Por Victoriano Martínez
Cuando el Tangamanga Splash cerró sus puertas al terminar su temporada de actividades del 2019, nadie imaginó que sería una víctima más de la pandemia de Covid y entraría en un periodo de nulo mantenimiento que parecía condenarlo a su desaparición… hasta que se sumó a las tentaciones populacheras del gobernador Ricardo Gallardo Cardona.
Un parque acuático con temporadas de numerosa asistencia de cientos, o hasta miles, de personas para quienes no resultan accesibles balnearios similares más alejados se inscribe sin dudar en esos beneficios que se pueden ofrecer con cargo al erario y con efectos en la estimulación clientelar electorera.
Se había tardado, podrán pensar algunos. Lo cierto es que año con año se le aparecía la tentación sin que encontrara la forma de aterrizarla con su habitual fórmula de no dar paso sin huarache.
Desde 2022, primer año en el que le correspondería administrar una temporada de actividad del Tangamanga Splash, se analizó la posibilidad de concesionarlo a alguna empresa turística. Se habló, sin mencionar nombres, de empresas de la ciudad de México y de Guadalajara, pero nada se concretó.
Para el 2023, Gallardo Cardona declaró que se tenían pláticas con la empresa que opera el Parque El Rollo en la Ciudad de México, y al año siguiente fue Ana Rosa Pineda Guel como directora de los parques Tangamanga quien aseguró que había dos empresas interesadas en operar el parque acuático.
Es decir, cada año desde que asumió el cargo Gallardo Cardona, la reapertura del Tangamanga Splash era vista como una oportunidad de concesionar las instalaciones a una empresa foránea y hasta a algún empresario local que estuviera interesado, llegó a mencionar el gobernador.
En mayo de 2024, tras quedar atrás la “crisis hídrica” con la competencia mediática por su resolución entre Gallardo Cardona y el alcalde Enrique Galindo Ceballos, el mandatario estatal exhibió una inusitada actitud responsable: consideró que sería una irresponsabilidad reactivar el Tangamanga Splash ante los problemas de abastecimiento de agua en la ciudad.
Entonces habló de una alternativa para las instalaciones del Tangamanga Splash: un museo que la Secretaría de Cultura propuso como “Museo del Tiempo”, donde se expondría la vida de San Luis Potosí en distintas salas divididas por décadas, desde 1900 hasta la época contemporánea. Hasta habló de una consulta pública para que los potosinos decidieran entre parque acuático o museo.
Su prurito de responsabilidad alcanzó hasta el 11 de abril del año pasado cuando advirtió que el Tangamanga Splash no podría operar hasta que se logre normalizar el abasto de agua en la ciudad.
“Yo les digo que sería muy fácil repararlo, pero pues no hay agua suficiente como para poder estarlo manejando, entonces vamos a arreglar el tema del agua, quizá cuando ya esté la presa de Las Escobas funcionando y haya una normalidad en el abasto de agua”, dijo hace menos de un año.
Incluso mencionó que, si se concesionara, los empresarios pedirían que se les garantizara el agua para operar y es “algo que no está garantizado actualmente”.
¿Cómo logró que, para noviembre pasado, apenas siete meses después de no poder garantizarla, estuviera garantizada el agua para operar a partir de esta Semana Santa si la presa Las Escobas está cancelada y no se conoce ninguna gran obra para resolver el abastecimiento de agua en la ciudad?
¿Cómo logró que no sólo haya agua parare activar el Tangamanga Splash como antes, sino que podrá ampliarlo para convertirlo en el más grande del país y. además de absorber el agua que les falta a los habitantes de la ciudad, ahora hasta puede cometer un ecocidio con la tala indiscriminada de árboles?
Todo indica que su ocurrencia populachera y ecocida tendrá que ser subsidiada por los habitantes de la ciudad que, para que pueda contar con agua el dichoso parque acuático, tendrán que pagar más pipas para sobrevivir, y por el resto con padecer el efecto que representará la mutilación de uno de los principales pulmones de la ciudad.




