Desiree Madrid
En San Luis Potosí, la capacitación laboral dejó de ser un complemento para convertirse en una vía directa de subsistencia. Así lo refleja el Instituto de Capacitación para el Trabajo (ICAT), que en lo que va de la actual administración ha formado a más de 290 mil personas en distintos oficios y habilidades productivas, y planea capacitar 50 mil potosinos más durante este 2026.
Durante la conmemoración de su 29 aniversario, la directora general, Estefanía Flores Saldierna, delineó un modelo que combina formación técnica con cursos de rápida inserción económica.
“Hemos logrado llevar las capacitaciones a cada rincón del estado y sabemos cuál es la necesidad de la población”, afirmó.
La estrategia parte de adaptar la oferta formativa a las condiciones de cada región. El contraste es claro: mientras en la zona metropolitana crece la demanda de perfiles vinculados a la industria manufacturera y automotriz, en otros sectores predominan los cursos orientados al autoempleo.
“Hay mucha gente que ahorita se está dedicando a los emprendimientos”, señaló , en referencia a una tendencia que apunta más a la generación de ingresos inmediatos que a la inserción en empresas.
Dentro de esa lógica, el área de bienestar e imagen personal se ha convertido en la más demandada. Cursos como barbería, belleza o aplicación de uñas concentran buena parte de la matrícula, no sólo por su accesibilidad, sino por su rentabilidad.
Según la propia directora, una persona puede generar entre 3 mil y 4 mil pesos semanales atendiendo a pocos clientes, lo que explica el auge de este tipo de capacitaciones.
El dato que marca la pauta, sin embargo, es la composición de quienes acceden a estos cursos: más del 81 por ciento son mujeres. Este predominio revela que el ICAT funciona también como un mecanismo de inclusión económica femenina, aunque con matices.
En áreas tradicionalmente masculinizadas, como el autotransporte de carga, la participación sigue siendo marginal: de 120 personas capacitadas el año pasado, apenas 13 fueron mujeres.
Pese a ello, la institución presume avances en la apertura de estos espacios. A través de convenios con empresas, algunas mujeres han logrado colocarse en empleos formales tras su capacitación.
No obstante, la propia directora reconoce que el reto no es sólo institucional, sino cultural: “es decisión que la gente quiera”, dijo sobre la baja participación femenina en ciertos sectores .
En términos de alcance, el ICAT proyecta capacitar alrededor de 50 mil personas este año, una cifra que mantiene la tendencia de crecimiento respecto a ejercicios anteriores. El esquema combina cursos con cuotas de recuperación accesibles y programas gratuitos o becados, lo que amplía su cobertura entre sectores con menor capacidad económica.
Más allá de los números, el modelo también refleja una tensión de fondo: la capacitación como respuesta a un mercado laboral segmentado. Por un lado, industrias que demandan habilidades técnicas especializadas; por otro, una población que encuentra en los oficios una vía más inmediata de ingreso. En ese cruce, el ICAT opera como puente, aunque no necesariamente resuelve la precariedad estructural del empleo.
Con una oferta de más de 32 campos de formación, desde oficios tradicionales hasta capacitación para operadores de quinta rueda, el instituto apuesta por diversificar oportunidades.
Sin embargo, el reto de fondo persiste: que la capacitación no sólo genere ingresos de corto plazo, sino que permita trayectorias laborales más estables en un entorno económico cada vez más exigente.





