Antonio González Vázquez

Odalys Hipólito tenía 16 años. Murió en la madrugada del domingo 11 de marzo. Su cuerpo de adolescente estaba colgado de la reja que circunda el Museo del Ferrocarril y la Estación de Transferencia en el centro histórico de la ciudad. La Procuraduría General de Justicia dice que se trató de un suicidio, pero hay dudas razonables de que ella se hubiese quitado la vida.

Luego de que se hizo público tan trágico hecho, la Procuraduría reportó que por tratarse de una muerte violenta, se aplicó el protocolo de feminicidio. Algo debió resultar de las investigaciones iniciales para considerar esa tipificación.

Sin embargo, la Procuraduría dio un giro abrupto para sostener como principal hipótesis el suicidio. Ella se privó de la vida, deslizó de nuevo la Procuraduría a través de Federico Garza que en cuestión de segundos le metió ruido e indefinición a su declaración al señalar que aun falta por analizar algunas pruebas.

A su vez, el subprocurador Aaron Edmundo Castro Sánchez había hablado de la probable participación de una persona en la muerte de Odalys, lo cual, en sentido estricto, representaría que ella no se quitó la vida sino que la mataron y luego hicieron parecer como un suicidio al colgar el cuerpo en la reja.

Hoy suman ya cinco días y la Procuraduría del Fiscal Carnal Garza, ha sido incapaz de dar certeza a la familia de Odalys respecto de cual fue la causa real de su muerte. No es posible que en cinco días el aparato “investigar” y de medicina forense” sean incapaces de dar con la verdad.

Es por eso que colectivos de mujeres se han movilizado y colocaron un altar en el sitio donde habría sido agredida Odalys. Su familia cree que no se trató de un suicidio y el colectivo de mujeres Vivas nos queremos, piensa igual.

No hay forma de pensar distinto en un inicio de año con al menos doce feminicidios. La realidad le da razón a quienes consideran que a Odalys la asesinaron. Hay dudas por la incapacidad mostrada por la Procuraduría, por su inexplicable lentitud para aclarar un suceso atroz que ha indignado a los capitalinos.

En las rejas donde pendía el cuerpo vulnerado colocaron un vestido blanco, un globo y algunos ramos de flores y junto a éstos consignas contra la violencia a las mujeres y la exigencia de combatir con eficiencia los feminicidios.

Sería una afrenta a la sociedad que sigan pasando los días y no se conozca la verdad de los hechos, pero también sería grave que se sostenga la teoría del suicidio sin demostrarlo con claridad y consistencia, no con especulaciones.

Por ahora, la gente del Fiscal Carnal está en entredicho.

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