Abelardo Medellín
Cuando la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado (SEGE) difundió la circular en la que prohibió a directores y jefes de departamento otorgar entrevistas a medios de comunicación, no solo se trató de una mordaza disfrazada de formalidad, sino de una extensión de ese mal que ya padecen los funcionarios del gabinete estatal: la censura previa.
Lo que ahora se ha impuesto a las autoridades educativas al interior de la estructura de la SEGE es un recordatorio lamentable e impúdico del tipo de control total (por tanto, totalitario) que exige la Gallardía como gobierno para lograr sus fines.
Al pensar en la verborréica naturaleza del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, pareciera evidente creer que su instrumento para controlar el discurso público estriba en una declaracionitis crónica y un cuadro severo de ocurrencias; sin embargo, el control que requiere el gobierno Verde no solo busca controlar lo que se dice, sino también controlar lo que no se debe decir.
Una fiscal solo puede anunciar detenciones y capturas relevantes si el gobernador lo concede o lo anuncia primero en su página de Facebook. Y si un ciudadano pierde la vida en un enfrentamiento o al accidentarse en los terrenos de la Feria, la fiscal tiene la obligación de guardar silencio, negar las entrevistas y alejarse del foco público.
Si la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas (Seduvop) realiza procesos de contratación dudosos para construir un centro de espectáculos y niega información relevante sobre las empresas contratadas, la titular debe desviar la mirada, el tema y la verdad incómoda detrás de sus irregularidades.
Si se cuestiona al patronato de la Feria Nacional Potosina por el costo de los conciertos que ha organizado en las últimas ediciones, la orden es tratar la información como secreto máximo y negar su existencia hasta las últimas consecuencias; es decir, llegar al ridículo de clasificar como información reservada los datos de gasto, contratos y empresas encargadas.
Si eres el titular del Instituto de Fiscalización Superior del Estado y tu puesto y carrera política, aunque no sea en el gabinete, se la debes al gobernador, pierdes todo atisbo de congruencia y, por tanto, puedes condenar los errores municipales, pero eres incapaz de reconocer los conatos de corrupción al interior del gobierno del estado. Entonces no dices nada y, si te preguntan, no sabes nada.
Ese es, entonces, el requisito mínimo de la estrategia de comunicación del gobierno.
Al gobernador no le basta tener el megáfono más grande, el público más alebrestado, los funcionarios más amaestrados o los boletines más repetitivamente insufribles; el gobernador requiere ser dueño, también, de los silencios.
En las ocasiones en que un funcionario inicia sus anuncios con la innecesaria cantaleta de “gracias a los trabajos del señor gobernador” o “por órdenes del señor gobernador”, lo que leemos y escuchamos es una introducción reverencial de manual.
Los integrantes del gobierno estatal no pueden anunciar logros y resultados sin primero poner enfrente al gobernador como el mediador invisible de un triunfo imaginario. Los secretarios y directores no la brincan sin huarache, y ese huarache, según ellos, se lo deben agradecer siempre al señor gobernador.
Bajo esa misma lógica, aplican entonces una operación de “censura previa” cada vez que hay una crisis. Cuando se presenta un logro, el gobernador en boca de todos; cuando acontece un problema, no abre la boca nadie.
Y si alguien abre la boca antes de tiempo, una de dos: o el gobernador ya le dio permiso y línea para hablar, o su equipo de comunicación está pronto a ser cambiado.
En un panorama como este, inhóspito para la crítica e insultante para la dignidad de quienes integran el gabinete, no debe sorprendernos el renovado intento por hacer de los funcionarios de la SEGE una nueva sucursal del silencio que, por obediencia, Juan Carlos Torres Cedillo le debe al gobernador.
Sin embargo, vale la pena recordar que lo conquistado por el secretario de Educación, con sus constantes renuncias al sentido común y a la ética básica, no puede compararse con lo que se le promete a cambio a directores de área, coordinadores, jefes de departamento o directivos de planteles.
Los secretarios del gobierno venden su capacidad de opinar a cambio de un cargo pasajero y la oportunidad de un día vivir plenamente de la política a la que sirven; al magisterio no se le puede pedir eso: los trabajadores de la educación no trabajan bajo la lógica sumisa de callar lo que incomode al gobernador.
Cuando un docente, directivo, administrativo o jefe de departamento señala un problema, es para arrojar luz sobre la situación y buscar cómo solucionarla. No se les puede pedir que callen las complicaciones que advierten solo porque el secretario decidió que una mordaza es más cómoda que hacer bien su trabajo.
Los funcionarios públicos y trabajadores del sector educativo deben aprovechar su libertad de expresión y las oportunidades de ventilar un problema, por el simple hecho de que un secretario no puede verlo todo, y mucho menos lo va a ver si está predispuesto a ignorar los temas más complejos, esos que requieren cabeza fría, no bocas mudas.
Por más preceptos legales inventados, por más cuentos de psicosis inexistentes y sin importar la cantidad de institucionalismo que presuman, no podemos permitir que el gobierno tilde de “precaución” aquello que evidentemente es censura.
El gobernador afirma que el problema de que todos declaren es igual a mal informar cuando no se tienen los datos correctos; pero si en esas estamos, Gallardo Cardona no debería pedir un bozal para el sector educativo, debería predicar con el ejemplo.
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.
Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.






