Es momento de que la política escuche a los pueblos en el tema de fracking: OIM

Estela Ambriz Delgado

El activista Juan Felipe Cisneros Sánchez, del Observatorio Indígena Mesoamericano (OIM), manifestó que es momento de que la política escuche a la lógica del territorio y a la voz de sus pueblos, pues no se puede diseñar el futuro del país sobre las ruinas de sus comunidades.

Lo anterior respecto a las diversas manifestaciones en contra del fracking que se llevan a cabo a nivel nacional este viernes, y continuarán el domingo 7 en la zona Huasteca, así como anteriores que se han realizado. El integrante del OIM consideró que empujar este tipo de proyectos contra la voluntad de la población, enciende la mecha de un caos social innecesario.

En este sentido apuntó a que ningún concepto de soberanía energética nacional por legítimo que pretenda ser, puede colocarse por encima de la existencia humana ni comprometer el porvenir de una nación que necesita de la Huasteca viva como el pulmón y el paraíso que es. Además de que, diseñar el futuro del país sobre las ruinas de sus comunidades no es soberanía, sino un despropósito ético.

Asimismo, señaló que las regiones Huasteca de San Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo, Tamaulipas, Puebla y Querétaro, son el epicentro de una contradicción histórica, pues se le pretende tratar como un distrito petrolero o una zona de sacrificio energético, cuando la lógica más elemental, la ciencia y la razón humana advierten que tocar su subsuelo con técnicas como el fracking o la explotación intensiva de hidrocarburos sería un acto de destrucción irreversible.

Al respecto, Cisneros Sánchez advirtió que la Huasteca es un territorio con una geología de cárstico, que se cimenta sobre una red interconectada de acuíferos, cavernas y ríos subterráneos, por lo que inyectar millones de litros de agua mezclada con sustancias tóxicas en un suelo tan poroso, equivaldría a derramar veneno directamente en las venas abiertas de la región.

“La lógica es contundente, en la Huasteca no hay aislamiento posible, lo que se entierre o se fracture en el subsuelo brotará inevitablemente en los manantiales, en los pozos comunitarios y en las parcelas de las que dependen más de cinco millones de vidas”.

Asimismo, dijo que para los pueblos que la habitan, donde cerca del 60 por ciento se autoadscribe como indígena, no es un debate económico, es una amenaza existencial, pues sin agua limpia y sin suelo fértil se disuelve la milpa, se extingue el huerto tradicional y se fuerza el destierro de culturas milenarias enteras.

Reiteró que destruir un santuario biocultural por un beneficio energético efímero no es progreso, es un error histórico que las próximas generaciones pagarán con sed, hambre y muerte, y es por ello que hoy las comunidades indígenas de la Huasteca salen a manifestarse en las carreteras, pueblos y ciudades, principalmente en las regiones potosina, veracruzana y poblana.

Sin embargo, afirmó que no marchan solos, pues les siguen miles de conciencias que se solidarizan por la vida, y a gritos exigen que la presidenta de la República, por la que votaron con la esperanza de prohibir el fracking en la ley, y en quien han confiado bajo la promesa de no ser traicionados, mantenga firme su compromiso de no dar paso a la fracturación hidráulica ni a la minería a cielo abierto.

“Es momento de que la política escuche a la lógica del territorio y a la voz de sus pueblos. La Huasteca debe seguir siendo indígena, autónoma, verde, azul, un patrimonio de diversidad y un monumento a la vida”, expresó.

Además de que los pueblos indígenas de la Huasteca, madre de las culturas del Golfo, le exigen además que no se deje presionar por Estados Unidos, porque estos pueblos históricamente han enfrentado las intervenciones cuerpo a cuerpo.