Por Victoriano Martínez

Hoy se cumplen nueve días de que un grupo de víctimas inició un plantón frente a la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) en protesta por la desatención de ese organismo que, lejos de brindarles apoyo, las somete a procedimientos burocráticos que se convierten en un calvario.

Revictimizadas por la CEEAV (institución paradoja), los hombres y mujeres que se mantienen en el plantón llegan a su segundo fin de semana, a pesar de la gran desventaja de su cruzada.

Los funcionarios de la CEEAV llevan la ventaja porque saben que el plantón no puede volverse masivo por la propia condición de quienes podrían sumarse a la protesta: víctimas a cuya dignidad afectada la institución vuelve a pisotearles con sus estrategias dilatorias y apoyo negado.

Quienes mantienen el plantón saben que difícilmente contarán con una presencia numerosa y lo han vivido en estos nueve días:

Víctimas que acuden a la CEEAV y, al encontrarse con el plantón, suman su testimonio, les muestran su apoyo, los acompañan por un rato y luego tienen que retirarse, unos por temor (víctimas revictimizadas al fin), otros por atender sus necesidades de sobrevivencia.

Astrolabio Diario Digital pudo rescatar esta semana tres testimonios de casos dramáticos en los que incluso hay menores de edad como víctimas. Un trabajo de Carlos Rubio. Casos que muestran la insensibilidad que hay en la CEEAV, pero también la protección a personajes influyentes.

Una muestra de los dramas que en los últimos años han desfilado por las oficinas de la CEEAV que a más de un empleado de la institución le hacen decir con vergüenza que trabaja en ese organismo por ser testigos del maltrato que le dan a las víctimas.

Los altos funcionarios de la CEEAV, en su insensibilidad, sacan provecho de la ventaja de enfrentarse a víctimas diezmadas en su dignidad y capacidad de protestar y, lejos de atender el reclamo, anuncian que ya atienden en otro domicilio.

Más aún, se justifican con la afirmación de que se trata de asuntos que no les competen y hasta presumen en declaraciones a los medios de comunicación que hay manifestantes que ya se retiraron tras tener una plática con ellos.

Una lucha como suele ocurrir con todas las que buscan justicia en un sistema que es lo que menos garantiza. Es tan desigual que, como en el caso de Lía, ocurrido en Rioverde, la conclusión a la que llega su madre aplica para los resultados de una institución como la CEEAV: “parece que mi niña violó a la maestra”.

“Parece que las víctimas ofenden a la CEEAV”.

Hace nueve días iniciaron su cruzada en busca de justicia con un grupo reducido, aunque con el apoyo silencioso de aquellas otras víctimas que pasan por ahí, pero imposibilitadas para mantenerse en el plantón.

Una cruzada discreta, en una calle poco transitada. Con dificultades para hacerse notar, pero con una necesidad grande de que sus casos se conozcan como un llamado a la solidaridad de la sociedad que, hasta ahora, se las niega en una actitud que recuerda el poema del pastor luterano alemán Martin Niemöller, Primero vinieron.

Parafraseado también podría decir: primero se manifestaron las víctimas y yo no dije nada, porque yo no era víctima

La situación que se vive en el país y en el estado puede convertir a cualquiera en víctima, lo que vuelve una advertencia real el final de ese poema con una variante: y cuando me convertí en víctima, ya no había quien se manifestara por mí.