María Ruiz
La derrota de un equipo no debería traducirse en insultos, golpes a objetos, amenazas o agresiones dentro de casa. Sin embargo, durante la pasada fiesta mundialista, la efervescencia alrededor de los partidos estuvo acompañada por situaciones de violencia en los hogares, particularmente contra mujeres, de acuerdo con la Instancia de las Mujeres del Ayuntamiento de San Luis Potosí.
Martha Orta Rodríguez, directora de la dependencia, informó que durante el periodo de actividades del FanFest se recibieron tres solicitudes de apoyo relacionadas con hechos de violencia posteriores a los encuentros deportivos. Aclaró que esta cifra no representa necesariamente la totalidad de los casos ocurridos, sino únicamente aquellos de los que la instancia tuvo conocimiento.
Los casos ocurrieron principalmente después de partidos en los que los resultados no favorecieron a los equipos de los agresores. La situación pone nuevamente sobre la mesa una expresión de violencia que puede permanecer oculta en los espacios privados y que, bajo la idea de que se trata únicamente de enojo, frustración o pasión deportiva, llega a ser minimizada incluso por las propias víctimas.
Orta Rodríguez llamó a dejar de normalizar aquellas conductas que suelen presentarse como “menores” antes de convertirse en agresiones de mayor gravedad. Insultos, amenazas, romper objetos o golpear puertas y ventanas también forman parte de una dinámica violenta y pueden ser señales de una escalada.
Desde una perspectiva de género, la funcionaria consideró necesario cuestionar los patrones de masculinidad que permiten que algunos hombres conviertan el enojo, la frustración o la celebración en una licencia para agredir. El problema, dijo, no está en el fútbol ni en la emoción que genera un partido, sino en utilizar cualquier circunstancia como justificación para ejercer violencia.
“Es muy necesario desligarse de esos ejercicios de violencia que se justifican cuando hay partidos de fútbol”, sostuvo.
La directora indicó que este tipo de conductas también pueden reproducirse en espacios donde se realizan torneos y actividades deportivas, particularmente cuando algunos hombres carecen de herramientas para gestionar sus emociones y terminan descargándolas sobre mujeres u otras personas de su entorno.
Por ello, planteó que la transformación debe involucrar también a los varones y comenzar por cuestionar formas de relacionarse que han normalizado la agresividad como una manera válida de expresar enojo, frustración o alegría.
“Creo que lo más importante es poder decirles a todas las compañeras, mujeres, niños y adolescentes que si hay una situación donde porque perdió su equipo rompen un vaso, rompen la ventana o agreden con palabras (…) este es un momento en el que pueden pedir apoyo porque la violencia puede escalar”, expresó.
Orta Rodríguez subrayó que la violencia en los hogares tampoco afecta exclusivamente a las mujeres, pues niñas, niños, adolescentes, personas adultas mayores y hombres pueden encontrarse en situaciones de vulnerabilidad. No obstante, insistió en la necesidad de que los varones participen activamente en la reconstrucción de las formas de convivencia y comunicación.
“Entender que hay otras formas de comunicarnos y que la violencia nunca va a ser un camino para el sano desarrollo y la convivencia, no solo de la familia sino de la sociedad”, afirmó.
En ese sentido, consideró que la reflexión debe ir más allá de los días de partido: perder, ganar, celebrar, estar molesto o atravesar una situación personal difícil no convierte la violencia en una respuesta válida.
“Ninguna situación, sea por festividad o porque perdió, porque tengo un duelo o lo que sea, es pretexto para que podamos agredir a alguna otra persona”, puntualizó.





