ROMANOV

Por: Diana López.

 

De Anastasia Rómanov, miembro de la realeza, a Anna Anderson, una obrera.

 

A quienes hayan visto algunas de las versiones cinematográficas (ya sea con actores o en caricatura), sabrán de lo que estoy hablando. Cada una de ellas cuenta una historia diferente, que dista mucho de la realidad y el posible destino de esta princesa.

A los que no, permítanme contarles. Es una historia realmente curiosa, que involucra una princesa cuya identidad se perdió a raíz de la guerra civil en Rusia. Una princesa que aparentemente, resurgió de entre las cenizas. Comencemos…

Masacre Real.

Al estallar en 1917 la revolución y la guerra civil en Rusia, el zar Nicolás II se vio obligado a abdicar el trono y huir con su familia a un refugio donde nadie podría encontrarlos. Pero el zar, su esposa Alejandra y sus hijas Olga, Tatiana, María y Anastasia, así como el pequeño Alexei, quien padecía hemofilia, fueron traicionados por su misma gente; se les apresó y colocó bajo arresto domiciliario en el Palacio de Alejandro, en Tsárskoye Seló y posteriormente en la Casa Ipátiev, en Ekaterimburgo, donde una noche fueron asesinados.

La fatal noche del 17 de julio de 1918, se despertó a toda la familia, y ordenando que se arreglaran para ser llevados a uno de los sótanos de la casa, con la excusa de trasladarlos a un nuevo lugar.

Las duquesas, temerosas de sus bienes más preciados, se colocaron prendas que tenían preparadas para esa ocasión, y que eran especiales por contener cosidas a la tela sus joyas rescatadas. Así pues, la familia bajó junto con la servidumbre, que consistía en un médico, dos criadas y varios sirvientes.

El mismo informe hecho por el líder de la policía secreta bolchevique relata la masacre de que fue objeto la familia imperial. Tras tomarles una fotografía y darles “nuevas instrucciones”, los dejaron solos en el cuarto un momento, para después hacer pasar a un grupo de más de 5 soldados que los acribillaron a sangre fría. Se cuenta que las joyas, adheridas a las ropas de las duquesas, lograron dejarlas con vida aún después de descargar todas las armas, pero órdenes eran órdenes y fueron rematadas a bayonetazos.

Sin duda, fue un hecho cruel y violento que marcó la historia de Rusia. Los cuerpos de la familia fueron enterrados en diferentes sitios, encontrándose unos y faltando otros, lo que dio inicio a esta leyenda, pues se decía años más tarde, que la princesa había sobrevivido a la masacre…

Habita

El rumor de supervivencia.

Mucho se dijo luego de aquella crueldad entre el pueblo de San Petersburgo y los alrededores. Y varias personas alimentaron aquellas palabras. Una hermana del curandero de la familia real, Rasputín, engañó a importantes familias rusas, pidiéndoles dinero para que “un Románov pudiese huir”, creyéndose que había sido la pequeña Anastasia. En casas y trenes se buscó sin éxito el paradero de la duquesa, y como nadie sabía con exactitud dónde había quedado el cadáver de Anastasia y otros miembros de la familia, la curiosidad sobre si estaba viva, siguió creciendo.

El misterio de Anna Anderson.

Los rumores se siguieron expandiendo; hubo testigos que afirmaron haber visto a la zarina y a sus hijas en Perm, luego del asesinato, aunque hoy se sabe que no fueron más que habladurías.

Muchas mujeres se hicieron pasar por Anastasia y su hermana María, siendo la más famosa, Anna Anderson, sobre quien se hizo una película protagonizada por Ingrid Bergman y Yul Brinner (Anastasia, 1956), donde se narra la extraordinaria mentira de un par de estafadores que intentaron recrear la identidad de la princesa.

La leyenda la ayudaron a forjar nobles rusos, amigos cercanos y la misma Anna. ¿Por qué? Quién sabe.

 Anna1

3 personas en una sola.

Anna, con un historial de enfermedades mentales, fue encontrada en Berlín en 1920, amnésica y a punto de lanzarse por un puente. Fue salvada por un soldado ruso-polaco de apellido Tschaikovsky, con quien aparentemente se casó después. La internaron en un hospital psiquíatrico bajo el nombre de “señorita desconocida”.

Dos años después comenzó a hacer declaraciones que atrajeron la atención pública. Aseguraba ser una de las grandes duquesas y dio minuciosos detalles del asesinato de la familia, de su vida mientras estuvo presa en la Casa de Ipátiev, y de los otros miembros Rómanov. Familiares y amigos de los Rómanov no le creyeron e incluso un hermano de la Zarina Alejandra, contrató una investigación privada en 1927 e identificó a Anna como Franziska Schanzkowska, obrera polaca.

¿Cómo conocía esta mujer cosas tan detalladas que sólo alguien que lo vivío de cerca podría saber? Luego de mucho tiempo, se supo que un soldado presente en el asesinato de la familia real estuvo casado con ella, y probablemente le contó a su mujer todo lo que vio.

Así, Anna difundió el rumor de que en verdad era Anastasia. El veredicto final tras un largo juicio en Alemania, fue que nunca pudo establecer razonablemente que era la princesa, aunque para esa fecha, la muerte de Anastasia no podía confirmarse rotundamente.

Vivió y viajó a costa de grandes nobles rusos y de amigos cercanos a la familia,quienes de algún modo querían creer que se trataba en verdad de Anastasia Nikoláyevna. Artistas y demás, pagaron a Anna estancias y viajes a Estados Unidos y Europa. Finalmente, comenzó a usar el apellido Anderson, por el que se le conoce.

El punto final de la ciencia.

En 1994, gracias a unas muestras de un pañuelo de Anna dejado en el hospital, se hicieron las pruebas de ADN, contrastadas con sangre de un pariente lejano de los Románov, y se llegó a la conclusión de las muestras no coincidían. Y al compararse con una lisa de desaparecidos entre 1918 y 1920, se descubrió que era Franziska Schanzowska, natural de Pomerania.

Pero otras pruebas forenses en el mismo año, que siguieron un procedimiento de identificación, compararon la cara y las orejas de Anastasia y Anna, y se dijo que efectivamente, se trataba de la misma persona.

Finalmente, en 2007, con una gran brecha tecnológica, se encontraron dos cuerpos calcinados, dentro del área donde fueron sepultados otros Románov, y gracias a los avances científicos, se determinó que los restos eran de Alexei y de la más joven de las duquesas.

Cuerpos

¿Y Anna?

Siempre fue Franziska. Murió en 1984 y sus cenizas fueron enterradas en el cementerio del castillo de Seeon, en Alemania, donde vivió un buen tiempo con los familiares de la princesa.

Así se enterró para siempre la leyenda de la duquesa Anastasia Románov y el robo de su identidad.

Hasta ahora, no se ha podido determinar por qué Anna decidió seguir con la mentira, o por qué tantos le creyeron.

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