Por Victoriano Martínez

La pandemia del Covid 19 no es una caja china ni una cortina de humo, aunque así pudiera parecerlo a los ojos de teorías conspiracionistas por un lado, pero también a los ojos de los políticos que –sin proponérselo pero sí aprovechándolo– han dejado de ser el blanco de atención por problemas irresueltos, maniobras de justificación o incumplimiento de obligaciones.

Si la Jornada Nacional de Sana Distancia o iniciativas como #YoMeQuedoEnCasa advierten que los periodos de asueto obligados por la contingencia no son vacaciones, y planteles universitarios cerraron pero continúan sus actividades académicas en línea, a los políticos que bajaron la cortina temporalmente habrá que advertirles que los temas que dejaron pendientes no desaparecieron.

El primer caso de Covid 19 en San Luis Potosí se reportó cuatro días después de la impactante jornada #UnDíaSinNosotras, y en medio de una serie de protestas en planteles universitarios con tendederos en los que se exhibía a catedráticos y alumnos como acosadores sexuales.

Para los directamente aludidos, tanto los señalados como acosadores como el rector Fermín Villar Rubio y su inoportuna respuesta a los tendederos, el coronavirus les trajo una suspensión de actividades que aligeró la presión, pero que al mismo tiempo pone a prueba la autenticidad del manifiesto publicado para dar seguimiento a las denuncias colgadas en las facultades y escuelas.

Las causas que motivaron #UnDíaSinNosotras se mantienen como un llamado al gobernador Juan Manuel Carreras López para aplicarse en serio en la hasta ahora inefectiva atención a la Alerta de Violencia de Género decretada hace casi tres años. Más, si el propio Instituto de las Mujeres advierte que el aislamiento en casa aumenta los riesgos de violencia intrafamiliar.

A los diputados responsables de la Consulta Indígena en el Congreso del Estado, la contingencia los ha librado momentáneamente de enfrentar el reclamo de los 20 integrantes del Grupo Técnico Operador quienes los primeros dos meses de actividades de ese proceso, pero de lo que no escapan es de haber exhibido el poco respeto que le tienen a las comunidades indígenas, a la ley y el sagrado derecho al salario.

Suspendidas las actividades públicas, la alta burocracia hoy se escuda en la pandemia para descansar por los temas que les incomodan porque pareciera que el virus les cayó como vacuna para no ser cuestionados sobre ellos.

En cambio, lo que sí no dejan de aprovechar es la oportunidad para su protagonismo promocional con mensajes a propósito del coronavirus en los que no hacen más que repetir las recomendaciones que el sector salud federal y local han hecho. El culto al ego no tiene cura.

Pudiera ser válido que el gobernador o los alcaldes emitan un mensaje a la población para adoptar las medidas necesarias para la contingencia. Pero de eso a convertir ese mensaje en una presencia machacona en noticieros de radio y televisión –pago de por medio– es un claro abuso.

Las autoridades le han otorgado al coronavirus el mismo efecto que el periodo de informes anuales de actividades, cuando se otorga licencia para violar la constitución con promoción personal tolerada.

¿De qué sirve que el gobernador aparezca en radio y televisión con el mismo mensaje que ofrecen en todo momento autoridades sanitarias? ¿Qué ventaja hay en que Carreras López invada la página de inicio en la que el sector salud proporciona información importante sobre la contingencia, cuando él se limita a las recomendaciones básicas?

Si algo exhibe de los altos funcionarios esta pandemia es una sobre reacción de las autoridades para, por un lado, tomarse un respiro y confiar –como con las cajas chinas y las cortinas de humo– que el tiempo los libere de lo que los incomoda, en tanto que por otro lado, no dejar pasar la coyuntura para lustrar un poco su imagen.