Desiree Madrid
Los suicidios en San Luis Potosí aumentaron 66.5 por ciento entre 2015 y 2025, pasando de 164 a 273 casos, según cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En el mismo período, la tasa estandarizada subió de 6.03 a 9.67 suicidios por cada 100 mil habitantes, un cambio que prácticamente duplicó la proporción de muertes autoinfligidas en relación con la población estatal.
Este incremento sitúa a San Luis Potosí entre las entidades con mayor prevalencia de suicidios en el país, en un contexto nacional donde la mortalidad por esta causa ha mostrado tendencias variadas según la región. La magnitud del aumento en una década refleja una crisis de salud mental que ha permeado diferentes sectores de la población, aunque con intensidades distintas según el género.
La evolución anual de los suicidios en San Luis Potosí revela un patrón complejo que no puede describirse simplemente como un aumento sostenido. Desde 2015 hasta 2021, la tendencia fue generalmente ascendente, con fluctuaciones anuales que reflejaban variaciones en la magnitud del problema. A partir de 2021, el estado experimentó un pico crítico: 282 suicidios registrados ese año, con una tasa estandarizada de 9.99 por cada 100 mil habitantes, cifra que prácticamente alcanzó la barrera de diez casos por cada 100 mil. Este año concentró la tasa más alta de toda la serie histórica disponible y marcó un punto de inflexión que, aunque temporal, evidenció la vulnerabilidad extrema de la población frente al riesgo suicida.
Tras el pico de 2021, el estado experimentó un período de relativo descenso durante 2022 y 2023. Este fenómeno sugiere que las dinámicas detrás de los suicidios en San Luis Potosí no operan de manera unidireccional, sino que responden a factores que pueden variar año a año. Sin embargo, la reducción fue limitada: en 2023 se registraron 243 suicidios, una cifra que, aunque inferior a 2021, seguía siendo considerablemente más elevada que los niveles observados en los primeros años de la década. El descenso no fue suficiente para revertir la tendencia general de incremento ni para devolver a la entidad a los niveles de prevalencia que caracterizaban al 2015.
La tranquilidad relativa de 2023 fue breve. Entre 2023 y 2025, los suicidios volvieron a aumentar, pasando de 243 a 273 casos, un incremento de 12.35 por ciento en apenas dos años. Este repunte reciente revierte el patrón de descenso y sugiere que el problema lejos de estabilizarse, mantiene una trayectoria volátil pero generalmente ascendente en la larga duración. El regreso a cifras cercanas a las del pico de 2021 indica que los factores que impulsan el suicidio en la entidad permanecen activos o se han reactivado con intensidad. La ausencia de un descenso sostenido a lo largo de varios años consecutivos sugiere que las intervenciones, si las ha habido, no han logrado consolidar ganancias en la prevención o en la detección temprana de riesgos.
Cuando se desagregan los datos por género, la fotografía del problema adquiere una dimensión crítica adicional. Los suicidios masculinos aumentaron 60.4 por ciento entre 2015 y 2025, pasando de 139 a 223 casos. Este aumento sustancial refleja una vulnerabilidad persistente entre los hombres, grupo que concentra históricamente la mayoría de las muertes por suicidio en prácticamente todas las jurisdicciones del país. Sin embargo, el incremento en los casos masculinos, aunque significativo, no agota la historia que cuentan los datos disponibles. La brecha género revela dinámicas epidemiológicas distintas que merecen atención diferenciada en el diseño de políticas públicas y estrategias de prevención.
Los suicidios femeninos en San Luis Potosí presentan un patrón que exige atención particular y urgente. Entre 2015 y 2025, los casos femeninos se duplicaron: pasaron de 25 a 50 suicidios. Este incremento de 100 por ciento en términos absolutos contrasta nítidamente con el aumento de 60.4 por ciento en los casos masculinos. Aunque los hombres siguen siendo el grupo mayoritario en números absolutos, la velocidad de crecimiento entre las mujeres es considerablemente más acelerada. Una duplicación en una década sugiere que factores específicos (que pueden incluir desde cambios en los patrones de acceso a métodos, hasta transformaciones en las condiciones de vida, vulnerabilidad económica o acceso diferenciado a servicios de salud mental) están impulsando un incremento desproporcionado en esta población.
La desagregación de género también revela que la distribución de suicidios entre hombres y mujeres se ha modificado a lo largo de la década. En 2015, las mujeres representaban aproximadamente 15.2 por ciento de los suicidios totales (25 de 164 casos). En 2025, esa proporción se elevó a 18.3 por ciento (50 de 273 casos). Aunque los hombres siguen siendo mayoría, la participación creciente de las mujeres en el total de suicidios refleja una convergencia relativa entre las tasas de ambos géneros. Este fenómeno no es exclusivo de San Luis Potosí, pero su magnitud en la entidad es particularmente pronunciada. La duplicación de casos femeninos en términos absolutos, combinada con el crecimiento más lento en casos masculinos, sugiere que políticas y programas de prevención deben repensar sus enfoques para responder a las dinámicas específicas que afectan a las mujeres.
A nivel nacional, San Luis Potosí ocupa una posición preocupante dentro del ranking de entidades por tasa de suicidios. Con una tasa de 9.1 por cada 100 mil habitantes en 2025, la entidad se ubica en el sexto lugar nacional, empatada con Durango. Las tasas más elevadas en el país corresponden a Chihuahua (13.8), Yucatán (13.7), Aguascalientes (12.0) y Quintana Roo (11.2) suicidios por cada 100 mil habitantes. La tasa nacional promedio fue de 6.7 suicidios por cada 100 mil habitantes, lo que significa que San Luis Potosí supera el promedio nacional en 44 por ciento.
Dentro de este contexto comparativo, la entidad se posiciona como una de las jurisdicciones con mayor carga de mortalidad por suicidio, comparable a estados que enfrentan crisis de inseguridad u otras situaciones de emergencia social crítica. Este posicionamiento ha permanecido relativamente estable en los últimos años: en 2024, San Luis Potosí también ocupó el sexto lugar, aunque con una tasa estandarizada de 10.7 por cada 100 mil habitantes, sugiriendo que la entidad mantiene una posición consistentemente elevada en el ordenamiento nacional.





