Astrolabio

“¿A qué le saca? …,”

“¿A qué le saca? …,”

Eduardo Delgado

El miércoles, luego de que el lunes interpuso su queja en la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), José Antonio Reyna Espinosa fue requerido por Juan Manuel Reynoso Sandoval, abogado general de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Este viernes, a la hora de la cita fue rechazado, porque acudió acompañado de su representante legal. 

El lunes, también acompañado de su abogado, Tomás Coronado Zárate, Joselo, presentó su queja porque, de un día para otro, sin explicación alguna, fue removido como administrador del Edificio Central de la UASLP. 

Fue suplido en el cargo por Ymir Montiel Méndez, esposo de Laura Nájera, secretaria particular del rector, Manuel Fermín Villar Rubio, quien tiene sus días contados al frente de la Máxima Casa de Estudios.

El miércoles, 48 horas después de presentada su queja, Joselo recibió oficio firmado por Sandoval Reynoso: “Comunico a usted que con fecha de marzo de 2019 se turnó a la atención de esta oficina su escrito de 10 de marzo del año en curso, dirigido al Sr. Rector”. La primera fecha, la cual data de hace más de un año, es tal cual la referida en el oficio OAG/250/20.

“Visto el contenido de su escrito de referencia, por este conducto me permito solicitar su presencia en esta dependencia en la fecha y hora indicadas a continuación, con el objeto de tratar el asunto de su queja. Viernes 20 de marzo 2020. 12:00 p.m.”, fue citado.

El empleado universitario, quien fue enviado a trabajar al archivo del Instituto de Investigaciones Desérticas, le informó a su abogado. Ambos acordaron presentarse este viernes en punto del medio día.

Algo les hizo sospechar que la idea del funcionario no era sólo “amedrentarlo”, pues temieron el despido laboral. Con eso de que fue requerido para “tratar el asunto de su queja”, en cuyo caso cualquiera puede percibir un talante despectivo.

Diez minutos antes del mediodía, Joselo se anunció con la secretaria del abogado general, e informado este de la presencia del emplazado le abrió el mismo la puerta de su oficina, pero al ver que venía acompañado se negó a pasarlos. 

Sandoval Reynoso arguyó que se trataba de un asunto “interno” y que por ende no era indispensable la presencia de su homólogo de profesión. “Nada más entras tú”, le dijo a José Antonio.

“No, no, vengo con mi abogado”, opuso el empleado universitario. “No, no, es que es una cuestión interna y él no puede entrar”, repitió el funcionario de la UASLP en el umbral de su despacho, en la planta alta del Edificio Central.

“¿A qué le saca?”, preguntó Tomás Coronado al protector legal de la Universidad, quien con cierto malestar le cuestionó el término empleado. “Eso no lo maneja un abogado”, le refutó.

Luego de hacerle notar la diferencia de edad entre ambos, el representante legal de José Antonio justificó que se trataba de un término coloquial, de manera que si no tenía nada que ocultar, nada debía temer con su presencia.

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