Astrolabio

Por: Oswaldo Ríos Twitter: @OSWALDORIOSM

Andrés Manuel López Obrador ha descendido otro nivel en su acelerado proceso de descomposición política, incorporando un comportamiento que suele verse en etapas más tardías en el ejercicio del poder, pero que él ha interiorizado de forma precoz: la obscenidad.

Las consecuencias de su descaro, pueden provocar vómito en sus fanáticos, pero prefieren volver a tragarlo antes que escupirlo, con tal de no hacer saber al “sacrosanto líder” que tanto atascadero es intolerable incluso para sus elásticos estómagos.

Eso explica los desplantes de “doncella recatada” de la militancia morenista en lugares como San Luis Potosí cuando la quieren unir con personajes impresentables como Ricardo Gallardo del Partido Verde que ha sido vinculados desde hace años con actividades ilícitas.

Ante el inminente matrimonio, impuesto por su dirigencia nacional, la militancia núbil reacciona “asqueada” de que la quieran unir con tan soez pretendiente. Esto que parecería digno de reconocimiento, e incluso de aplauso, no es sino la demostración más ridícula de la asquerosa hipocresía morenista.

Quizá pocos lo recuerden, pero Ricardo Gallardo Cardona fue presidente municipal de Soledad de Graciano Sánchez en 2012 y desde siempre contó con todo el apoyo de Andrés Manuel López Obrador, entonces ambos estaban en el PRD.

En 2015, Gallardo Cardona fue detenido y encarcelado al ser acusado por los delitos de delincuencia organizada y lavado de dinero. Por supuesto que en esos años López Obrador tomó distancia de sus viejos aliados, pero para 2018 ya como presidente de la República, volvió a utilizarlos con especial entusiasmo.

Siendo coordinador de diputados federales del PRD, Gallardo y un grupo de legisladores perredistas renunciaron a ese partido (dándole una estocada letal) y le regalaron a López Obrador la mayoría calificada que le permitía modificar la Constitución a su antojo y de paso, hacerse del control de todos los órganos de gobierno de la Cámara de Diputados Federal.

Desde antes de renunciar al PRD y por supuesto con mayor apertura al sumarse al Partido Verde, Ricardo Gallardo no ha hecho otra cosa que votar a favor todas y cada una de las demenciales decisiones que se han tomado en la Cámara: desaparecer fideicomisos para académicos, artistas, investigadores, y defensores de derechos humanos; brutales recortes presupuestales a los estados; o seguir asignándole cientos de millones a obras tan faraónicas como fallidas como Dos Bocas o el Tren Maya.

¿Alguna vez la pudorosa militancia morenista objetó que López Obrador se aliara y aceptara los favores de tan cuestionable personaje? No, porque al amado líder no se le cuestiona nunca, ni siquiera cuando comete vergonzosos amasiatos con tal de destruir a México.

A partir de la descalificación absoluta de todo aquel que se atreva a cuestionarlo y el fanatismo acrítico que le prodiga su feligresía, el presidente suele moverse en un umbral de irresponsabilidad que, ante la ausencia de límites, ha perdido pudor para tomar decisiones abiertamente contrarias al sentido común y sumamente lesivas para aquellos que prometió defender: los pobres.

La impudicia para gobernar con abierto cinismo y la flagrante traición del discurso que se sostuvo en la oposición, se ha convertido en premisa de conducta del habitante del Palacio.

Obedeciendo las órdenes del presidente, Morena, el Partido Verde (Gallardo incluido) y el Partido del Trabajo, desaparecieron el Fondo de Desastres Naturales, un seguro presupuestal de valor indispensable, y apenas unos cuantos días después se presentaron lluvias torrenciales históricas en Tabasco, el estado que vio nacer a López Obrador. Los damnificados se cuentan por decenas de miles, hubo pérdida de vidas humanas y los daños materiales (casas, caminos, cosechas, puentes) son incalculables.

¿Hubo algún reconocimiento de equivocación o al menos una insinuación de rectificación ante la decisión criminal que tomaron? ¡Jamás! Mientras más se equivoca, el presidente López Obrador se vuelve más descarado.

Su reacción fue pornográfica.

Tardó días en siquiera mencionar el asunto y solo hasta que la opinión pública y las redes sociales lo exigieron a grito en cuello, interrumpió una almibarada gira por Nayarit y se dirigió a Tabasco.

¿Para qué? Para recorrer el estado en helicóptero sin mojarse ni el dedo meñique del pie; actuar de mesías aclamado por extras en el montaje de unos videos más falsos que el título profesional de funcionario morenista; y admitir públicamente que la decisión de desfogar las presas e inundar a las comunidades indígenas fue tomada por él, para evitar que el agua llegara a Villahermosa. Sí, primero los pobres.

¿Qué habría hecho López Obrador el opositor si estas conductas las hubiera tomado un presidente emanado del PRI o del PAN? ¿Qué cara descompuesta de indignación habrían tenido los virginales chairos ante estas obscenidades?

Por ahí anda un video de López Obrador exigiéndole al gobierno la reconstrucción de Tabasco. ¡Claro! Cuando era opositor inmaculado. Ahora como gobernante se dedica a la pornopolítica y sus chairos a hacerle honor al apodo.

 

 

 

 

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