Iraís Valenciano
“De lo que hemos visto en un 90, 95 por ciento de la iniciativa tenemos coincidencias”, calculó ayer el coordinador de la bancada del Partido Verde en el Senado, Manuel Velasco respecto a la reforma electoral propuesta por la Presidencia de la República.
No sería la primera vez que los aliados de Morena “coinciden en un 90, 95 por ciento”. Hace ya un año, cuando votaron la reforma constitucional contra el nepotismo, hicieron “ajustes” que parecerían cosa de nada, salvo por el hecho de que al modificar la entrada en vigor, de 2027 a 2030, dejaron la puerta abierta a familiares de los Gallardo, los Monreal o los Salgado Macedonio.
Aunque en su momento la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo negó que aquello fuera una derrota, lo cierto es que tampoco se catalogó como un triunfo, pues el freno al nepotismo se quedó a medio gas.
El 5 de febrero de 2025, durante la conmemoración del Día de la Constitución Mexicana fue cuando Sheinbaum anunció su iniciativa contra la posibilidad de heredar cargos a familiares, esa que los legisladores le aprobaron con un “ajuste de año”.
El 12 y 16 de febrero, Sheinbaum le dedicó otras menciones al tema durante sus conferencias matutinas y el 3 de marzo, declaró que “la ambición personal no puede estar por encima de la transformación”, en alusión a quienes buscan cambiar de partido para postular a un familiar. En septiembre de ese mismo año, reafirmó por enésima ocasión su rechazo al nepotismo.
Por si no quedaba clara la postura, la dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde también ha remarcado que no se tolerará la postulación de familiares con vínculos directos. Incluso, el partido guinda estableció reglas internas y lineamientos para sus coaliciones y alianzas, en las que se prohíbe de manera expresa heredar cargos y no desde el 2030, como quedó en la Constitución, sino a partir de 2027.
Y apenas la semana pasada, Alcalde Luján reiteró la postura de su partido, con dedicatoria incluida: “En ningún caso vamos a llevar familiares. Eso incluye el caso de San Luis Potosí”.
Ahora que está en discusión la reforma electoral, la presidenta ya respondió a los cuestionamientos respecto a qué pasaría si la propuesta no se aprueba en los términos en los que la planteó. “La gente va a decir: ‘no, pues la Presidenta cumplió; ya hubo quien no votó pero la Presidenta cumplió’”, declaró en una de sus conferencias matutinas.
Y sí, el nepotismo, esa piedra en el zapato, también forma parte de la reforma electoral.
¿Cuántas señales más necesitan en San Luis Potosí para darse cuenta que el nepotismo no es bien visto?
Muchas teorías se han barajado, entre ellas la posibilidad de que el gobernador abandone el cargo antes de tiempo para buscar una diputación federal y, de paso, dejarle el camino libre a su esposa, la senadora Ruth González Silva. También han surgido rumores de que ante el rechazo expreso de la presidenta al nepotismo, González Silva no buscaría la gubernatura, sino la alcaldía capitalina y ayudaría a apuntalar a otro candidato como sucesor de Gallardo Cardona.
Las capacidades, trayectoria y trabajo diario son las mejores cartas de presentación -y por cierto: trabajo no es sinónimo de reparto de dádivas-. Sin embargo, es práctica común -y no solo en la política- que personas con grandes méritos, preparación y experiencia se quedan a la espera de ocupar puestos o de lograr un ascenso por la simple y sencilla razón de que no son “recomendados” o “parientes de”.
La situación no sería grave si las decisiones y el desempeño de quienes llegan a esos cargos no impactaran en la vida de otras personas. Pero si el “presidente de la comisión tal”, “el gobernador de” o “la alcaldesa de” actúan de manera equivocada, serán otros quienes paguen las consecuencias, y la culpa, al final, no será de esos que tomaron las decisiones, sino de quienes los pusieron en esos puestos.
El día que los cargos públicos y hasta los puestos honoríficos dejen de verse como un botín personal, un negocio familiar o la oportunidad para acaparar espacios e influencia quizá, solo quizá, la ciudadanía tenga por fin los gobiernos y las instituciones que merecen.
Mientras tanto, todo queda en cálculos de “90, 95”, según se ajusten a sus ambiciones.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y maestra en Diseño Multimedia por la Universidad del Valle de México. Ha ejercido el periodismo desde 2004 en medios de comunicación impresos y digitales. A partir del 2017 se incorporó a la plantilla docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.






