Carlos Rubio

Aunque podría ser el cielo el que le otorgue un tono gris a los festejos de independencia, la realidad es que son otras situaciones las que opacan la víspera del Día de la Independencia en San Luis Potosí; los vendedores de banderas son parte de los más afectados, pues sus ventas no se acercan ni siquiera a la mitad de lo que han recaudado en años pasados.

La lluvia nunca ha evitado que un mexicano grite ¡Viva México!, por lo que este no será el impedimento por el que no se celebre el Grito de Independencia esta noche; la razón principal es el caos en el que San Luis Potosí se encuentra sumergido desde hace seis meses junto a todo el país: el COVID-19.

Lo que hoy es un Centro Histórico encharcado y descolorido, en años pasados estaba pintado de verde, blanco y rojo, y aunque se hizo un esfuerzo por adornar los recintos gubernamentales, tal sensación no es la misma al darse cuenta de que esta noche no habrá cientos de personas en la Plaza de Armas disfrutando de la pirotecnia explotando en el cielo.

Los vendedores de artículos patrios tampoco adornan las plazas este día, la lluvia los obligó a retroceder y refugiarse en el techo más cercano, lejos de la visibilidad de un comprador que transite de prisa por la calle y sea capturado por el vivo color rojo de la Bandera mexicana.

Los vendedores de banderas reportan no haber juntado “ni para la semana”; si se busca ser un poco positivos, se podría decir que la Bandera de México no tiene caducidad, por lo que los artículos se pueden guardar para el siguiente, pero mientras tanto los comerciantes se preguntan “¿quién nos va a dar de comer?”.

La pandemia no sólo paralizó las fiestas, sino la economía de quienes viven de ellas; adquirir una trompeta a 20 pesos ya significa un ingreso para ellos y por día ha sido un reto conseguir al menos 300 pesos en ventas.

Las escuelas también son una fuente de ingreso muy grande para los vendedores, ya que la mayoría –sino es que todas– realizan su famosa “kermés” y adornan sus instalaciones con estos artículos, los niños compran sombreros, trompetas, tambores, guitarras y fusiles de juguete, además de bigotes e incluso trenzas para disfrazarse y el Centro Histórico es uno de los principales puntos de venta de estos artículos, no obstante este día ha sido la excepción, pues sin escuelas, no hay festejos.

Por la tarde serán desalojadas todas las personas de las plazas del Centro Histórico –incluyendo a los vendedores–; ya se comienzan a ver las barreras metálicas con las que acordonarán el área para impedir que más de un despistado quiera pasar a festejar en medio de una pandemia.