La seguridad pública es el problema sin solución de todos los gobiernos democráticos de los últimos tiempos; nada parece que puedan hacer para combatir al crimen y muchos menos para proteger a la gente de la violencia.

Vaya paradoja, los gobiernos que han sido elegidos con el voto de los ciudadanos no pueden cruzar ese pantano, mientras que los autoritarios vivían felices y pasaban a la historia con fama de eficaces

Pero tiene lógica, los gobiernos autoritarios no tenían que cuidar sus reelecciones, ni tampoco su nivel de aceptación en las encuestas; esas herramientas que en las democracias avanzadas le permiten al gobierno tomar mejores decisiones, terminan siendo una camisa de fuerza para las democracias débiles o inservibles, como la nuestra.

La democracia electoral ha producido gobiernos blandengues, carentes de autoridad, pese a la fuerza que les debe dar el voto, y es en el tema del uso de la fuerza en el que se quedan más cortos, lo que a final de cuentas está bien; es preferible un gobierno de bobos que no saben qué hacer con la fuerza pública, que un gobierno golpeador y represivo.

Los gobierno prefieren abdicar de su deber civil de procurarnos una vida tranquila, y entregan el mando de la fuerza pública militares en retiro, o en activo con licencia, muchas veces auténticos soldados de la Patria, y la mayoría de las veces unos chapuceros empedernidos, que con el petate del muerto de su experiencia se venden mejor que ni vedetes veinteañeras.

La carrera de las armas no otorga experiencia para enfrentar la criminalidad civil y la violencia en las calles de nuestras ciudades, el día que los soldados lo entiendan dejarán de ofrecerse para policías.

Pero si el responsable de las instituciones administrativas ejerce por sí mismo una tarea que la Constitución le asigna, o nombra a sus compadres, o a sus cuates, o a un rezandero con estrellas, ese es problema de él, el nombrado es parte de la servidumbre oficial que ordena la ley, pero el responsable es el que lo nombró.

En el caso del Estado el responsable de todos los nombramientos es Juan Manuel Carreras López, en el caso de los municipios de Soledad de Graciano Sánchez y San Luis Potosí son Gilberto Hernández Villafuerte y Ricardo Gallardo Juárez; en cada municipio la ciudadanía votó por un Presidente Municipal, un cabildo y síndicos, ellos son los responsables.

Cuando Juan Manuel Carreras López nombró al gabinete se hizo evidente un muy oculto defecto de su personalidad, puesto que designó a personas con un perfil muy bajo, con la clara ventaja de que él luciría gigantesco, pues cómo no.

Gilberto Hernández Villafuerte, Presidente de Soledad, no tuvo margen de maniobra para escoger a su gabinete, al final tuvo que reiterar lo que en los seis años anteriores tuvo ese municipio, si acaso nombró a dos excelentes funcionarios, y el resto, los mismos que sirvieron bajo los Gallardo; incluso se ha tenido que tragar los sapos de reacomodar como funcionarios a algunos que primero fueron de la capital, y despedidos, como la enfermera militar Jacobo, o a “activistas”, para que reciban un sueldo.

Ricardo Gallardo Juárez, el ex edil soledense –hoy capitalino– conformó un equipo de trabajo que obedece a su deseo de unir a diversos grupos y personas que le sirvan de utilidad para que su proyecto político avance, desde quienes vienen del profundo y antiguo PRI, hasta las buenas conciencias o de familias de la nobleza potosina que lentamente se han ido; al final sobraron espacios y faltaron personas de su confianza, por eso vemos de todo, como en botica.

En el Gabinete de Carreras nadie compite con nadie, breves, cortos, pequeños, todos esperan que les llegue la beatífica sonrisa de su jefe, o que por lo menos no los desampare, la nómina es la nómina.

En el gabinete de Hernández Villafuerte nadie compite tampoco, pero porque no es necesario, el Presidente –Dios lo ayude– puede opinar lo que él quiera sobre los funcionarios y hasta enojarse, al final no es él quien los aprueba o rechaza, y desde luego ni hablar de remover a alguien.

Gallardo sí que se erige en señor y dador de vidas y haciendas, si acaso recibe la opinión de su hijo homónimo, pero fuera de ello sólo su sabiduría es la que puede encumbrar o desbarrancar a alguien, no sólo en el ayuntamiento capitalino que hoy preside, sino en el de Soledad.

El común denominador de las personas que trabajan con Gallardo es su precariedad en los puestos, porque si el ex edil soledense se enoja con ellos, salen con más rapidez que un tapón de sidra, por ello la disputa habida en el gabinete municipal es por ver quién expresa de mejor y más novedosa manera su amor y veneración por él, incluso cuando es evidente que se equivoca; los más experimentados optan por mejor callarse, como el Secretario Aranda, “es que es de mecha corta…”, justifica.

La mesa que más aplauda, el funcionario que más se agache, el empleado con la lengua más aterciopelada, el que le diga más bonito “don Ricardo”, el que publique más insultos en contra de los críticos del ex edil soledense –hoy capitalino–, el que con mayor rapidez comparta sus vídeos o publicaciones en las redes sociales, el que use con más ternura la palabra “pollito”, el que mejor tolere sin deslumbrarse la intensidad del amarillo señalética, ese será llamado al tabernáculo.

Parafraseando al clásico, “haiga sido como haiga sido”, mientras que el Gobernador huye de su responsabilidad y deja que el subsecretario de la Defensa Nacional le nombre a su encargado de la seguridad, aunque el ya retirado militar nombrado sea hoy día más un hombre de rezos que de armas; el Presidente Soledense no puede ni contratar o correr a su chofer, y el capitalino se solaza y excita con el olor del incienso y las loas que le arrojan, la ciudadanía sufre, llora a sus muertos, pierde sus bienes y vive en zozobra.

Carreras López ha de pensar que mientras el subsecretario Sandoval esté contento con el General secretario “de diez”, no importa que el delito nos tenga con el semáforo en rojo en todos los rubros y a la gente sufriendo la peor embestida criminal de la historia.

A Hernández Villafuerte y a Gallardo Juárez poco les importa, porque hay un “mando único” y al final ellos no son los responsables, incluso el ex edil soledense –hoy capitalino– reclamó recientemente que lo anduvieran embarrando en el lodazal criminal de la zona metropolitana: “Recuerda también que hay un Mando Único, porque de repente, desde luego le echan la culpa a los municipios y no se vale”.

Temario

  • Esta semana la violencia siguió imparable, asaltos a cuentahabientes y desenlace fatal a balazos; jóvenes asesinados cuyos cuerpos fueron arrojados como bolsas de basura en el río Santiago, pero no desespere, la estrategia del General secretario “de diez” sigue igual, recemos porque algún día se cansen los criminales de burlarse de la ley, y de él.
  • Si no perdió de vista el tema, dé cuenta con que la Asamblea de Vagos rechazó los llamados “matrimonios igualitarios”… El coro fue armonioso, los más “dignos” se abstuvieron, los más vivillos se ausentaron, unos poquitos hicieron honor a la sociedad votando en contra y el resto tocó por nota; vagos desvergonzados y morbosos, que desean seguir husmeando bajo las sábanas de las parejas.
  • Murió Fidel Castro Ruz, el único referente de resistencia frente a los excesos y abusos del poder económico y político de los Estados Unidos de América que durante décadas encarceló al pueblo Cubano y éste resistió hasta el martirio; no murió un demócrata, sino el Comandante en Jefe de una revolución acorralada y demonizada. Fidel cambió la historia, para bien y para mal, y ahora que no está, quedan abiertas las compuertas para el regreso de la peor ultraderecha del mundo, cheque lo que está pasando en Estados Unidos, Francia, España y Alemania.

Leonel Serrato Sánchez

unpuebloquieto@gmail.com

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