Alejandro Rubín de Celis

¿Dónde ha estado la sociedad potosina en estos 28 años de ausencia del doctor Salvador Nava Martínez?

En muchos de sus discursos, en particular el que emitió 10 días antes de su fallecimiento, el líder civilista insistió en que la lucha por la justicia y la democracia no era la de una persona ─él─ sino la del pueblo, y que el Navismo no era Nava sino todo un movimiento social que debía ser permanente.

Desde luego que el doctor Nava tenía ideales, que estaban fincados no en un interés particular sino en empoderar a la gente para que se convirtiera en auténtica mandante ante las autoridades electas bajo un sistema democrático. “Es una lucha que el pueblo no puede dejar porque el pueblo de San Luis no es cobarde (…) La meta de un pueblo es seguir siempre  adelante (…) Yo les pido a ustedes que sigan en estos movimientos porque no lo han hecho por una persona o por varias personas, lo han hecho por ustedes mismos” dijo en su último discurso en la Plaza de los Fundadores.

Pese al llamado del oftalmólogo a no abandonar la lucha, ese gran movimiento comenzó a desdibujarse, a desvanecerse prácticamente desde el momento mismo en que Salvador Nava falleció. Al interior del Navismo salieron a relucir las diferencias personales y de grupo, y la mayoría de la sociedad, al ver que ya no estaba su líder, prefirió replegarse y permitir que la corrupción y la injusticia continuaran bajo un régimen que llevaba décadas de someter a la población y de pisotear la dignidad de las personas.

Con el liderazgo del doctor se avanzó en el campo de la democracia al conseguir la ciudadanización de los órganos electorales locales que fue modelo  a nivel nacional ─con el antiguo IFE, hoy INE─ y en otros estados, y que, ante la desarticulación social en San Luis Potosí nuevamente fueron controlados años después por el sistema y los partidos políticos.

Tras la muerte de Nava Martínez muchos traicionaron al movimiento ─nunca fueron verdaderos navistas, cuestionan los que se sienten navistas de cepa─ colocándose en los gobiernos priistas y panistas de las siguientes décadas y sólo algunos grupos pequeños,  de manera aislada, han retomado banderas de lucha de lo que fue el Movimiento Navista con resultados exiguos a falta de un mayor respaldo social.

¿Acaso en estos 28 años las autoridades han combatido a fondo la corrupción, la impunidad y la injusticia en San Luis Potosí? ¿Será que en todo este tiempo no ha habido diputados que extorsionan alcaldes, gobernadores abusivos en el gasto y opacos a la hora de rendir cuentas, alcaldes y ex alcaldes que han derrochado dinero de los contribuyentes para hacerse propaganda con fines particulares, legisladores que se han apropiado de dinero destinado a grupos vulnerables, y autoridades judiciales que han solapado todas estas corruptelas como parte de un pacto de impunidad?

Vaya que es difícil encontrar un líder de la estatura social y moral de Salvador Nava Martínez, tan es así que no ha surgido en 28 años alguien capaz de aglutinar a grupos amplios de la sociedad potosina. Pero entonces, ¿habrá que esperar otros 20 o 30 años o aún más para que surja el líder que la comunidad espera? ¿O es la sociedad la que debe moverse para que de su actuación  y movilización surja ese nuevo liderazgo?

Hay grupos de la sociedad civil a los que no se les puede escatimar los importantes esfuerzos que han realizado para alcanzar algunos logros a favor de la comunidad. Unos trabajan en el combate a la corrupción en los poderes Ejecutivo y Legislativo, otros en la protección del medio ambiente, uno más en el respeto a los derechos humanos, pero son grupos pequeños, de decenas o si acaso unas cuantas centenas de personas que buscan combatir males tan graves y profundos que les resulta en extremo  difícil hacer frente a los grupos de poder  y obtener victorias a favor de la población.

Si no hay liderazgos fuertes a la vista como el de un Salvador Nava Martínez, los grupos sociales deben organizarse de manera más amplia para poder vencer las resistencias del poder público y privado que buscan mantener privilegios indebidos y crear redes para proteger sus intereses.

La gente debe hacer consciencia ─y transmitirla a las nuevas generaciones─ de que la corrupción, la impunidad y la falta de un auténtico Estado de Derecho le afecta de manera directa en su calidad de vida y la de los suyos, y de que si no se suma a esos grupos que ya están trabajando para fortalecerlos, o crean otros y buscan hacer sinergias entre todos ellos, difícilmente esos males se podrán combatir con eficacia.

Es indispensable sumar más voces, ampliar la protesta pacífica y mantener la exigencia de hacer valer los derechos en todos los órdenes. De la manera como se ha hecho hasta  ahora resulta muy complicado, aunque se han alcanzado logros. Pero de esos logros alcanzados por pocos, se han beneficiado muchos. Un solo ejemplo: el freno a la ampliación del contrato de Panavi con Ricardo Gallardo Juárez por más de 200 millones de pesos. ¿Cuánto no se lograría si son muchos más los que participan en estos movimientos que trabajan en el combate a la corrupción, la impunidad y la injusticia? Hay que salir de la zona de confort para alcanzar mayores beneficios para todos.

Nava le pidió a la gente común nunca dejar de luchar en la búsqueda de la justicia y la democracia. La sociedad en su conjunto debe retomar ese llamado y llevarlo a la acción.