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España, (12 de Abril).- ‘Cobain: Montage of heck’ puede ser la biografía audiovisual definitiva sobre el difunto líder de Nirvana. No sólo porque el documental, el primero totalmente autorizado, cuente con la aquiescencia de la familia de Kurt Cobain (su hija, Frances Bean Cobain, ejerce como productora ejecutiva de la cinta y la viudísima Courtney Love ofrece jugosas declaraciones durante el metraje, además de participar también en su promoción), sino porque la cantidad de material inédito del protomártir del ‘grunge’ es absolutamente abrumadora.

La película, que se estrena el 23 de abril en España, ha sido dirigida por Brett Morgen (‘The kid stays in the picture’ y ‘Crossfire Hurricane’) y ofrece un crudo relato de los 27 años de vida de uno de los músicos más influyentes del último cuarto de siglo. Por sus 132 minutos desfilan familiares y amigos que pretenden aportar algo de luz a la tormentosa vida del mito. Como complemento, el director ha tenido acceso a todo tipo de documentos íntimos del artista: diarios, grabaciones caseras, fotos paternas, dibujos (que en la película se convierten en animaciones), vídeos familiares… Todo, absolutamente todo. Un ‘access all areas’ de los de verdad.

Por ‘Cobain: Montage of heck’, presentada internacionalmente en la pasada Berlinale, revolotea la incógnita de cómo un niño aparentemente feliz, al que le gustaba dibujar a Goofy, Los Picapiedra o Frankenstein, termina, dos décadas después, volándose la cabeza cuando estaba en lo más alto de su carrera. “Lo cierto es que yo no soy el mayor fan de Nirvana”, asume el director, con su pinta de estrella del rock desfasada, en una entrevista con EL MUNDO, pocas horas después de su premiere berlinesa. “Nunca me planteé hacer esto porque fuera fanático del grupo. Lo que me interesó es que en realidad no sabíamos nada de Kurt Cobain. Sólo lo conocíamos por sus canciones y sus letras, que era su manera de expresarse.Mucho de lo que se ha escrito sobre él es pura fantasía. Kurt odiaba las entrevistas. Tener a un periodista sentado a su lado le aterraba. De hecho, es muy complicado encontrar honestidad en ninguna de las entrevistas que hizo”.

Comenzando por su infancia en Aberdeen (Washington), el documental muestra los primeros escarceos de Cobain con la heroína, las relaciones con su familia o sus primeros descubrimientos musicales hasta su fulgurante ascenso como icono de la generación grunge y su posterior suicidio en 1994. “Lo que más me sorprendió al rastrear en sus documentos fue la historia de su pérdida de la virginidad -comenta Morgen-. Para mí fue un shock, sobre todo porque nadie la conocía. A Kurt le gustaba grabar cintas contando historias y escuchando una de ellas, que nadie había vuelto a oir, me encontré con este testimonio. Primero escribió la historia y luego la grabó interpretando la escena. Probablemente ahí estén buena parte de las claves para entender la vida de Kurt”

Una vida que, según todas las biografías de Cobain, quedó marcada por el divorcio de sus padres. “Su primera reacción fue de vergüenza”, explica el realizador. “Recuerdo que mis padres se separaron cuando tenía la misma edad de Kurt, siete años, y mi primera reacción fue echarme la culpa. También me sentía muy solo, pero nunca sentí vergüenza. Es algo muy interesante para analizar porqué, además, Kurt no podía soportar el ridículo. Si lees sus diarios o, incluso, sus letras siempre ves las mismas palabras reciclándose una y otra y otra vez. Son sus sospechosos habituales. Por eso, si sigues el camino hasta el final, hasta los últimos días de su vida, todo empieza a cobrar un nuevo sentido, empezamos a ver las cosas de un modo que jamás las habíamos visto. Y lo que encontramos no es un chico que buscaba la fama, sino que buscaba una familia y ser aceptado“.

Algo paradójico si tenemos en cuenta que Tracy Marander, su primera novia, recuerda en el filme que Cobain no pretendía hacer de Nirvana una banda de bar o un grupo de versiones. Él quería algo más: tener éxito. “¡Por supuesto! ¡Es que Kurt era muy ambicioso!“, apunta Morgen. “Es una paradoja, pero es que él era así. ¡Kurt Cobain era una contradicción andante! Incluso cuando era adolescente, cuando quería un padre, una madre y un hogar feliz, también se rebelaba contra eso, contra lo que en el fondo deseaba”.

Eso sí, Morgen no comulga con la famosa teoría, mantenida por buena parte de los “cobainólogos”, que asegura que el divorcio paterno fue el principio del fin para el compositor de “Smells Like Teen Spirit”. “Esa teoría acerca de la supuesta felicidad de Kurt antes del divorcio de sus padres es un mito”, afirma. “Si ves la película te das cuenta de que, en los vídeos o fotos, sólo se le ve realmente feliz hasta los tres años, justo hasta el momento en el que nace su hermana Kimberly. A partir de ahí, cambia. Por supuesto que hay momentos de felicidad y alegría, pero no es lo mismo. Durante sus primeros tres años de vida, él es el centro de atención de todo el mundo, pero eso súbitamente desaparece y el foco se aleja de él. En el filme no hablo de esto ‘per se’, pero visualmente está todo ahí. Pero bueno, yo no soy un terapeuta, sólo soy un director de cine(risas)”.

Con los ojos como sartenes

Otro de los momentos más sorprendentes del documental son los pasajes en los que se muestran las cintas de vídeo caseras grabadas junto a Courtney Love, en su mugriento apartamento de Los Ángeles, en las más prosaicas circunstancias de su vida marital: lavándose los sobacos, afeitándose, retozando en la cama con los ojos como sartenes o jugando torpemente con una recién nacida Frances Bean. Unas insólitas escenas que no dejan en muy buen lugar a la pareja, que ya se encuentra en plena decadencia heroinómana. Quizá tenga razón Krist Novoselic, el bajista de Nirvana, cuando en un momento del documental confiesa: “No era sencillo ser la banda más grande del mundo en ese momento. Yo tenía vino y cerveza para sobrellevarlo. Kurt tenía heroína”.

Y es que la película no escamotea ningún pasaje escabroso de la vida del padrino del grunge. “La familia no decidió en ningún momento cuál material utilizar y cuál no”, asegura Morgen. “De hecho, vieron la película cuando ya estaba terminada. Me enviaron todo el material que tenían y siempre creyeron en mi trabajo, así que yo siempre tuve la última palabra sobre todo el metraje. Cuando Frances la vio por primera vez, me dijo que era la película que estaba esperando que hiciéramos. Y luego me dio la gracias por devolverle durante dos horas al padre que nunca tuvo“.

A los que sí se echa en falta es a la propia Frances y a Dave Grohl, el batería de Nirvana y tercera pata del grupo. Morgen se defiende: “El filme fue idea de Frances, pero ella no tiene ningun recuerdo personal de su padre [no tenía ni dos años cuando éste falleció], con lo que no veo mucho sentido utilizar sus declaraciones. Con respecto a Dave… Nirvana tuvo unos diez miembros y Dave fue el tercer o cuarto batería. Por el contrario, Krist [Novoselic] fue la única persona que estuvo allí desde el principio, además de ser de Aberdeen, como Kurt. Si hubiera querido hacer ese tipo de filme, tendría que haber hablado también con Butch Vig [productor de ‘Nevermind’], Steve Albini [productor de ‘In Utero’], Billy Corgan o con gente de Soundgarden. Pero esta no es esa clase de películas. Este es un film mucho más íntimo, centrado más en las relaciones personales y en la vida de un joven en la búsqueda de su propia identidad y de una familia. No tiene nada que ver con la cultura de la celebridad y tampoco es una cinta sobre Nirvana. Nirvana es sólo una parte de esta historia“.

Fuente: El Mundo

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