¿Por qué hablar de perritos para hablar de empatía? El proyecto de Janín Garcín que lleva arte y comunidad a las periferias

María Ruiz

¿Qué puede enseñarle un perro rescatado a una niña o un niño sobre el mundo que habita? La pregunta parece sencilla, pero detrás de ella se encuentra una reflexión profunda sobre la empatía, el cuidado y la forma en que construimos comunidad.

Esa inquietud fue la que impulsó a la muralista potosina Janín Garcín a desarrollar Mestizo, un proyecto que combina arte público, educación y bienestar animal.

A través de murales, un libro para colorear y talleres comunitarios, la artista ha llevado una conversación poco común a distintos espacios de San Luis Potosí: la relación entre las personas y los animales que han sido rescatados de situaciones de abandono o maltrato.

“Me parecía importante hablar de estos vínculos porque muchas veces pensamos que el rescate solamente transforma la vida del animal, cuando en realidad también transforma profundamente a las personas”, explica Garcín.

En los testimonios que recopiló para el proyecto encontró historias marcadas por la compañía, la resiliencia y el afecto. Personas que encontraron en un perro o un gato un motivo para salir adelante durante momentos difíciles; animales que dejaron de ser invisibles para convertirse en parte de una familia.

Pero entonces surge otra pregunta: ¿por qué llevar esta conversación a las infancias? La respuesta tiene que ver con el origen mismo de la empatía.

“Las niñas y los niños entienden muy bien la importancia del cuidado cuando se les permite acercarse a estas historias. Hablar del bienestar animal también es hablar de respeto, de responsabilidad y de cómo nos relacionamos con otros seres vivos”, señala la artista.

Lejos de presentar el tema desde la culpa o la corrección moral, Garcín decidió abordarlo desde la experiencia cotidiana; por eso creó un libro para colorear que reúne historias reales de rescate y adopción. La intención era abrir un espacio donde las infancias pudieran reconocerse y compartir sus propias experiencias.

Ese diálogo ocurrió recientemente en Nuevo Amanecer, una pequeña comunidad de Cerro de San Pedro. Ahí, en una escuela rural con apenas una decena de estudiantes, los dibujos se transformaron en conversaciones.

Mientras coloreaban, las niñas y los niños comenzaron a contar historias sobre sus propios animales: perros que los acompañan todos los días, gatos que aparecieron un día en casa y nunca se fueron, pájaros que forman parte de la vida familiar.

“Lo más bonito fue escucharles. Ellas y ellos tenían muchas historias que compartir. El libro terminó siendo una excusa para encontrarnos y hablar de cosas mucho más profundas”, recuerda.

Sin embargo, detrás de la actividad existe una realidad que la artista no quiso ignorar. ¿Por qué es importante que estos talleres lleguen a las periferias? Porque muchas veces son territorios donde las oportunidades culturales llegan tarde o simplemente no llegan.

“Hay comunidades donde hace falta acercar este tipo de actividades. No porque las personas no tengan interés, sino porque históricamente han quedado fuera de muchos espacios culturales y educativos”, reflexiona.

La visita terminó convirtiéndose en algo más amplio que un taller artístico. Gracias a una red espontánea de personas que decidieron sumarse, se reunieron donaciones de fruta, uniformes escolares y diversos apoyos para las familias de la comunidad. También se integró una actividad de salud bucal para las y los estudiantes.

Para Garcín, esa respuesta colectiva confirmó una idea que atraviesa todo el proyecto: el cuidado es contagioso.

“Cuando alguien decide involucrarse y hacer algo por los demás, otras personas también se animan a participar. Eso fue algo muy especial de esta experiencia”.

En una época marcada por la velocidad y la indiferencia, Mestizo propone detenerse a observar aquello que suele pasar desapercibido, como los vínculos cotidianos que se construyen entre humanos y animales, pero también entre vecinos, familias y comunidades.

Porque quizás la pregunta inicial nunca fue realmente sobre perros o gatos. Quizás la verdadera pregunta es cómo aprendemos a cuidar, y en ese camino, Janín Garcín encontró en el arte una respuesta posible.

“Hay que escuchar, compartir historias y recordar que la empatía también se aprende, se practica y se construye desde los márgenes”.