El átomo es el componente fundamental de la materia. c. 460-370 a.C.

Frater Ignatius

Demócrito es uno de los filósofos más alegres. Era un tipo de buen carácter y por lo general reía mucho. Nació en Abdera, cerca de Tracia. Era un polímata que se educó con gran refinamiento en el pensamiento abstracto.

Su padre conoció al rey persa Jerjes, quien en un acto de reciprocidad debido a la hospitalidad de aquél, le deja a varios magos y sabios para la formación inicial de su dotado hijo.

Este hombre ilustre lleva en su nombre el ideal de la democracia porque significa “elegido por el pueblo”.

Pertenecía a la nobleza de Abdera y eso le permitió viajar frecuentemente por el mundo conocido y los lugares con mayor cultura de la época. Estuvo en la India aprendiendo, al igual que en Egipto, Fenicia, la antigua Mesopotamia, Etiopia y tantos lugares sagrados y conspicuos por su concentración de cultura.

Es el padre de la física y de los físicos. El primer materialista en forma. Platón lo detestaba de tal manera que deseaba quemar sus escritos. Demócrito fue contemporáneo de Sócrates y menciona que lo conoció, pero el ateniense a él no.

Comienzan así ciertas paradojas que inundarían sus teorías. Es ampliamente conocido por su teoría atomista, pero desarrollo una ética muy personal y fue precursor del hedonismo. Admiró a Anaxágoras y su pensamiento estuvo libre de las especulaciones de los idealistas como Platón.

Poseía gran riqueza y con eso pudo comprar varias obras de escritores antiguos. Era un consumado lector que pasaba horas meditando sobre la estructura de la materia, del universo.

Dicen que Mosco de Sidón o Kanada fueron los que vislumbraron primero el átomo; o su maestro Leucipo quien le enseño muchas cosas. Lo cierto es que se le atribuye a Demócrito una cierta formalización del atomismo.

Según Demócrito, la naturaleza fundamental del universo consiste en átomos indivisibles en constante movimiento que viajan en un vacío infinito. Todos los objetos materiales son concatenaciones temporales de estos átomos, se hacen y se destruyen a medida que los átomos se unen o se dispersan de acuerdo con las fuerzas naturales, mientras que los átomos mismos son eternos e indestructibles.

El filósofo que ríe, que lleva una vida hedonista, de gran intuición para las diferentes disciplinas del pensamiento, dicen que muere ya centenario con una sonrisa dibujada en su rostro.