Por Victoriano Martínez
Para descartar la construcción de un acuario con 25 tiburones en el museo Laberinto de las Ciencias y las Artes puede haber innumerables y sólidos argumentos técnicos, económicos, educativos, sociales y hasta legales… pero sobre todo ecológicos.
Para descalificar todas esas razones, por muy justificadas que estén, al gobernador Ricardo Gallardo Cardona le bastan once palabras:
“La maldita herencia que no quiere que despegue San Luis Potosí”.
Así de cínico y descarado es el capricho del mandatario. No es novedad. Culpar a la maldita herencia por cualquier cuestionamiento, puesta en duda u oposición a una obra o determinación del gobernador Gallardo Cardona es señal inequívoca de que se trata de una cuestión caprichosa o, en el menor de los casos, injustificada e irracional.
Con su defensa en once palabras Gallardo Cardona ya elevó el nivel de alerta sobre su intención de ratificar a su gobierno como anti ecologista con un caprichoso acuario con 25 tiburones en el Museo Laberinto.
El riesgo de que lo lleve a cabo es tan grande, por ejemplo, como ocurrió con la innecesaria Arena Potosí o la destructiva restauración del Barrio de San Miguelito.
Ante un capricho así, los argumentos que se plantean en la recolección de firmas a través de change.org no son, lamentablemente, más que una provocación adicional para que el caprichudo se aferre a su antojo.
Y se podrá aferrar de tal manera que es probable que no le importe violar el artículo 60 Bis de la Ley General de Vida Silvestre que prohíbe la exhibición de mamíferos marinos. Esto es lo que dice ese artículo:
Artículo 60 Bis. Ningún ejemplar de mamífero marino puede ser sujeto de aprovechamiento extractivo, con excepción de la captura que tenga por objeto la investigación científica con fines de protección y conservación de dicha especie y población. La investigación debe ser realizada o avalada por una institución académica o de investigación con registro oficial y contar con un protocolo autorizado por la Secretaría.
Queda prohibida la posesión y utilización de mamíferos marinos para cualquier actividad que no sean las permitidas en este artículo, con excepción de aquellos:
I. Cuya finalidad sea su reproducción para la conservación a través de la recuperación, la reintroducción y la repoblación de especies y poblaciones amenazadas o en peligro de extinción, o
II. Que sean rescatados y depositados por las autoridades competentes, y no tengan fines de lucro.
Queda prohibida la reproducción de los ejemplares de mamíferos marinos, salvo lo establecido en la fracción I del párrafo segundo del presente artículo.
Para el caso de los ejemplares de mamíferos marinos destinados a la reintroducción o repoblación, estos no podrán ser objeto de exhibición ni de actividades con fines de lucro.
¿En qué parte cabrá el aprovechamiento de 25 tiburones si sólo se puede hacer para “investigación científica con fines de protección y conservación de dicha especie y población” y, además, si cubriera ese primer requisito no pueden “ser objeto de exhibición”?
Esa disposición fue incorporada a la Ley General de Vida Silvestre el 16 de julio de 2025. ¿Gallardo Cardona culpará a la herencia maldita de una reforma con tanta anticipación para ponerle piedritas a su más reciente ocurrencia caprichosa?
Por cierto, en su defensa afirma que la intención de la herencia maldita es “que no quiere que despegue San Luis Potosí”. Lo dice después de 2 mil 190 días al frente del gobierno estatal y después de haber presumido en su quinto informe más de 80 mil millones de pesos de inversión pública y privada en infraestructura durante el último año.
¿Acaso se trata de un reconocimiento de que, a pesar de tanta inversión con los caprichos incluidos, en los 2 mil 190 días que tiene como gobernador no ha logrado hacer que “despegue San Luis Potosí” y hoy resulta indispensable tener 25 tiburones en cautiverio para que eso sea posible en los 323 días que le quedan a su administración?





