Por Victoriano Martínez

Hace unos 50 años, hablar de paracaidistas en la mancha urbana era referirse a grupos de personas sin vivienda que invadían predios abandonados e incluso formaban colonias en las que vivían de manera precaria.

“Las colonias paracaidistas (invasiones) se forman en la periferia de la ciudad, pero cuando la ocupación ha sido legalizada mejoran su vivienda, poco a poco mediante autoconstrucción y por la intervención del gobierno que instala servicios”, describió Peter M. Ward, profesor del Departamento de Geografía de la University College London, en 1977.

De esa manera distinguía las colonias de paracaidistas de las ciudades pérdidas, en las que “predomina el inquilinato. Éstas están distribuidas en el centro y anillo intermedio de la ciudad y no muestran ninguna tendencia a mejorar su estructura física”.

El paracaidismo como invasión en propiedades urbanas no ha dejado de existir, aunque ahora sorprende que en la periferia de la ciudad de San Luis Potosí ese método de apropiación de predios –con sus variantes y ajustes– también lo han adoptado paracaidistas de mucho mayor altura: grupos inmobiliarios que desarrollan fraccionamientos de lujo y hasta secretarías de Estado.

El trabajo presentado por Carlos Rubio y Jaime Nava este miércoles en Astrolabio Diario Digital da cuenta de una de las formas de operar de los paracaidistas inmobiliarios nivel siglo XXI, que despojan a personas de escasos recursos para lograr negocios multimillonarios.

La descripción que Peter M. Ward hizo de las colonias paracaidistas en 1977 bien podría parafrasearse en los siguientes términos:

Los fraccionamientos paracaidistas de lujo se construyen en la periferia de la ciudad, mediante la ocupación ilegal de ejidos o comunidades con la complicidad de las autoridades que deberían evitarlo, y poco a poco se concreta el proyecto y la comercialización de las viviendas en tanto los funcionarios cómplices realizan el papeleo para una falsa legalización de la posesión.

No son cualquier paracaidista. Son paracaidistas inmobiliarios nivel siglo XXI, lo que significa que se trata de personajes influyentes con capacidad de control sobre la burocracia para lograr una irregular legalización de sus despojos, y contrarrestar la defensa de comuneros o ejidatarios que intenten evitar perder sus terrenos.

“Las empresas han utilizado varios métodos para hacerse de los terrenos, uno de ellos consiste en celebrar un contrato de compraventa privado para luego iniciar un procedimiento legal ante tribunales para que un juez ordene su inscripción en el Registro Público de la Propiedad ya que, al ser una compra irregular, los terrenos no cuentan con folio ni antecedentes”, reportan Carlos Rubio y Jaime Nava.

Por si el embate de los paracaidistas inmobiliarios no fuera suficiente, comuneros y ejidatarios también se enfrentan a dependencias como la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, construyó el Libramiento Poniente con la táctica del paracaidismo del me apropio y ya después peleo la regularización.

Este caso presentado en Astrolabio sobre la Comunidad de San Marcos Carmona se suma a otros más en la periferia de la ciudad, esa que alcanza la Sierra de San Miguelito y que se ha vuelto tan codiciada por los depredadores inmobiliarios.

Apenas el pasado 26 de junio, José Corpus Salazar, abogado del Frente Amplio Opositor y descendiente de comuneros de San Juan de Guadalupe, denunció en un foro el despojo por parte de desarrolladores inmobiliarios en perjuicio de los ejidos Garita de Jalisco, El Aguaje y Rodrigo y de la propia comunidad de San Juan de Guadalupe.

En cada uno hay variantes sobre el método de apropiación de los terrenos, pero en todos los casos es la invasión con la que se apropian de los predios, aunque ya no para formar colonias precarias, sino fraccionamientos lujosos que, aunque lo sean, no dejan de tener como origen un acto ilegal de paracaidistas inmobiliarios nivel siglo XXI.