Texto y fotografías de María Ruiz
Las calles de San Luis Potosí no son iguales para todas las personas. Mientras el automóvil domina la infraestructura y las decisiones públicas, quienes caminan o se trasladan en bicicleta enfrentan diariamente riesgos, omisiones y, en muchos casos, consecuencias fatales.
Bajo ese contexto, decenas de personas salieron este domingo a exigir un cambio estructural con una consigna clara: “queremos ciudades más humanas”.
En el marco del Día Mundial de la Bicicleta, la ciudadanía organizada convocó a una rodada pacífica que recorrió distintos puntos de la capital, teniendo como eje la avenida Salvador Nava. Se trató de una manifestación con sentido social, orientada a visibilizar la desigualdad en el uso del espacio público y la urgencia de garantizar una movilidad segura.

“Nos estamos reuniendo por una movilidad segura”, explicó Luis González Lira, integrante de Vida Sobre Ruedas.
Desde su perspectiva, el problema se trata de una omisión institucional que ha dejado en vulnerabilidad a miles de personas. Entre las principales exigencias, destacó la necesidad de armonizar la legislación estatal con la Ley General de Movilidad y Seguridad Vial, conocida en su propuesta ciudadana como Ley Santi.
“El Congreso tiene una deuda histórica. No podemos seguir esperando mientras las calles siguen siendo peligrosas”, advirtió.
De acuerdo con los colectivos, San Luis Potosí figura entre los estados con mayores índices de siniestros viales que afectan a ciclistas, incluyendo muertes que pudieron evitarse con infraestructura adecuada y políticas públicas efectivas.

A pesar de ello, el modelo de ciudad, y en específico de la capital potosina, continúa privilegiando al automóvil.
“Cada obra pública debería ser una oportunidad para corregir eso”, señaló González Lira, al insistir en que las calles deben diseñarse para salvar vidas, incorporando accesibilidad universal y garantizando condiciones seguras para peatones y ciclistas, pues el modelo de movilidad impulsado en la capital privilegia obras como pasos a desnivel, distribuidores y salidas rápidas, bajo una lógica centrada en el automóvil.
Esta visión excluyente, señalaron los colectivos, favorece a quienes tienen el privilegio de trasladarse en vehículo particular, mientras relega a peatones, personas con discapacidad y usuarios de bicicleta, quienes continúan desplazándose en condiciones inseguras a lo largo de la ciudad.

Y aunque no existe una cifra única consolidada, González Lira indicó que datos nacionales muestran que una gran cantidad de hogares cuentan con bicicleta, lo que confirma su uso cotidiano. Sin embargo, quienes la utilizan enfrentan ciclovías invadidas, falta de respeto por parte de automovilistas y transporte público, así como un entorno urbano que los excluye.
Durante la jornada, esa exclusión se hizo visible. La rodada avanzó de manera pacífica sobre la avenida Salvador Nava, donde por momentos los carriles centrales fueron ocupados por bicicletas, patines y peatones, en un ejercicio simbólico de recuperación del espacio público. Familias completas, jóvenes y personas de distintas edades compartieron la vía en un ambiente que contrastó con el flujo habitual de vehículos.
Sin embargo, el recorrido también estuvo marcado por tensiones con las autoridades. A la altura de la calle Xicoténcatl y bulevar Gómez Azcárate, elementos de Tránsito Municipal pertenecientes a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de la capital, cerraron el paso en los carriles centrales, impidiendo momentáneamente el avance del contingente, pese a que la actividad había sido previamente informada.

La decisión generó inconformidad entre las y los participantes, quienes reclamaron su derecho a circular de manera libre y segura. El momento más tenso ocurrió cuando un oficial intentó retirar la bicicleta de un ciudadano, lo que derivó en una confrontación directa que evidenció el choque entre la ciudadanía organizada y la autoridad.
A partir de ese punto, el recorrido continuó, pero no sin dificultades. Elementos de la policía municipal frenaron en varias ocasiones el avance del contingente. Pese a ello, las y los participantes mantuvieron el carácter pacífico de la movilización.
La ruta se extendió hasta Lomas Tercera Sección, para posteriormente regresar al punto de partida en la Unidad Administrativa Municipal, completando un trayecto que, más allá de la distancia, dejó al descubierto las condiciones en las que se ejerce, o se limita, el derecho a la movilidad.

Para quienes participaron, lo ocurrido durante la rodada, fue el reflejo de una problemática estructural que es el resultado de una ciudad diseñada sin considerar a todas las personas. La intervención policial, los bloqueos y las interrupciones se interpretaron como síntomas de una política pública que aún prioriza el orden vehicular sobre la seguridad humana.
Aun así, la jornada también mostró otra posibilidad. Por algunas horas, la avenida dejó de ser un corredor de alta velocidad para convertirse en un espacio de encuentro, convivencia y ejercicio de derechos. Una imagen que, para las y los manifestantes, no debería ser excepcional, sino parte de la vida cotidiana.
La exigencia, reiteraron, son calles seguras, incluyentes y pensadas desde la justicia social. “Porque en una ciudad donde moverse puede costar la vida, pedalear también se convierte en una forma de resistencia”, sentenciaron.





