Astrolabio

Por Victoriano Martínez

¿Cuántas veces podrán mentir impunemente el gobernador Ricardo Gallardo Cardona y sus funcionarios para aparentar un presunto cambio en la administración pública estatal, proyectarse como beneficiarios de la población en general, ejercer acoso laboral contra los trabajadores del gobierno del Estado incluidos despidos injustificados para contratar a sus incondicionales, y más?

Hasta ahora, el contraste entre sus afirmaciones públicas con las acciones específicas que han aplicado en la mayoría de las dependencias lo único que han permitido es que las representaciones sindicales puedan documentar con claridad una actitud de sacar gente para contratar otros, a razón de sale uno y entran tres.

Bernardina Lara Argüelles, lideresa del Sindicato Único de Trabajadores al Servicio del Gobierno del Estado (SUTSGE), denunció esta semana que en la Dirección del Registro Civil despidieron ocho trabajadores que contaban con antigüedad para contratar a 15, en tanto que en la Coordinación Estatal para el Fortalecimiento Institucional de los Municipios (CEFIM) contrataron a 15.

Un fluir constante de personas por las oficinas de la Oficialía Mayor, que diariamente entregan documentación para ser contratadas.

Un cambio en la administración pública con características tales que pocos beneficios puede traer a la población si despiden a un trabajador que lleva de tres a 15 años en su puesto, capacitado y con idea de las funciones que debe cubrir para incorporar a dos o tres que no tienen ni idea de las actividades que deben desempeñar.

Un cambio tan predecible, que sólo es la confirmación de que la gallardía pretende replicar en el gobierno estatal el modo en que operaron en las alcaldías de Soledad de Graciano Sánchez y de San Luis Potosí, en las que la Unidad de Inteligencia Financiera documentó y denunció ante la Fiscalía General de la república desvíos por 724 millones 608 mil 296.43 pesos.

Despedir a un trabajador para disponer de su sueldo, y partirlo en dos o tres para contratar a personas comprometidas con la gallardía, así no reúnan el perfil para ocupar el cargo, no es ninguna novedad. Ricardo Gallardo Juárez lo hizo como alcalde de la capital y hubo constancia de sus instrucciones directas (la nota incluye audio).

Un afán de control que entonces se reflejaba en despidos para contratar personal afín a la gallardía con la descripción de lo que hoy se repite en el gobierno estatal: despedir de manera injustificada a personal eficiente y de larga trayectoria, y se prefiere manteniendo en su puesto a funcionarios de primer nivel que no dan resultados, acusó entonces Maximino Jasso, dirigente municipal del PAN.

Nada hay nuevo en la gallardía. Ahora vende la idea de un supuesto beneficio generalizado con la entrega de licencias de conducir gratuitas, cuando se trata de una ventaja para quienes tienen capacidad económica de contar con automóvil, y hasta a éstos se les coloca como una zanahoria que tardarán en alcanzar cuando lo logren, pero se les mantiene con la expectativa.

“No vayan a decir que no hay licencias, que digan que el sistema está fallando por tanta emisión, por favor”, fue la instrucción a las oficinas recaudadoras para justificar que sólo se entreguen entre 50 y 100 licencias por día, con la infaltable razón que motiva todos sus actos: “para que no se vea mal ante los medios”. Una situación similar, más restringida en beneficiarios, se dará con las placas.

Las licencias resultan en realidad una promesa cumplida a medias, o incumplida en una de sus partes más sensibles. El periódico El Economista consignó en una nota del pasado 28 de mayo: “A los taxistas promete darles: licencias de conducir, cambio de propietario y placas de manera gratuita”. Sólo por las licencia no dejarán de pagar 750 pesos.

Una reingeniería en recursos humanos impuesta con el garrote del acoso laboral para contratar incondicionales antes que profesionales, parece más un trabajo de albañilería improvisado, y sin manual de hágalo usted mismo.

Los perjuicios para la población en general pronto habrán de hacerse presentes, y en la medida en que sean más notorios, los argumentos y anuncios efectistas con que hoy se aparenta una nueva forma de gobernar dejarán de tener el mismo resultado.

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