Estela Ambriz Delgado
Aunque el director de la Comisión Estatal de Agua (CEA), Pascual Martínez Hernández, afirmó que la Sierra de San Miguelito no es zona de recarga del acuífero, expertos del Consejo Hídrico Estatal (CHE) reiteran la importancia de esta para la sostenibilidad hídrica del territorio y la necesidad de protegerla del acecho inmobiliario.
Durante la participación del funcionario en la declaratoria del 25 de abril como el Día de las Aguas Subterráneas en el Congreso del Estado, expresó que la zona metropolitana es una superficie de descarga de los acuíferos, y que la Sierra de San Miguelito no es área de recarga, por lo que la CEA se ha enfocado desde hace un año en el tema del ahorro.
“(…) porque la zona de recarga ni siquiera es la zona de San Miguelito, son zonas en los estados donde realmente llueve, se infiltra y llega aquí. Realmente lo que llueve aquí en San Luis Potosí no cubre nuestras necesidades básicas, y estoy diciendo las necesidades básicas para poder dotar a la población, por tanto, nosotros nos vamos a ser doblemente responsables de poder cuidar el agua”.
Aseguró que por tal motivo cristalizan cada gota de agua y la llevan a la acción palpable con propuestas en las escuelas, los hogares, y los nuevos fraccionamientos, por lo que las nuevas viviendas inclusive ya están construidas para poder reciclar el agua, e incluso se tiene la propuesta de ahorrar hasta el 40 por ciento del líquido, aunque no dio detalles sobre ello.
Respecto a estas afirmaciones del funcionario, el presidente del Consejo Hídrico Estatal, Jonathan Abraham Quintero García, señaló que la discusión sobre el agua en el estado requiere ir más allá de explicaciones simples y de soluciones parciales.
Afirmó que es cierto que existe un problema real de escasez y que el agua subterránea es fundamental para el abastecimiento de la ciudad, además de que es positivo que se promueva el ahorro y una cultura de uso responsable. Sin embargo, limitar el problema a que “cada gota cuenta” o a que el agua proviene de otros lugares, reduce una realidad mucho más compleja que necesita ser entendida en toda su dimensión.
Indicó que, desde el punto de vista científico, el sistema hídrico no funciona de manera aislada ni lineal, pues el agua que abastece al Valle de San Luis Potosí depende en gran medida de procesos locales y regionales de recarga.
En este sentido, reafirmó que la Sierra de San Miguelito es una pieza clave, ya que actúa como una de las principales zonas donde el agua de lluvia puede infiltrarse al subsuelo, por lo que minimizar o desconocer este papel no sólo es impreciso, sino que invisibiliza uno de los factores más importantes para la sostenibilidad hídrica del territorio.
El también investigador apuntó a que, el problema es que estas zonas de recarga no han sido plenamente protegidas, pues durante años han estado bajo presión por intereses vinculados al sector inmobiliario, que en distintos momentos han encontrado el respaldo o la permisividad en decisiones institucionales.
Esto explica por qué la sierra y sus zonas aledañas han sido urbanizadas y porque este proceso continúa. No se trata de una dinámica inevitable, sino del resultado de un modelo de desarrollo urbano que ha privilegiado la expansión sobre la conservación de áreas estratégicas para el agua.
Refirió que desde 1993 la Sierra de San Miguelito fue reconocida como una de las principales áreas de recarga, lo que quedó establecido en el Plan de Ordenamiento Urbano y Territorial (POUT), durante el mandato de Carlos Jongitud Barrios.
Sin embargo, estas grandes extensiones desaparecieron gradualmente con nuevos planes que reemplazaron al POUT, los cuales tenían como principal función cambiar los usos de suelo en la Sierra para poder urbanizar, debido a la influencia de los sectores inmobiliarios en su elaboración. Este proceso fue frenado con la declaratoria de Área de Protección de Flora y Fauna (APFF).
Por su parte, el secretario del CHE, Edgar Hilario Piña Hernández, indicó que se ha detectado que hay recarga del acuífero de San Luis Potosí en otros estados, pero el más cercano que se tiene, y por tanto se debiera de cuidar, es la Sierra de San Miguelito.
Esto no únicamente por la falta de recarga que generan las nuevas construcciones en esa zona, sino también por los problemas de inundaciones, pues actualmente con cualquier lluvia se colapsan alcantarillas y se anegan múltiples calles, a consecuencia de ello.
Subrayó que el tema de la Sierra no es únicamente la recarga del acuífero, sino el daño patrimonial que sufren muchas familias en colonias populares de la zona metropolitana debido al escurrimiento torrencial que ocurre cuando llueve, derivado de la impermeabilización al pie de la sierra.
Quintero García coincidió con el secretario en que las consecuencias del proceso de urbanización son evidentes, y en muchos casos, contradictorias. A medida que se urbanizan las zonas de recarga, disminuye la capacidad del territorio para infiltrar agua al acuífero, lo que agrava la escasez, pero al mismo tiempo, aumenta la escorrentía superficial y se generan más inundaciones.
Puntualizó que así se presenta una paradoja cada vez más clara: hay menos agua disponible en el subsuelo, pero más agua acumulándose en las calles. Zonas que antes no se inundaban ahora lo hacen, y aquellas que ya eran vulnerables enfrentan eventos más intensos y frecuentes.
Piña Hernández destacó que es preocupante que el funcionario desestime esta área de recarga del acuífero, porque hay un consenso general de los investigadores en el estado sobre la importancia de la sierra en ese sentido, lo que inclusive fue un tema tratado en la reunión que en días pasados tuvieron en el Instituto Potosino de Investigación, Ciencia, y Tecnología (IPICYT) sobre la problemática de la presa San José y las comunidades aledañas.
Por esto consideró que es necesario que el funcionario estatal dé a conocer las fuentes en que se basa para sus afirmaciones y que contradicen la opinión de los expertos en el estado.
Además de que detalle las acciones respecto al ahorro y tratamiento del agua en nuevos fraccionamientos y construcciones, así como dar ejemplos claros, porque en lo que respecta al reglamento de construcciones, no ha habido ninguna modificación significativa que obligue a los nuevos fraccionamientos a utilizar soluciones basadas en la naturaleza (SbN), la captación de agua de lluvia, o sistemas de infiltración de manera obligatoria.
Un enfoque multifactorial, multisectorial y multidisciplinario
El presidente del CHE puntualizó que centrar el discurso únicamente en el ahorro doméstico resulta insuficiente, pues si bien es importante fomentar buenas prácticas en los hogares, el problema del agua no depende solo del comportamiento individual.
“Existen otros factores determinantes, como el consumo intensivo por parte de ciertos sectores, la falta de regulación efectiva, la planeación urbana deficiente y la ausencia de una gestión integral del recurso. Hablar de ‘responsabilidad compartida’ sin reconocer estas diferencias puede llevar a trasladar la carga del problema a la ciudadanía, dejando de lado responsabilidades estructurales”.
Por esto consideró que es fundamental estudiar y abordar el tema del agua desde un enfoque multifactorial, multisectorial y multidisciplinario. Esto implica integrar conocimientos de la ingeniería, las ciencias ambientales, la geografía, la sociología, la economía y el urbanismo, así como incorporar la participación de distintos actores: academia, instituciones, sociedad civil y comunidades.
Afirmó que solo así es posible comprender la complejidad del sistema hídrico y diseñar soluciones que no sean superficiales ni de corto plazo, pues la problemática no es sólo una cuestión de disponibilidad, sino de cómo se ha desarrollado la ciudad, los intereses que han guiado ese desarrollo, y las decisiones que se toman sobre el territorio.
“Atenderlo de manera seria implica proteger las zonas de recarga como la Sierra de San Miguelito, ordenar el crecimiento urbano, regular los usos intensivos del agua y garantizar un acceso justo para toda la población. Sin una visión integral basada en conocimiento científico y en principios de sostenibilidad y justicia socioambiental, cualquier solución seguirá siendo parcial y, en el largo plazo, insuficiente”.





