Por Victoriano Martínez
Si la contaminación del aire fuera el lobo se la pasaría retorciéndose de risa en el piso ante las ocurrencias declarativas y fantasiosas del alcalde Enrique Galindo Ceballos en su papel de un Pedro que, a diferencia del personaje del cuento, no espanta con el lobo, sino que trata de convencer de que ya lo tiene bajo control.
El 20 de septiembre de 2023, Galindo Ceballos aseguró que un sistema de medición de la calidad del aire y una red wifi integrados en los nuevos semáforos para la ciudad, se encontraba en proceso de calibración para la instalación de una supercomputadora, tres estaciones de medición de calidad del aire y la fibra óptica.
“También se van a instalar tres grandes pantallas de comunicación con la ciudadanía, en donde se expondrá la medición del aire, clima, si hay accidentes.
“Es un mecanismo de comunicación con la ciudadanía y está en proceso de instalación con una computadora que es la que conecta todo el circuito y luego a una gran central que le estaremos inaugurando entre el 22 y 23 de este mes actual; será todo el cerebro de los semáforos”, dijo entonces.
¿Alguien ha visto esas grandes pantallas que advierten sobre la calidad del aire y de accidentes? Hasta ahora, que se sepa, el único indicador de un accidente son los grandes embotellamientos, especialmente sobre la avenida Salvador Nava Martínez.
Pasaron 143 días, el 10 de febrero de 2024, y aquel sistema de monitoreo con grandes pantallas incluidas se convirtió en un “sistema muy sofisticado” de tres estaciones de monitoreo que dijo serían instaladas en los semáforos, pero también que serían itinerantes.
“Ya están aquí las estaciones, sólo las estamos calibrando con los técnicos, los especialistas, que cumplan con la norma y todos los lineamientos para no equivocarnos y tampoco generar una mala información. Se trata de un sistema muy sofisticado y que estará yo creo que quizás en un mes”, dijo Galindo Ceballos.
Seis meses después, el 26 de agosto de 2024, Galindo Ceballos volvió a hablar de los semáforos inteligentes que además funcionan como monitores de la calidad del aire con dispositivos instalados que aseguró que funcionaban correctamente.
“La empresa encargada de la instalación ha estado trabajando en la recolección de datos, y aunque los resultados aún no son definitivos, estamos optimistas sobre lo que estos medidores aportarán a nuestra ciudad”, aseguró.
Para el 10 de julio del año pasado, Jaime Mendieta, director de Ecología Municipal, expuso una presunta realidad muy diferente: los sensores, cuando se colocan de manera itinerante en distintas zonas, pierden precisión y eficacia.
“En alguna otra ocasión tuvimos monitores móviles, pero al moverlos de un lado a otro se perdió la eficiencia y calidad de los datos que generaban”, explicó. Y optaron por instalarlos todos (sin mencionar cuántos) en la Unidad Administrativa Municipal, sin dar a conocer los resultados que arrojan.
Y reveló un dato que da luz sobre lo fantasioso del “sistema muy sofisticado” del que habló Galindo Ceballos: los sensores adquiridos fueron modelos de bajo costo —unos 12 mil pesos— cuando un monitoreo oficial y normado requiere equipos de alta tecnología que cuestan aproximadamente seis millones de pesos.
Para el 5 de septiembre del año pasado, Galindo Ceballos reconoció la mala calidad del aire y la deficiencia en su monitoreo, Dijo que solo cuentan con entre seis y siete sensores para medir los niveles de contaminación en la capital, cuando se requieren al menos 50.
“Ecología detectó que no es suficiente. Ya se están adquiriendo equipos y un sistema completo de monitoreo del aire que tendrá que instalarse próximamente”, informó.
Entre que se adquieren o no, oficialmente vía transparencia el Ayuntamiento niega la compra para luego ser Galindo Ceballos quien diga que sí se compraron.
Han pasado casi siete meses y Galindo Ceballos, tras el incendio del pasado 8 de abril en la zona industrial, reconoce una vez más que el sistema de medición es limitado (los sensores se concentraron en la Unidad Administrativa Municipal) y requiere fortalecerse, especialmente en la Zona Industrial.
“Hoy como nunca estamos cerca de la Universidad [Autónoma de San Luis Potosí] para que nos asesore cuál sería lo más adecuado. Nosotros ya tenemos siete sensores, no son del todo suficientes, hay que tener más y unos específicos en la Zona Industrial”, dijo.
No obstante, aunque fijó la cantidad de sensores con los que cuenta en siete, que realmente los tengan no es posible confirmarlo porque no aparecen en el inventario del Ayuntamiento publicado en la Plataforma Estatal de Transparencia, en el que aparecen enlistados 48 mil 602 bienes inmuebles.
La historia del monitoreo del aire, a pesar de que Galindo Ceballos la inscribe en una postura que definió como que “la salud de nuestra población y el bienestar del medio ambiente son prioridades en nuestra administración”, es de ocurrencias declarativas y fantasiosas que, a propósito de su nuevo lema propagandístico, queda muy lejos de ser garantía de bienestar y más bien personifica una garantía de incertidumbre sobre el aire que respiramos.



