para los que escriben ficción o no ficción, pero entonces esa conversación no era álgida y no era central para el ejercicio de la ficción. Como para mí sí lo era, te digo, esta relación con la ficción se fue haciendo muy complicada, es como los estados de Facebook, relación complicada. Si es que todavía existe el Facebook y los estados de Facebook porque todo ha cambiado.

Y fue cuando me di cuenta que algo, que lo que yo hacía de una manera muy orgánica en Nadie me verá llorar, que yo aproveché una investigación que había estado haciendo sobre el manicomio La Castañeda leyendo expedientes médicos de algunos de sus internos; me di cuenta que ahí en ese trazo, en esa conexión con el documento y en esa conexión que implica con la voz y la escritura de otros, podía salvarse esta relación ética de tratar de contar historias que le pertenecen genuinamente a otros, en los que yo estoy implicada, por supuesto, pero que son de otros.

Yo creo que de ahí vino esta insistencia por principio de cuentas en la investigación, que yo creo que eso es algo que es concomitante al proceso de escritura, de cualquier tipo de escritura; y en lo que después llamé desapropiación, que esencialmente es incluir estos pedazos, huellas de las escrituras de otros en mis propios escritos sin ocultarlo como hacía la ficción, sino abriendo esta relación co autoral, ¿no?

En Nadie me verá llorar, por ejemplo, yo incluí ahí textos tomados literalmente de los expedientes médicos, igual que hice muchos años después en El invencible verano de Liliana con los documentos de mi hermana. Entonces creo que para mí se volvió necesario, fue una relación orgánica, el hacer uso de algo que aprendí a hacer como socióloga y como historiadora, pero que eventualmente dio sus frutos también en el terreno de la literatura.

A: Ficción no es sinónimo de falso…

CRV: Bueno, para algunos puede ser, ¿no? Otros dicen que es una manera de llegar a la verdad. También lo creo.

Mi conflicto con la ficción es que muchas veces se cree que para empezar solo hay imaginación en la ficción, como si los que utilizamos documentos o hacemos investigación, no tuviéramos el privilegio de la imaginación, cosa que por supuesto no es cierto.

Por otra parte, cuando se utiliza la palabra ficción se toma como una forma de evitar esas preguntas fundamentales que tienen que ver con la relación ética entre de quién es la historia y quién cuenta la historia.

P: Y ahí también hay un cuestionamiento que creo que ha sido muy puntual y tal vez injusto sobre lo que escribiste en El Invencible verano de Liliana, la obra que te catapultó, digamos. ¿Tú cómo lo ves? Has hablado acerca de este luto que ha transitado de manera muy personal y también un poco habitado por la culpa, y cómo esto ahora se volvió una cuestión hasta comunitaria, nacional, porque vivimos en un contexto muy violento en contra de las mujeres. Pero tú, ¿cómo ves esas críticas que se han hecho a esa obra en particular?

CRV: Ah, pues es que no he escuchado esas críticas ¿Cuáles son?

A: Bueno, han dicho que hay una instrumentalización del dolor. Personalmente no lo veo así, veo que hay un tránsito, una canalización…

CRV: Mira, yo lo que creo es que eso es una historia no solo muy personal, sino por desgracia una historia social y una historia que nos toca a todos, tiene que ver con una conversación que han puesto en la mesa de discusión nacional los muy poderosos y dinámicos movimientos feministas de las últimas décadas. Por desgracia a mi familia, a mí y a otras tantas familias de México y del mundo nos ha tocado perder seres amados a causa de esta violencia de género, y me parece muy importante, me parece fundamental revertir y subvertir el silencio al que una narrativa patriarcal y hegemónica nos condena. Por una parte las víctimas de esta violencia y por otra parte a las comunidades de las víctimas de esta violencia.

Imagínate si no pudiéramos hablar de esto. Aquellos que quieren que esto siga silenciado son los que apoyan al patriarcado, son los que apoyan al poder, son los que quieren que las cosas sigan igual. Yo no soy parte de ellos. A mí me interesa estar trabajando literariamente con el lenguaje en todo lo que pueda, precisamente para interrogar y para subvertir y para lanzarle preguntas punzantes, las más poderosas que pueda, a esa narrativa que nos condena al silencio.

Imagínate si le hiciéramos caso a esa gente que cree que puede decidir de qué temas los escritores o las escritoras podemos hablar y a qué temas podemos acercarnos. Ahora bien, yo sí creo que hay un gran peligro en tocar temas de violencia. Es muy fácil, el territorio es un campo minado, es posible caer en muchas cosas, desde lo que ya decía Anna Arendt de la banalidad del mal, es fácil revictimizar a las víctimas, es fácil darle demasiado énfasis, por ejemplo, a los que ejercen la violencia, a los feminicidas en este caso, y quitar cualquier tipo de agencia, a las mujeres que son víctimas de esta violencia.

Es decir, hay una serie de peligros en los que yo creo que hay que reparar con cuidado ético y con cuidado estético. Y para mí fue muy importante en El invencible verano de Liliana precisamente poner mucha atención en todos estos posibles deslices. Lo que tienes ahí es un recuento no solo del crimen, del feminicidio, sino algo que también me importaba mucho que es una celebración de una vida, de la vida de mi hermana, de la vida de tantas mujeres que hemos perdido a causa de la violencia y me parece que cuando todos juntos, cuando más que una persona, más que una familia al mismo tiempo, añoramos la presencia de alguien junto a nosotros, algo muy pequeño, pero poderoso se lleva a cabo y esa parte que nos toca como partícipes de la memoria colectiva visto en toda su capacidad, en un contexto en el que se nos sustrae la posibilidad de justicia, en un contexto de continua impunidad, la participación en una memoria colectiva atenta a estas mujeres que nos faltan, ahí hay un proceso de justicia restaurativa que me parece fundamental. Entonces, esa es mi respuesta a esas críticas que de verdad, no estaba al tanto.

A: El 8 de marzo hay una forma de protesta que incomoda. ¿Tú qué piensas de quienes se molestan por las protestas y los gritos que se expresan en las paredes, en las fachadas de los edificios?

CRV: Mira, hace rato te comentaba que vivimos en un contexto en el que más o menos más del 95 por ciento de los delitos de feminicidio nunca encuentran justicia. Imagínate lo que es eso. Imagínate la rabia que se puede concentrar en una situación así. Imagínate el desamparo y la vinculación también que surge. No solo entre aquellos cercanos, las comunidades cercanas a las víctimas, sino entre los cercanos a los cercanos, porque el feminicidio es la forma más letal de violencia de género, pero eso no implica que no haya muchas más, creo que nos compete a todos.

Te estoy diciendo todo eso porque yo creo que hay una rabia legítima que tiene que encontrar una manera de expresarse mientras no se consiga lo que creemos que es un cese de la impunidad. Una búsqueda constante de justicia. La merecen las mujeres que han sido víctimas de feminicidio y la merecen, claro, las comunidades de las familias y las comunidades más amplias, alrededor de estas mujeres.

Yo muy seguido me levanto con ganas de quemarlo todo. Y creo que dentro de mi campo y con mis herramientas, eso es lo que quiero que hagan mis libros, por eso mi necesidad de estar subvirtiendo constantemente esas narrativas que nos someten al silencio o que nos quieren indicar cuáles son los lugares estrictos donde puedes vivir y expresarte.

Yo creo que cada quien lo hacemos y qué bien que lo hagan las chicas más jóvenes y qué bien que se tome la vía pública y qué bien que se tome la conversación pública. Este no es un asunto menor, es neurálgico, las diferencias atroces de géneros con las que vivimos, la cantidad de violencia que toleramos es realmente más que preocupante, y hay que hacer algo.

A: ¿Y qué haces con ese fuego cuando amaneces con ganas de quemarlo todo?

CRV: Ya, bueno, en mi caso hay dos dos cosas importantes para mí, yo he elegido una una práctica que es el de la escritura, me parece todavía que tiene su poder, en el mundo en el que estamos sin dejar de lado el activismo. Yo creo que las dos cosas van juntas, creo que una alimenta a la otra.

Yo creo que ya pasó hace mucho tiempo en el siglo XX, de esta noción de que la literatura es un campo autónomo, que se rige solo por sus propios valores, creo que ha habido ya mucha teoría al respecto denostando este tipo de posturas. Me parece que las escrituras de hoy, las escrituras que hablan con nuestro presente, son escrituras que vienen marcadas por distinto tipo de demandas y por un estado de alerta, respecto al mundo donde se generan esas escrituras.

A: Juan Villoro, con quien vas a estar compartiendo esta sesión extraordinaria donde van a recibir el Honoris Causa, ha planteado que parece que va vamos a ver pronto el fin de esta literatura autobiográfica, autorreferencial donde exponentes como el tuyo, puedo pensar en Emmanuel Carrere o en Javier Cercas y en otros escritores, escritoras que han hecho autorreferencia para poder crear a partir de su propia historia algo que pueda acercarse a una historia universal. ¿Tú hacia dónde crees que vaya la autorreferencia en la literatura? ¿Crees que estamos cerca del fin de eso?

CRV: Qué interesante que mencionas eso, porque yo no creo que haya literatura más autorreferencial que la que escribieron los hombres de mediados del siglo XX cuando contaron sus historias íntimas, nada más que las ponían en tercera persona del singular, ¿no? El joven que se enamoraba de la muchacha, tenían sexo, después él se iba, toda esta trama que era totalmente autorreferencial, que era su vida, eran los mismos lugares, los mismos amigos y todo, lo único que hacían era que lo ponían en tercera persona. Esa es la literatura más autorreferencial de la que puedas tener idea, nada más con la trampa de la tercera persona y eso es uno de los conflictos que yo tengo con la ficción.

Por otra parte, yo creo que vivimos en un mundo y más ahora con la inteligencia artificial, con un hambre de lo que llamamos lo real. Y este real a veces se expresa con la primera persona del singular, la primera persona del plural literariamente hablando, a mí no me interesa y no practico, una literatura ensimismada del yo. No me interesa lo más mínimo. Por eso en mis libros hay una investigación amplia, de fuentes muy diversas, donde precisamentelo que se critica, lo que entra en cuestión es esta idea del individuo, del individuo como en un concepto neoliberal, de esta persona que cree que se hace solo, usualmente son hombres los que piensan eso. Y a partir de ahí elaboran sus historias. A mí eso no me interesa.

Me interesa crear contextos en constante movimiento y en constante, digamos, interrogación primero sobre el ejercicio de la escritura, la relación de la escritura con el mundo. Pero todo eso tiene que pasar por investigación, que no es una investigación centrada en el ombligo propio, sino en contextos mucho más amplios, partiendo de una idea de lo personal y lo íntimo completamente y orgánicamente conectado a una colectividad más amplia. Esa literatura, a mí me interesa mucho y yo creo que se ha estado practicando y se va a practicar por mucho tiempo.

Va a haber transformaciones estéticas, por supuesto, porque todo depende de la condición del lenguaje con la que nos enfrentamos. El gran reto que tenemos ahorita, por supuesto, es la inteligencia artificial. Vamos a ver qué hacemos con estas máquinas que están retroalimentándose no solo de lo que hacemos y pensamos, sino de lo que vivimos, es más, de lo que ni siquiera sabemos y nos imaginamos. Yo creo que vienen retos más amplios ahí.

Pero para mí la inclusión de la investigación, de la incorporación de otras escrituras, y de un énfasis muy material en el proceso de escritura y en el proceso de contar, yo creo que eso tiene vida para rato.

A: Ya por último y agradecerte mucho estos minutos que me regalas. Justo uno de los que mencioné, Javier Cercas, acaba de decir en una entrevista que la gran literatura no es una literatura de causas, que los escritores no son jueces, que están ahí para plantear una historia para tratar de no volver a repetirla. ¿Tú compartes esa postura?

CRV: Pero eso es una causa, ¿no? O sea, contar una historia para no volver a repetirla es una causa.

Yo creo en una literatura manchada de realidad y en contacto orgánico, corporal, físico, material con todo el entorno. Es más, no creo que haya una separación entre el entorno y la experiencia de la escritura, y creo que parte de su trabajo es dirimir esas muchas conexiones materiales, yo creo que hay esta visión de la literatura como un campo autónomo, donde es una literatura que se ve como separada de causas o separada de lo que en su época se llamó compromisos, ¿no? Digamos que esa es una visión que le corresponde históricamente a la literatura del siglo XX.

Y creo que como te decía antes, hay mucha conversación histórica al respecto denostando este tipo de posicionamientos y hay buenos libros escritos desde ahí también, o sea, finalmente quién es quién para dictar qué se tiene que hacer y qué no se tiene que hacer. Lo cierto, es que en términos de la discusión literaria contemporánea, cuando hablamos de estéticas desde el activismo, cuando hablamos de esta conexión entre literatura y presente, por ejemplo, para poderlo hacer tenemos que dejar atrás la noción misma de la literatura como un campo autónomo. Y a mí me parece que hemos crecido mucho, me interesa esa discusión. Este tratar de meterse en estas múltiples conexiones de lo literario. Algunas veces se hace bien, otras no se hace bien, yo creo que estamos en el proceso de dirimir, con qué nos vamos a quedar finalmente como futuros lectores y también como futuros escritores.

Redes Sociales

Noticias por WhatsApp

Recibe nuestras notas directo en tu WhatsApp

Notas Relacionadas