Astrolabio

 

Ciudad de México (01 de abril de 2016).- El día en que el poeta y ensayista Octavio Paz cumplió 80 años de edad, no paró de sonar el teléfono marcado con el número 511-38-20 y los regalos hicieron fila en la recepción del departamento de Río Guadalquivir, en la colonia Juárez. Llamó el presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari, y también llamó el editor del Fondo de Cultura Económica, Miguel de la Madrid. Llamó el subdirector de la revista Vuelta, Enrique Krauze y también llamaron el filósofo Ramón Xirau, el poeta Alejandro Rossi y el joven crítico de literatura Christopher Domínguez. La celebración del más importante intelectual mexicano de fines del Siglo XX ocupaba numerosos espacios públicos, con afecto, pero también con fuertes críticas.

Justo el día en que Paz cumplió 80 años de vida, el periódico Unomásuno publicó una encuesta inquietante sobre la percepción pública de su persona y su obra. Ese 31 de marzo de 1994 cien estudiantes, de cuatro universidades públicas y privadas –UNAM, UAM, Ibero y Universidad Intercontinental—,  criticaron “los vínculos del poeta con Televisa, sus posturas ante el conflicto en Chiapas y el ambiente snob que lo rodea  y aleja a los lectores de su obra”.  Cuatro años antes, el autor de 43 libros de poesía y ensayo, entre los que destacan El laberinto de la soledadEl arco y la lira  y  La llama doble, había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
Los jóvenes de entonces manifestaban una actitud hosca hacia Octavio Paz, evaluación que le ha acompañado incluso hasta después de muerto:admiración y rechazo.  Los principales argumentos para criticarle: sus confrontaciones con la izquierda,  el no tomar partido por una sola ideología, el haber luchado del lado de los republicanos españoles y luego haber criticado al régimen de la Unión Soviética; el haber sido diplomático al servicio de los regímenes surgidos del PRI y después ser uno de sus principales críticos; el  defender la libertad de pensamiento y, al mismo tiempo, mantener una activa cercanía y presencia en pantalla con la cadena de televisión Televisa.
¿La respuesta de Paz ante estas críticas? Argumentar que la base de su pensamiento es la defensa de la libertad y que la ideología pura, como la ignorancia, corroe y mata.
Nacido en plena Revolución Mexicana, en 1914, el autor de Libertad bajo palabraEl ogro filantrópico y Árbol adentro tuvo desde la cuna diferentes influencias ideológicas y políticas: su abuelo, Irineo Paz, era un soldado retirado del ejército de Porfirio Díaz; en tanto que su padre, Octavio Paz Solórzano, fue escribano y representante de Emiliano Zapata, uno de los más acendrados críticos del régimen porfirista.
Desde su infancia, en el antiguo pueblo de Tacubaya, Paz deseaba “hacer del mundo una poesía”, pero más adelante, según confesó el mismo en su libro La llama doble prefirió “hacer poesía del mundo”.
Su ojo crítico y su pensamiento liberal le hicieron amigo de los surrealistas. Su rechazo a los gobiernos totalitarios le llevaron a formar parte de la Liga de Escritores Antifacistas. Sin embargo, su verdadera actividad política se concentró en el ejercicio del pensamiento sin matrimonios ideológicos, sólo guiado en la libertad de su conocimiento y su conciencia. Esta falta de equipo político le llevó a fuertes confrontaciones con líderes de opinión, como los ex dirigentes del movimiento estudiantil del 68 o con los fundadores del Partido de la Revolución Democrática, o los defensores del movimiento de liberación indígena que encabezó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Criticado y poco conocido.

Octavio Paz murió a los 84 años de edad, un año y cuatro meses después del incendio que destruyó su biblioteca personal, colección de pinturas y archivo, en su departamento de Río Guadalquivir, poco antes de la noche de año viejo de 1996. En ese momento ya circulaban en librerías los 14 volúmenes de sus obras completas, editadas por el Fondo de Cultura Económica. Su voz y su palabra penetraban en la clase política e intelectual con alta influencia, pero su rechazo entre los jóvenes no se había modificado, como lo había indicado la encuesta de Unomásuno  del 31 de marzo de 1994.
De los cien estudiantes entrevistados, 50 informaron haber leído El laberinto de la soledad. Otros 20 dijeron sólo conocer sus textos en la revista Vuelta y todos afirmaron haberlo visto dar opiniones en Televisa.  El grupo de encuestados tenía entre 18 y 32 años, siendo el promedio de edad de los encuestados 22 años, en 1994. Entre ellos había estudiantes de Letras, Comunicación, Biología, Relaciones Internacionales, Matemáticas, Actuaría, Ingeniería Mecánica y Computación.
Sus libros más leídos entre ese grupo: El laberinto de la soledad, El ogro filantrópicoPostdataLa llama doble y el prólogo del libro  Las enseñanzas de Don Juan.
Al preguntarles su opinión del escritor las respuestas fueron duras, como las siguientes: “Es un escritor cuyas opiniones tienen mayor peso sobre otros intelectuales. Es ejemplar, pero sus ideas no van con las mías”; “Como escritor es muy bueno, como poeta es excelente, pero no me gusta que entre en el terreno de lo político”; “Me parece que ya está un poco senil. Su posición sobre Chiapas me parece equivocada, reaccionaria y poco avanzada”; “Parece que el convivio que tuvo con André Bretón le afectó la cabeza”. Una de las respuestas más temerarias fue de un estudiante de Economía de la UAM que dijo sobre Paz: “Es pura publicidad. De hecho sí hay literatura y digamos que es buena, pero te aseguro que no es de él y por buenas fuentes yo lo sé porque estuve en un evento con él”.
La mayoría le reconocía gran capacidad intelectual, pero tres lo llamaron “el sabio de Televisa”, diez dijeron que sus opiniones sobre Chiapas favorecían al gobierno de Carlos Salinas de Gortari y uno más dijo que el poeta había tenido una ruptura con su obra y con su propia persona.
Más de la mitad de los encuestados dijo que no volvería a leer un texto de Octavio Paz. Aparentemente, sin importarles la manera como su pensamiento era valorado en muchos grupos de México y el extranjero, los jóvenes lo preferían a la distancia.
Cuando se les preguntó qué le desearían a Octavio Paz en su cumpleaños 80, las respuestas fueron las siguientes: “Que se la pase bien”, “Que se la pase a toda madre”, “Que siga escribiendo”. También hubo quien dijo “No me siento al grado de mandarle un mensaje”.
Dos mujeres, jóvenes estudiantes, resumieron cómo se percibía la relación de Paz con los jóvenes, la cual terminó por no sanjarse:
Una joven estudiante de Pedagogía de la UNAM, de 26 años, le dijo, en la encuesta de Unomásuno: “Ojalá que entienda un poco más la posición de los jóvenes, porque él actúa en una posición de ‘no me quieren, pues me enojo. Yo le pido que termine sus controversias con Carlos Fuentes, que separe su imagen de la de Televisa y, si puede, que me dé una entrevista jajajajaja…”
Otra joven alumna de Administración, de la UAM-Xochimilco, de 18 años concluyó diciendo: “Si buscara la forma de acercarse a los estudiantes, otra cosa sería, pero está muy enfocado en la política. Me gustaría que se acercara a las universidades si quiere decir un mensaje, porque es un mexicano importante y debería ser un ejemplo”.
Paz no tuvo ya fuerza, deseo o tiempo de acercarse a los jóvenes. Mantuvo su presencia en los círculos de influencia intelectual, política y económica. Las lecturas de su obra no crecieron, aunque las críticas y ataques hacia sus posturas le acompañaron hasta su último suspiro. En uno de sus textos Paz afirmó que, muchas veces, ser desconocido era mucho mejor que ser mal conocido.
El poeta de Tacubaya murió en 1998 en una casa que el gobierno federal le dio en comodato tras un incendio de su departamento. La casa colonial, de avenida Francisco Sosa, donde hoy es la sede de la Fonoteca Nacional, en Coyoacán.
Fuente: La Silla Rota.

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