Astrolabio

Por Oswaldo Ríos Medrano

El segundo informe de Juan Manuel Carreras fue, como su estilo personal de gobernar, una oda a la tibieza.

Un burócrata que no transmite autoridad y un mensaje que suele quedarse a medias hicieron que otra vez, de poco sirvieran los millones de pesos despilfarrados en espectaculares, portales de internet, transmisiones en vivo y periodiquitos entregados en la vía pública, para tratar de anclar la idea de que San Luis va muy bien. No, San Luis no va bien, y esa es la terca realidad que existe afuera de la burbuja del Corredor Constitucional del Estado.

El informe se realizó en el Centro de Convenciones, obra emblema de Marcelo de los Santos, cuestionada demagógicamente por los gobiernos priístas, pero su lugar predilecto para llevar a cabo informes y convenciones partidistas. El besamanos fue convocado a las 17:30 horas, pero comenzó casi una hora más tarde por la lentitud para llenar el aforo (algunas salas habilitadas para recibir a más invitados se quedaron vacías).

Al iniciar su discurso, Carreras saludó al representante personal del presidente, el secretario de Hacienda José Antonio Meade. Tecnócrata que tiene en común con Carreras, además de la grisura, el haber sido funcionario en gobiernos albiazules y tricolores, y ser amigo por igual de Felipe Calderón que de Enrique Peña Nieto. Carreras fue en San Luis Potosí, un candidato priísta empanizado y lo mismo quiere ser Meade como aspirante presidencial en 2018. La presencia del dirigente nacional priísta Enrique Ochoa y la significativa representación de Meade, podrían ser indicativas del dedazo que viene. Otra lectura es que, si Calderón no logra tener candidata en el PAN, bien puede procurárselo en el PRI.

En su toma de posesión, entre gobernadores en funciones y electos, acompañaron a Carreras 14 mandatarios. Para su primer informe, ya solo asistieron la mitad, 7. En este segundo informe, hicieron acto de presencia, solo 3. La devaluación política de Carreras es evidente y exponencial. Si sigue así, para el quinto año de gobierno solo lo va a acompañar medio gobernador, es decir, se va a quedar solo.

Únicamente dos exgobernadores lo acompañaron: Horacio Sánchez Unzueta y Teófilo Torres Corzo. Ambos participan activamente en el gobierno carrerista: la diferencia entre uno y otro, es que Horacio trabaja para Juan Manuel, mientras que Juan Manuel trabaja para Teófilo.

De los diputados locales, solo saludó por su nombre al amigo personal de Manuel Barrera y su sucesor en la Directiva, Fernando Chávez. A los alcaldes, los refirió en bola, no tuvo la deferencia de saludar por su nombre al de la capital Ricardo Gallardo, municipio sede del ejercicio. Tampoco mencionó a senadores, ni a diputados federales.

El mensaje comenzó agenciándose los esfuerzos de la sociedad civil por solidarizarse con los mexicanos afectados por el sismo del 19 de septiembre dando un excesivo mérito a la dependencia que dirige su esposa, el DIF estatal, y omitiendo por supuesto, que según información publicada por algunos medios, a la ayuda que donaron potosinos bien intencionados se le impuso el membrete del gobierno del estado. Por supuesto, a quien osó pedir explicaciones, la inquisición gubernamental le hizo víctima de linchamiento en redes sociales. ¡Quién iba a decir que lxs funcionarixs que ahí despachan tuvieran la piel tan delgadita! Si cuando eran oposición, sus “críticas” eran insultos soeces, mofas por el color de la piel y difamaciones sobre la vida privada.

Carreras continuó su informe aludiendo timorata y pusilánimemente a la vergonzosa exhibición del video escándalo de la ecuación corrupta. Sin referir los hechos, sin mencionar nombres, y sin referir alguna actuación de su gobierno, Carreras impostó una patética perorata pretendiendo erigirse como espada de Damocles, cuando en todo este sainete no ha sido sino vil solapador de los corruptos.

Gracias a él, a su protección y su complicidad, Manuel Barrera pudo seguir siendo diputado y presidente de la Directiva. Tan solo un día antes de la vergonzosa sesión en la que el legisbufón José Luis Romero exhibió el letrero #TodosSomosBarrera, los alegres Manueles (Barrera y Carreras), habían compartido el presídium en el fastuoso e inútil acto de presentación de la Policía Metropolitana. Además, la Procuraduría de Carreras tampoco ha castigado a Enrique Flores y su Secretaría de Gobierno, está pactando para los próximos días, el regreso de los otros dos elementos de la ecuación corrupta: Óscar Bautista y Guadalupe Torres.

Desparpajando cinismo, a pesar de que desde el inicio Carreras fue un férreo opositor a que lo despojaran de ese privilegio, presumió la eliminación del fuero en el Congreso, misma que a 10 días de aprobada sigue siendo letra muerta, ¡porque él no se ha dignado a publicarla!

Luego se ufanó de haber presentado la famosa 3 de 3. No dijo por supuesto que ese ejercicio es valioso siempre que se haga sin simulaciones u ocultando información sensible. En la suya, por ejemplo, su participación en la propiedad del boyante Instituto de Educación Productiva se encuentra diluida. Esa institución educativa tiene su edificio sede en el tramo recién remodelado de la avenida Carranza (por cierto, muchas voces decían que esa obra no era necesaria) y según diversas notas periodísticas, ha acrecentado su patrimonio inmobiliario adquiriendo propiedades en la zona, concretamente, en el famoso Callejón del Cariño. ¡La buena suerte les sonríe porque ahora con la remodelación, han incrementado notoriamente su plusvalía! Lo malo es que eso no viene en la 3 de 3.

El momento mandón del informe, fue cuando Carreras le ordenó al público aplaudir las acciones para combatir los secuestros. Lo jocoso fue que le obedecieron. Quizá porque no sabían que los primeros dos años del gobierno de Marcelo de los Santos se presentaron solo 4 secuestros; en el mismo periodo del gobierno de Toranzo, 47; y en idéntico lapso de Carreras 51 secuestros.

A los priístas que ahora en el gobierno piden no politizar la seguridad pública y que cuando fueron oposición lucraron cuanto quisieron con ese asunto, al grado de inventar en sus campañas electorales que la violencia en las calles llegó con la alternancia, vale la pena regalarles un dato. Número de homicidios dolosos durante sus primeros dos años de gobierno: Marcelo De los Santos, 372; Fernando Toranzo, 747; y Juan Manuel Carreras 693. Todo claro.

Otro espacio tragicómico del informe, fue la pomposa presentación de las “magnas” obras de este gobierno. Más allá de observar con mayores evidencias, la funcionalidad y eficacia de la remodelación de Carranza y el dren del Río Santiago, lo relevante es que las muy presumidas obras del Metrobús, la reparación del puente El Cascabel o los brazos del Distribuidor Juárez, solo existen en la imaginación de Carreras. Si obras son amores, las de Carreras siguen siendo palabras que se las lleva el viento.

¿Y no hubo ningún momento positivo en el informe? Claro. Una ovación fue sincera y merecida: la que le dieron al niño Carlos David Santiago López, primer lugar en la Olimpiada Nacional de Conocimiento en la modalidad de primaria indígena, por mucho, la estrella del evento. ¿Y no hay nada en lo que sí vayamos bien? Sí, San Luis Potosí es de los pocos estados que registran un notable crecimiento económico, eso es indudable. Nada más que el gobierno no dice que mientras nuestra entidad creció el primer trimestre del año a una tasa de 5.2%, de nuestros vecinos, Guanajuato lo hizo a un 5.9%, Querétaro a un 6.0% y Aguascalientes a un 8.8%.

“Fríos o calientes porque tibios los vomito”, dice una notable paráfrasis bíblica (Apocalipsis). El informe de Carreras, como su gobierno, fue tibio hasta la náusea. Cómo estaría de soso que José Luis Ugalde, aun cuando anda en campaña, solo aguantó media hora y se salió porque seguro tenía mejores cosas que hacer, ¡ver Netflix por ejemplo! Hizo bien.

En el momento culminante de su discurso, Carreras debía arengar con voz estentórea, enardecer la mirada, saltar las venas del cuello, enrojecerse como tomate y sin dejar de ver el telepromter gritar con denuedo verosímil: ¡Viva México! ¡Viva San Luis Potosí! Pero lo que hizo fue un vil remedo: con sonsonete cansino, tono flemático y actitud indolente, soltó un “viva mexico” y un “viva san luis potosi”, así, minúsculo y sin acentos. Para coronar su enclenque remate, Carreras cerró los ojos y agachó la cabeza. Lo suyo, lo suyo, es vivir en diminutivo. Carreritas.

Lo bueno es que una parte del público era muy facilona. En las primeras filas, Alejandro Segovia, el mismo que en la tribuna del Congreso gritó que Carreras “no tiene huevos”, aplaudía por todo, como si estuviera matando moscas en una carnicería. A su lado, el flamante presidente de la Junta de Coordinación Política, el diputado Jorge Luis Díaz Salinas, quien fue injustamente criticado por haber viajado a Alaska sin aprender nada, les demostró a sus detractores que sí aprendió algo: a aplaudir como foca. Lo hacía cada que Carreras respiraba.

50 minutos y 50 segundos duró la lectura del informe. Luego de eso, Meade dio un mensaje infumable que terminó con una frase con supuesto cuño de “potosinidad”, pero que en realidad es propia de un estamento moralino y elitista que nada tiene que ver con la tradición liberal e igualitaria del San Luis de la Patria: “¿Qué van a decir los Meade y el padre Peñalosa?” Nada. Ese San Luis Potosí subyugado por los prejuicios de sus élites ya no existe. Mal por los hacendados, peor por los tibios.

 

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