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¿Te has topado en algún momento con esta palabra? SHMILY; puede ser que la hayas visto en redes sociales o en algún tipo de publicidad. Pero en realidad no es más que un acrónimo: See How Much I Love You (SHMILY), o sea, ¿Ves cuanto te quiero?

Es algo bonito, un juego romántico que numerosas parejas establecen entre ellas para reforzar los vínculos, para alimentar su relación mediante pequeñas ilusiones. Pero si por algo se ha popularizado este término, es por una sencilla y emotiva historia recogida en un libro titulado Night Light for Parents, de James Dobson, una obra que no dejaría de ser un título más de un psicólogo con línea evangelista, que pretendía recoger diversas historias familiares mas o menos interesantes.

Por eso, el día de hoy, y a pocos días de celebrar el 14 de febrero, te contamos la historia de uno de esos testimonios que se volvió de lo más popular: la de Laura Jeanne Allen, quien relató este acontecimiento de sus abuelos.

¡Sigue leyendo! Estamos seguros que te va a encantar.

S.H.M.I.L.Y, la historia de un juego que nunca terminó.

La historia de los abuelos de esta mujer es una de esas que no se olvidan, que dejan marca en la mente y el corazón.

En su pequeño relato explica que, desde que se conocieron, algo íntimo y especial los unió para siempre de un modo inigualable. Tal vez, ambos estaban predestinados desde un principio. De ahí que compartieran su vida a lo largo de medio siglo, creando una relación donde nunca faltó el sentido del humor, la armonía y en especial, los juegos.

Había uno en especial, que practicaban todos los días, y que su nieta recuerda ahora con fascinación. Era el juego “Shmily”. Se trataba simplemente, de esconder por turnos esa palabra en cualquier rincón de la casa: en el dintel, en una ventana, escrito en la tierra del jardín, en los vidrios empañados de las ventanas, en el espejo del baño… Uno debía “esconder” la palabra y el otro debía de buscarla.

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Era un juego que no terminaba nunca y siempre les ilusionaba. A veces, el ingenio rozaba límites inimaginables, como esconder la palabra en el último tramo del papel higiénico.

 

SHMILY era su pacto, su juego y su mundo particular donde vivían con intensidad ese día a día donde el amor, siempre se deslizó con equilibrio e intensidad a lo largo de los años. Hasta que a la abuela de Laura Jeanne Allen le diagnosticaron cáncer de mama; fueron 10 años en los que resistió con mejorías y recaídas, con estancias en el hospital y épocas de cariño con su familia y con su amado esposo. Aquel a quien no dejaba de admirar cada día.

¿A que se ha convertido en un anciano muy apuesto?, solía susurrarle a su nieta al oído, contenta, e incapaz de abandonar ese juego de coqueteo que mantenían entre los dos.

La palabra SHMILY no dejó de aparecer ni un día en los lugares más insospechados de la casa, hasta que llegó un momento en el que su abuela no pudo moverse más de la habitación. Fue entonces cuando su abuelo decidió pintar las paredes de ese cuarto de amarillo, para que la luz del sol nunca dejara de acariciar el rostro de su esposa. Amarillas fueron también las cintas de las flores, que arregló para su funeral, el día que la muerte se la llevó por siempre de su lado.

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Ese día, la palabra SHMILY estaba en cada corona, en cada rincón. Su abuelo, le cantó a su esposa una canción de cuna al lado de su ataúd, y se despidió de ella con un sencillo “hasta luego”. Covencido de que su amor no iba a terminar ahí…