Astrolabio

Carlos Rubio

Después de dos años y nueve meses de litigar en contra de una determinación del Consejo de la Judicatura de San Luis Potosí que la inhabilitó para trabajar en el servicio público, Liliana Guadalupe Mejía Elizondo obtuvo un convenio que le permitió limpiar su nombre y pasar la página para escribir un nuevo capitulo en su vida donde la docencia y las artes serán partes fundamentales.  

En agosto de 2019, Liliana fue sancionada tras el descubrimiento de un fraude en el Juzgado Quinto Penal, en el que trabajó como secretaria de Acuerdos. Durante los 10 días que laboró ahí, una red de delincuentes sustrajo y cobró seis billetes de depósito. A pesar de haber acreditado que no participó ni se benefició del robo, Liliana fue señalada por descuido y fue inhabilitada durante 10 años.

Ante esta determinación, Liliana Mejía promovió un sin fin de amparos y recursos de revisión que la enfrascaron en una lucha constante con el Consejo de la Judicatura, al tiempo que libraba con deudas y la necesidad de costear la educación de sus hijos. Así transcurrieron más de dos años en los que la palabra inhabilitada presidía sus 30 años de trabajo en el servicio público, pero ya no más.

“No era cuestión de dinero, sino de dignidad”, repitió Liliana en numerosas ocasiones y se lo recordaba a sí misma cada vez que acudió ante un tribunal y redactó un escrito para solicitar un poco de humanidad en su caso.

El golpe de esta sanción no solo fue para Liliana, sino para toda su familia y conocidos. Sus hijos Samuel y Daniela que desde niños la vieron trabajar día y noche como ministerio público. Sus padres que ante todo le inculcaron los valores más importantes como la honestidad, la responsabilidad y el respeto. Todos transitaron con ella hasta el final de esta historia.

Recientemente, Liliana logró llegar a un acuerdo conciliatorio en el que intervino la presidenta del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, Olga Regina García López, con el cual se le permitió regresar a trabajar al Poder Judicial, por tanto, su inhabilitación quedó sin efectos y pudo dejar atrás aquella sanción que tanto lucho por sacudirse.

En agosto de 2021, la primera vez que platiqué con Liliana, me aseguró que, de regresar algún día a trabajar a un juzgado, tramitaría de inmediato su jubilación, pues debía ser congruente y salir de inmediato de aquel sistema que lastimó su vida.

Y así lo hizo, a dos semanas de su regreso, Liliana comenzó el tramité de su jubilación y desde el 27 de mayo obtuvo su permiso prejubilatorio. “Cuando puse el pie en el juzgado en Soledad dije: ‘Ya me puedo ir. Esto era lo que yo necesitaba; regresar para irme”.

“Tengo 50 años, yo podía seguir trabajando un poco más, pero tenía que honrar la congruencia que me enseñaron mis padres. No puedo estar trabajando en un lugar donde hay tanta corrupción”.

Desde ahora Liliana continuará con el Rincón Secreto, un lugar donde recibe a niños y niñas para que pasen su tiempo aprendiendo de las artes y se alejen por unas horas del mundo que ahora domina la tecnología. El objetivo es mudarse a otras instalaciones, más grandes, donde pueda haber más niños.

También quiere dedicarse a la docencia en universidades, en donde pueda enseñar el derecho a partir de su experiencia como servidora pública, pero también desde su aprendizaje en este largo camino que recorrió en busca de justicia.

“A lo mejor al dar clases sí sería oportuno decir: ‘Esto es lo que no se debe de hacer’, porque acabas con la vida de una persona, la dejas sin lo que lo dignifica, que es su trabajo (…) Como abogado, fiscal, asesor jurídico, juez, secretario, actuario, desde el lado donde estés, hay que tener en cuenta que enfrente tienes a un ser humano que está sufriendo”.

“Definitivamente creo que es necesario que se conozca la parte del dolor, porque eso es tan importante. El fiscal vería a una madre que está llorando porque mataron a su hija, no 100 fojas de un expediente. Eso podríamos enseñar”.

Este transitar significó para Liliana un cambio drástico en su vida, pero gracias a eso hoy puede decir que ha obtenido el valor para hacerle frente a cualquier adversidad y obstáculo que se le presente, como el cáncer que llegó en su vida desde hace algunos meses, un nuevo reto que está enfrentando y se esfuerza por superar todos los días.

Cuando Liliana fue sancionada, un medio de comunicación la nombró como “la roba fianzas” al difundir la noticia. Un sobrenombre que pesó en su cabeza durante estos años, pero que hoy no es más que el título de un capitulo que se ha cerrado. Un capitulo que encierra dolor y angustia, pero también logros, aprendizajes y una nueva perspectiva de la vida.

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