El voto de asfalto para 2027

Adriana Ochoa

La mitad de los votos del estado de San Luis Potosí en 2027 se decide en menos del 10% del territorio estatal. Es un monstruo electoral de seis cabezas -la capital potosina, Soledad, el recién nacido Villa de Pozos, Villa de Reyes, Mexquitic y Santa María del Río- que aglutina a casi 1.1 millones de almas.

El Partido Verde Ecologista de México, el partido del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, parece tenerlo claro. No por nada Gallardo promovió la municipalización de Villa de Pozos, antes la zona más rápido crecimiento poblacional de la capital potosina. Sin embargo, al observar el tablero de los partidos tradicionales, la alianza PAN-PRI que gobierna el municipio de San Luis Potosí y de la propia Morena, lo que se percibe no es estrategia, sino una modorra que puede acabar en suicidio político.

Con más hambre política o mejor brújula, el Verde acaparó alcaldes de signo opuesto y los sumó a su proyecto, por las buenas o por las malas. Le apuesta al control territorial palmo a palmo. Esa verdad aritmética puede asfixiar las ilusiones de los cuartos de guerra para el 2027, en especial quienes no entiendan el mapa de la zona metropolitana de San Luis Potosí, a la suma unos 5 mil 485 kilómetros cuadrados de territorio con votantes concentrados en zonas de asfalto y plantas industriales. La superficie estatal abarca más de 61 mil kilómetros cuadrados.

Resulta desconcertante el desdén con el que Morena y la coalición opositora (PAN-PRI) están tratando la joya de la corona: en la Capital, el bastión que el priista Enrique Galindo logró retener para la oposición en 2024, aupado en alianza con el PAN. Hoy no hay prospectos que puedan considerarse competitivos. El panista Rubén Guajardo Barrera hace trabajo territorial con la disciplina que en esa tarea le ha permitido mantener una diputación, pero la directiva de su partido no ha sido para acompañar este esfuerzo.  

El PAN y lo que queda del PRI parecen instalados en la autocomplacencia de su última victoria, sin entender que el mapa cambió con la municipalización de Villa de Pozos y el crecimiento desbordado de la periferia. Si Galindo retuvo la alcaldía de San Luis Potosí, pese a enfrentar en esa segunda parte a Verde y Morena juntos, fue por un desempeño que el votante valoró. Para la próxima ocasión, PRI y PAN ya no tienen un perfil ni una circunstancia similares.

Ahora Morena, aliado del Verde en la pasada elección municipal capitalina, parece estar jugando a la aventura escolar de cultivar frijolitos en un frasco a ver si crecen: los nombres que baraja -Gabino Morales, Cuauthli Badillo o Emilio Rosas- resuenan en los pasillos del Congreso, en los cafés de contertulios morenistas o en las oficinas burocráticas, pero son fantasmas en el “humor social” de la calle y de las redes.

Morena es una marca fuerte, pero todavía no lo bastante para ganar la alcaldía de San Luis Potosí con perfiles desconectados del complejo votante capitalino. En la conversación pública, los compañeros morenistas que doña Rita Ozalia Rodríguez menciona como “cartas” para la presidencia municipal potosina no dan todavía para debates, pasiones o, peor aún, alguna narrativa.

La mención más relevante sobre Emilio Rosas, por ejemplo, no es sobre su visión de ciudad, sino sobre el rancio aroma de las herencias políticas de su padre, Salomón Rosas, un expriista converso al morenismo y destacado exaspirante a gobernador por el tricolor.  

En un electorado urbano, hiperconectado y cambiante como el potosino, la irrelevancia es una sentencia de muerte. Morena parece olvidar que en 2021 el corazón capitalino les dijo que “no” y para 2027, enviar a perfiles sin “punch” social es regalar la plaza.

Mientras Morena bosteza y la oposición se confía, la maquinaria del Partido Verde (PVEM) opera con la precisión de un capataz de la vieja escuela—. Ellos sí entendieron la ecuación: la gubernatura de 2027 es viable construyendo cimientos en las alcaldías hoy.

A diferencia de sus rivales, el gallardismo no busca intelectuales de café, sino operadores que controlen el territorio. Su dominio en Soledad de Graciano Sánchez es absoluto, y su avance en la periferia metropolitana busca cercar a la capital. El Verde entiende que unos 90 mil o 100 mil electores de Villa de Pozos y los votos de Villa de Reyes no son solo estadísticas, son el soporte vital para quien aspire a suceder al actual mandatario. Mientras los demás discuten ideologías que poco le dicen a la gente o cuotas de partido, el Verde aceita una maquinaria municipal pensada para el acarreo de voluntades y la movilización masiva.

El peso de la zona metropolitana (45-50% del padrón) significa que cualquier error en la selección de candidatos a alcaldes en 2027 tendrá un “efecto dominó” desastroso para las candidaturas a gobernador.

Si Morena insiste en postular nombres por compromiso, linaje o pataleta trasnochada de un estridente compañero de partido, y no por competitividad real, terminará por entregarle el estado a la estructura del Tucán en bandeja de plata.

El electorado de San Luis Potosí ha demostrado ser sofisticado: sabe castigar y sabe dividir su voto. En 2024, la capital votó por la oposición mientras la periferia se teñía de verde y guinda. Esa volatilidad debería ser una señal de alerta.

Sin embargo, a día de hoy, la ausencia de “ruido”, de perfiles con arraigo y de propuestas que emocionen a la clase media y a los sectores populares de la ciudad, sugiere que los partidos están más preocupados por sus cuotas internas que por el destino del estado.

En política, el que no suena, no existe; y en San Luis Potosí, el silencio de Morena y la oposición empieza a ser ensordecedor. Si no despiertan, el 2027 será, simplemente, un trámite para quienes sí supieron leer el mapa.

DE TODOS

MOROSOS INFLUYENTES. Que cuatro de los diez mayores deudores de organismo operador de agua potable sean dependencias e instalaciones del Gobierno del Estado (parque Tangamanga, la cárcel, el Inpode y el Centro de Alto Rendimiento) deja clara la pobreza de criterio gubernamental respecto de sus responsabilidades. Hay además cinco industrias cuyo nombre no se revela por filigranas “de confidencialidad” que parecen pesar más que el sentido de igualdad en obligaciones como usuarios del servicio: sí, deberían revelar sus nombres. Y de remate, el IMSS con el Hospital 50.

COBRAR CON PÉTALOS. Según revela una solicitud de transparencia de María Ruiz, el Interapas reporta que sus acciones contra esos grandes morosos se limite a “emisión de recibos, gestión telefónica y reuniones para invitación a regularización”, o sea, nada que presione en verdad y que obligue a pagar lo que consumen. Deberían cortarles el agua a ver si por lo menos valoran más.

Y VA PARA PEOR. Y si el Tangamanga acumuló la mayor deuda (más de 45 millones de pesos) sin el centro acuático en funcionamiento, va a ser peor con el nuevo “Dinoasis”. Es más, no puede ni transparentar la conexión. Se  atienen a la prepotencia y para eso no hay otro modo que hacer cumplir la norma.

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