Por Victoriano Martínez

Cada día se acumulan más elementos para considerar que el de Juan Manuel Carreras López será recordado como el sexenio de la simulación y las recurrentes farsas para hacer creer que le interesaba combatir la corrupción pero que, por ser tan frecuentes y repetidas, ya nadie se las creía.

En los distintos nombramientos de funcionarios a cargo del Congreso del Estado, la mano de Carreras López, con intervención legal o de facto, ha dejado claro que en los puestos clave se designan personajes a modo.

Organismos que le deberían incomodar un poco, así fuera al mínimo para que justificaran su existencia, no le han realizado observación alguna lo que, interpretado en contrario, implicaría una gestión gubernamental perfecta.

Si alguna recomendación directa le ha hecho a Carreras López la Comisión Estatal de Derechos Humanos ha sido por la presión que sobre ese organismo han ejercido los quejosos (principalmente quejosas), incluido recursos interpuestos en contra la propia CEDH ante su homóloga nacional.

A pesar de la opacidad con la que maneja la mayor parte de los asuntos públicos –elemento indispensable en sus farsas–, la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública le dispensa calificaciones aprobatorias a la gran mayoría de sus dependencias, algunas incluso perfectas.

La fiscalización a su Cuenta Pública por parte de la Auditoría Superior del Estado, avalada por los legisladores, ha sido con tan mínimas observaciones, que malgasta más un niño que mandan a la tienda con 10 pesos y se gasta 10 centavos en un chicle que no le encargaron.

Se trata de tres ejemplos sobre los que la conclusión obligada sería que en su gestión Carreras López respeta plenamente los derechos humanos, cumple cabalmente el derecho de acceso a la información pública, y aplica los recursos públicos de la manera más honrada posible.

De ese tamaño es la simulación que sólo es posible con nombramientos a modo, sobre todo cuando estos se dan en instituciones dotadas de autonomía constitucional, que Carreras López lo convierte en el disfraz inmejorable para autoproclamarse como supervisado por quien no es su subordinado, cuando en los hechos la subordinación es lo que prevalece.

Y tan es así, que en lo más burdo de sus farsas surgen expresiones como la de Federico Garza Herrera cuando dejó de ser Procurador para convertirse en Fiscal General del Estado: “A partir de hoy soy Fiscal, soy autónomo”, expresó como si tratara de convencerse de algo que a él mismo le resultaba poco creíble.

Si el nombramiento de Garza Herrera fue una farsa en la que se presumió enviar al Congreso del Estado una terna consensuada con la sociedad, para nombrar al primer fiscal anticorrupción se recurrió al mismo argumento.

El 2 de noviembre de 2017, el secretario de Gobierno, Alejandro Leal Tovías, aseguró que el gobernador “socializó” las ternas para fiscales electoral y anticorrupción con “diferentes sectores de la sociedad”. Por muy socializadas, aquellas ternas se frustraron y en enero de 2018 se vio obligado a enviar otras ternas consensuadas.

De aquel proceso surgió como fiscal anticorrupción Jorge Vera Noyola, quien era subordinado de Carreras López como enlace legislativo, por lo que el único consenso que había era que se trataba de un nombramiento más a modo.

Algo pasó, que en dos años le resultó incómodo a Carreras López, se ejercieron las presiones necesarias, y Vera Noyola optó por renunciar… para abrir paso a un nuevo nombramiento a modo, retrasado por el timing carrerista, para que quede claro que combatir la corrupción no es prioridad.

Y los sketch de la nueva farsa se han prolongado por casi seis meses. El más reciente se dio el lunes pasado, cuando Leal Tovías repitió la mentira favorita: “Ya está lista” la terna, dijo, “consensada con asociaciones, con abogados, con todo mundo”.

Aunque parecería innecesario que de una asociación de abogados salieran a desmentirlo, que lo hayan hecho sólo confirma que el de Juan Manuel Carreras López se encamina a ser recordado como el sexenio de la simulación y las recurrentes farsas que desde ya nadie se las cree.