Por Victoriano Martínez
“Permítanme preguntarles algo: ¿Creen que esta forma de trabajar pueda llevarse a todo el Estado de San Luis Potosí?”, expresó Enrique Galindo Ceballos en la parte final de su Segundo Informe como alcalde reelecto, que aprovechó para repasar sus cinco años al frente del Ayuntamiento capitalino.
Una pregunta que, aunque la precedió con la afirmación de que la hacía después de haber rendido cuentas, le quitó ese carácter a todo lo que había expuesto para convertirlo en una variable de infomercial politiquero, como los que en televisión exhiben todas las bondades de un producto antes de presentar la gran oferta que ofrecen.
Una pregunta con la que rayó en lo cínico al darle a lo presentado el carácter de exposición de bondades con fines de promoción, que exhiben una confesión de que no ha trabajado como alcalde sino como quien construye, a base de propaganda, la imagen de un candidato a gobernador, antes que privilegiar las necesidades de la población.
Su ostentosa y costosa parafernalia para capitalizar cinco años de acciones condicionadas por la construcción de una candidatura sintetiza –mejor que la síntesis que quiso hacer sobre sus cinco años como alcalde– el abuso permanente en el uso de los recursos públicos para ambiciones personales que, si no lo fueran, se habrían atendido temas de fondo y no sólo para causar una buena impresión.
Ejemplos hay muchos.
Lo que se dio en llamar crisis hídrica en 2023 lo tomó como plataforma para promover como acciones extraordinarias las reparaciones de pozos y perforaciones de otros como un plan emergente, cuando en la lógica de la gestión del servicio de abastecimiento de agua potable serían parte de la rutina de mantenimiento del servicio en buenas condiciones.
¿Porqué no se tomaron en cuenta las propuestas del Grupo Universitario del Agua y otras instancias ciudadanas para atender de fondo el problema de la distribución de agua? Porque era más rentable para la politiquería electorera proyectarse como quien salva la situación que como quien siembra acciones cuyos frutos no se puedan presumir en su tiempo.
Ha presumido con frecuencia avances en materia de seguridad que más bien parecen efectos de la inercia de los resultados que se dan en todo el país, pero no ha tenido empacho en sobredimensionarlas.
Así, aseguró que la reducción en el delito de homicidio doloso (que ubicó en un 70 por ciento y aseguró que pasó de 270 en 2022 a 17 en lo que va de este año, lo que es una reducción de más del 90 por ciento) provoca una reducción en la incidencia delictiva total. Las cifras no lo respaldan: el número de delitos en la ciudad en 2025 fue un 4.26 por ciento mayor que en 2021.
Presumió un programa que llamó San Luis en Bici y aseguró que “nos especializamos en bicicletas”, cuando los colectivos de ese sector llevan cinco años de reclamos por la falta de mantenimiento a las ciclovías y de un proyecto real de rutas para bicicletas que favorezca la movilidad en ese medio de transporte.
Por los personajes que presumió han participado en ese programa, le faltó completar la frase: “nos especializamos en bicicletas… para competencias, no como herramienta de movilidad”.
Y como esos ejemplos hay más.
Y así cada tema que abordó en su supuesto informe lo presentó como contenido de un infomercial politiquero que incluyó frases de confrontación velada e incitación para lograr seguidores: “una herencia no se maldice, se honra con trabajo, se defiende con resultados y se engrandece con la gente, San Luis tiene con qué”.
Con el ánimo en el ambiente ya instalado, llegó la ocurrente pregunta: ¿Creen que esta forma de trabajar pueda llevarse a todo el Estado de San Luis Potosí?
“No estoy hablando de ocurrencias, estoy hablando de una forma de gobierno, estoy hablando de un ejemplo para hacer las cosas que ya fue probado en esta ciudad en estos cinco años”, dijo tras una letanía de “imaginen por un momento” que lo ya probado se aplique aquí, allá y acullá.
Sólo le faltó decir: Imaginen por un momento… que podamos ofertar nuestra experiencia como una gran franquicia politiquera.
En fin, ya se sabía que sería todo menos un informe y mucho menos un acto de rendición de cuentas. Lo que rebasó límites fue el descaro con el que lo convirtió en un mitin electorero… que ya tampoco es novedad entre la fauna politiquera.





